Asertividad en el cerebro. Sistema de amenazas o del miedo.

En este artículo queremos tratar sobre asertividad desde el punto de vista de la neurociencia. ¿Qué ocurre en el cerebro que dificulte la asertividad? ¿Cómo podemos aprovechar los fundamentos de neurociencia que aprendemos con NeuroQuotient para aumentar la asertividad?

Concepto de asertividad

Empezaremos por definir que entendemos por asertividad. Veamos que dice Wikipedia

‘La asertividad consiste en conocer los propios derechos y defenderlos, respetando a los demás… Como estrategia y estilo de comunicación, la asertividad se sitúa en un punto intermedio entre dos conductas polares: la pasividad, que consiste en permitir que terceros decidan por nosotros, o pasen por alto nuestros derechos; y … la agresividad, que se presenta cuando no somos capaces de ser objetivos y respetar las ideas de los demás’.

Entendemos la asertividad como un punto intermedio entre la agresividad y la pasividad.

Es importante tenerlo en cuenta, ya en algunos lugares y acepciones se define a la persona asertiva como más cercana a actuar con dominancia y/o agresividad. ‘Dada a hacer afirmaciones o demandas audaces; dogmática o agresiva’.

¿Pero, qué sucede en el cerebro cuando la asertividad es baja? Cuando estamos lejos del punto medio entre agresividad y pasividad.

Respuesta del (cerebro) animal a las amenazas a su supervivencia

Para entenderlo más fácilmente empezaremos por ver qué sucede en el cerebro de los animales.

Ante una señal de amenaza en el cerebro animal se pone en marcha la amígdala y el estrés, para luchar, huir o pasar desapercibido.

Ya hemos visto alguna vez que los animales captan señales del entorno con sus sentidos, y su memoria de especie guía su respuesta a estas señales. La respuesta depende del sistema cerebral límbico que la conjunción señal/memoria ponga en marcha.

Uno de estos sistemas cerebrales es el de las amenazas o del miedo. El que responde a las señales que la memoria considera amenazantes para la supervivencia. Recordar que hay tres tipos de tipos de respuestas: lucha, huida o bloqueo.

Sí puede hacer frente a la amenaza, el animal ‘lucha’. Si no, huye. Si la amenaza es muy grande, de tal modo que al huir sólo se haría más evidente ante su predador, entonces se queda quieto, paralizado, bloqueado. Es la respuesta de especie de un conejo ante los faros de un coche. En este caso mal-adaptativa, ya le puede valer para pasar desapercibido frente a un halcón, pero es muy probable que el coche lo atropelle.

Dentro del cerebro, la señal y la memoria (hipocampo) activan la amígdala (el centro límbico de las amenazas o del miedo). La amígdala pone en marcha la noradrenalina en el cerebro y la adrenalina en el cuerpo. Es decir, la vía rápida del estrés, que sirve tanto para luchar como para huir.

¿Y en el cerebro humano, que sucede?

Pues, también tenemos es sistema de amenazas o del miedo. En nuestro caso, pero, no sólo se activa con las señales del entorno. Sino que también lo podemos poner en marcha con el pensamiento, con la imaginación y con los recuerdos; más allá de la memoria de especie.

Con baja asertividad expulsamos el estrés hacia fuera con agresividad o lo retenemos dentro y mostramos pasividad.

Nuestra actuación, nuestra conducta, puede ser agresiva (si conectamos con la respuesta de lucha animal) o pasiva (si conectamos con la huida o con el bloqueo).

Veámoslo. Imaginemos una situación social en la que queremos que se respeten nuestros derechos, nuestras necesidades, con baja asertividad:

Si tenemos tendencia a la respuesta de lucha, con las señales externas -amplificadas por las internas (imaginadas o recordadas inconscientemente)- se pondrá en marcha la amígdala y, continuación, el estrés para ‘luchar’. Pero, cómo es poco habitual que acabemos a ‘bastonazos’, entonces liberamos el estrés con ira y agresividad. Gritando. Y los demás nos perciben como agresivos, prepotentes, arrogantes. Poco asertivos, y perdemos su confianza.

