Centros cerebrales de la prudencia y estrés (herramientas 4)

Cómo interaccionan los centros cerebrales de la prudencia, el miedo y el estrés

Prudencia y Estrés. Centros cerebrales de la prudencia y estrés.
La oportunidad de mejora de la extrema prudencia acostumbra a ser disminuir el estrés. Con preocupación negativa, sólo imaginado dificultades, se ponen en marcha el miedo y el estrés.

Al final del artículo anterior, para ir detectando los centros cerebrales implicados junto a la CPF (corteza prefrontal) en los neurocomportamientos de prudencia, preguntaba:

¿Cuál crees que es el propósito inconsciente de los comportamientos de prudencia (prever, planificar, aprender, evitar errores) en el cerebro?

Voy a responderla directamente. El propósito es estar preparado para hacer frente a la incertidumbre de las situaciones futuras. Simplemente.

De este modo, cuando nos encontramos con una situación para la que nos sentimos preparados, la corteza prefrontal manda un mensaje a la amígdala (el más importante de los centros cerebrales del miedo y de las amenazas) diciéndole, más o menos: ‘no hay problema, no es necesario que te actives’. En respuesta, la amígdala se calma y no pone en marcha, a continuación, el sistema del estrés. No hace falta ni atacar, ni huir, ni quedarse quieto, ya que el cerebro no percibe la situación como una amenaza.

Sí. Los centros cerebrales límbicos (más abajo en el cerebro) implicados son los del miedo y los del estrés. La amígdala queda frenada a través de unas células intercaladas que se comunican en las sinapsis con el neurotransmisor GABA. Tiene el mismo efecto que si nos tomáramos un Valium, una benzodiacepina, un tranquilizante.

El resultado de los comportamientos de prudencia es un tipo de placer asociado con la tranquilidad y la relajación.

Hasta aquí todo estupendo. Sin embargo, el futuro es altamente incierto. Al querer controlarlo en gran amplitud es fácil que caigamos en la preocupación. Que empecemos a imaginar el futuro en sus aspectos más negativos. Acostumbro a resumirlo como: ‘imaginando leones donde probablemente, nunca los habrá’. Nos provocamos, sólo mentalmente, un estado de alerta quasi permanente, con el sistema del miedo y el del estrés activados.

Además, como no hay necesidad de salir corriendo (el león no está presente) no sólo se activa la vía rápida del estrés, sino también la lenta (la del cortisol), y el estrés se hace crónico.

Así que, los neurocomportamientos de prudencia, que nos aportan importantes ventajas, cuando los llevamos a un extremo podemos girarlos en nuestra contra.

Este es uno de los diferenciales de NeuroQuotient® ayudar a tomar consciencia de qué, con frecuencia, llevando a un extremo los puntos fuertes (eficacias los llamamos en el modelo) podemos auto-generarnos limitaciones.

Es suficiente con estar preparado para cuando aparezca un león de verdad: sólo para dificultades importantes con una probabilidad ciertamente alta. No convertir pequeños detalles futuribles en una fuente de miedo y de estrés, imaginando continuamente leones.

Con menos estrés podemos ser más atrevidos.

En ocasiones, al preguntar a alguno de mis clientes de coaching como le gustaría sentirse, contesta: ‘seguro’ y, añade, ‘tranquilo’. Esta es la seguridad del que quiere sentirse protegido, libre de amenazas.

Sin embargo, la verdadera seguridad es la relacionada con la auto-confianza. La de la pro-actividad y la valentía. La del atrevimiento. Canalizando la energía, el estrés en positivo, hacia la acción y el logro de resultados, tangibles y valiosos. No desperdiciándola con el estrés crónico (distrés). Ocupándose de lo que vale la pena, no preocupándose de nimiedades.

En el siguiente artículo empezaré, por fin, a abordar una herramienta. Concretamente DISC. Pero para cerrar quiero resumir lo que hemos visto en los dos últimos artículos y que diferencia NeuroQuotient® de otros modelos y herramientas de coaching para el desarrollo del liderazgo personal.

Importante tener en cuenta que el ejemplo Estrés+Prudencia, no es, literalmente, una dimensión de NeuroQuotient®. Pero sí que nos ayuda a entender que:

No estamos ante un modelo polar. Las ‘parejas’ de rasgos no son dicotomías en sí, ya que podemos estar en un lado otro de las mismas al mismo tiempo.

En cada ‘pareja’ tenemos un lado que nos aporta eficacias, mientras el otro nos limita. Las limitaciones nacen de las propias eficacias. Tomando consciencia de ello dejamos de insistir en querer mejorar haciendo más de lo mismo.

Detrás de cada comportamiento-hábito (neurocomportamiento) hay unos centros cerebrales y corrientes más implicadas. Comprendiendo como funcionan podemos plantearnos estrategias más efectivas para el desarrollo.