Si somos más propensos a la respuesta de huida. Entonces, con las señales externas e internas, también se pone en marcha la amígdala y, continuación, el estrés. En este caso para ‘huir’. Pero, no es muy normal que salgamos huyendo en una situación social que percibimos como una amenaza (en todo caso la evitamos de entrada o tenemos ganas de que acabe). Así que la energía del estrés queda dentro del cuerpo. Nos sentimos nerviosos, incapaces de pensar y mentalmente bloqueados. No sabemos que decir. Callamos y no defendemos nuestras necesidades. Nos manifestamos con baja asertividad. Con pasividad. Mostramos poca confianza en nosotros mismos.

La herramienta NeuroQuotient nos ayuda a ver de que modo conectamos, normalmente incoscientemente, con este tipo de conductas.

asertividad
Fig 1. ¿Tanto detrás de las conductas pasivas y como de las agresivas está el sistema de amenazas? ¿Son también ambos tipos de conductas una muestra de miedo?
¿Cómo podemos aumentar la asertividad? ¿Cómo podemos alejarnos de la agresividad o de la pasividad?

Repasemos un poco:

  1. En ambos polos, con baja asertividad, está el sistema de las amenazas o del miedo.
  2. En el centro de este sistema está la amígdala cerebral que pone en marcha el estrés.
  3. Con nuestro foco de atención externa y/o interna amplificamos las señales de amenaza (miedo).

¡Se tratará pues, en primer lugar, de procurar no excitar la amígdala innecesariamente!

Además, ya hemos comentado alguna vez que en entre la parte de la amígdala que recibe la señal y la que pone en marcha el estrés, están las neuronas CIT.  Células intercaladas de GABA.

El GABA es el principal neurotransmisor modulador. Estas neuronas las podemos activar con nuestro pensamiento. Con la CPF (corteza prefrontal), resignificando, reencuadrando. Conectando con otras memorias que no impliquen amenazas, sino seguridad (tranquilidad y/o autoconfianza).

  1. Con nuestro foco de atención externa y/o interna podemos disminuir las señales de amenaza (miedo) y aumentar las de auto-confianza (no agresiva).
¡Con nuestro pensamiento podemos calmar o pre-calmar la amígdala!
Otra estrategia para el polo agresivo de la baja asertividad. La empatía.

Hay otra forma de activar las neuronas de GABA y tranquilizar la amígdala: La oxitocina.

Las personas con mayor nivel de oxitocina son más propensas a la confianza y colaboración. Habrás oído hablar de un estudio de Konsfeld en el que demostró que la oxitocina (exógena) favorece la confianza y la cooperación. La razón es que la oxitocina a través de activar las neuronas CIT de GABA calman la amígdala y producen tranquilidad y bienestar.

Pero estamos convencidos que no sólo la oxitocina favorece este tipo de conductas, sino que este tipo de conductas aumentan la oxitocina.

La cooperación, confianza, colaboración, implica poner atención a las necesidades de los demás. Empatizar con ellos.

  1. Con alta tendencia al polo agresivo. El vivir experiencias de confianza y colaboración, aumenta la satisfacción y calman la amígdala.

¡Podemos disminuir la reactividad de la amígdala practicando conductas empáticas y de colaboración!

Finalmente, una vez somos capaces de gestionar el sistema de amenazas o del miedo, y de calmar la amígala, es necesario desarrollar una estrategia de comunicación: Cómo expresar nuestras necesidades con asertividad.

Pero esto va más allá del objetivo en este post.

Sobre ellos encontrarás cursos y libros en la red.

Empatia para desactivar el acoso escolar (Inteligencia Emocional -1)

Las noticias, algunas veces dramáticas, son una fuente de inspiración para poder comentar y entender la conducta humana desde la neurociencia.

El modelo y la herramienta NeuroQuotient de coaching para desarrollo del liderazgo lo hacen posible. En esta ocasión veremos cómo nos ayuda a imaginar actuaciones, alrededor de la inteligencia emocional y la empatía, para mejorar un entorno de acoso escolar. La neurociencia (de verdad) es de gran ayuda en los dos primeros etapas del desarrollo de la inteligencia Emocional (consciencia y gestión de uno mismo).

En este caso vamos a ver un artículo publicado en la web de la cadena ser.

“O soy invisible o no puedo vivir en paz”

Un informe del Defensor del Pueblo Andaluz recoge testimonios espeluznantes de menores que son víctimas de acoso escolar en los colegios andaluces.

http://cadenaser.com/emisora/2017/02/13/radio_sevilla/1486987723_920785.html

Empecemos por las conductas animales básicas ante los estímulos de amenaza o miedo

Para entender que sucede en estos casos de acoso, nos tenemos que remontar a los animales. No creo que nadie dude que los humanos somos una especie animal más. Tal vez algo más evolucionada. Aunque, al leer noticias como esta, pienso que evolucionada tal vez sí, pero a peor.

Repasemos como se conducen los animales ante un estímulo de amenaza o de miedo.

Cuando el animal percibe con sus sentidos una señal de amenaza o de miedo, su memoria de especie le dice cómo actuar para preservar su supervivencia.

Si tiene grabado en su memoria que es fuerte para hacer frente a la amenaza, entonces lucha. Si no puede hacerle frente, ‘huye’.

Pero queda una tercera opción. Veámoslo, con un ejemplo. Cuando un conejo, con su visión periférica, percibe a un halcón, no lo  ataca (sería absurdo) ni huye (se haría mucho más perceptible). Entonces, se queda quieto, bloqueado, inhibido.

Todos hemos visto un conejo o un perro quedarse ‘parado’ ante los faros del coche.

El bloqueo, la inhibición en los humanos. Los niños acosados se quedan indefensos.

Las frases siguientes, extraídas del artículo y pronunciadas por niños acosados. ¿Qué son sino ejemplos de puesta en marcha del sistema del bloqueo?

“no encontraba fuerzas para sonreir pero tampoco para suicidarme y lo único que hacía era encerrarme en la habitación y llorar”.

quería ser “invisible” porque creía que era la única forma de “vivir en paz”.

“odiaba” ir al colegio “porque cada día pensaba que el siguiente me esperaba un infierno y así era”.

En otro post veremos cuál es el proceso interno por el que los niñ@s acosados llegan a una situación extrema. Esperemos que no límite, como podría ser una depresión.

El comprender este proceso nos facilitará imaginar actuaciones para ayudarlos. Dejemos apuntado qué en la mayoría de casos, estos niños, son los que tienen mayor empatia. Mayor capacidad para percibir emociones. También, por esto, quedan más negativamente afectados por las actuaciones agresivas.

El sistema cerebral que mueve a los acosadores también es el de las amenazas o del miedo

Ahora veamos qué pasa con los animales humanos involucionados que provocan estas situaciones.

Volvamos atrás.  Los animales ‘luchan’ para defenderse de las amenazas. Principalmente para defender su territorio, su ámbito de supervivencia. Tener en cuenta, pero, que cuando el león ataca a una gacela o lucha con otro león para hacerse con el dominio de la manada, su motivación no está relacionada con el sistema del miedo o de las amenazas. Estas conductas tienen que ver con el sistema cerebral de recompensa que favorece la supervivencia a través del placer (básicamente, alimentarse y reproducirse).

Entonces, el acosador es un ejemplo de empleo del sistema de la ‘lucha’ para ampliar su territorio a costa de los más débiles. Tal vez, con una motivación (creo que no consciente) de recompensa placentera esperada. Tal vez, para manifestarse como ‘macho’ dominante ante su ‘manada’,   poniendo de manifiesto su propia inmadurez e inseguridad. Su propio miedo.

En los animales, las conductas anteriores son guiadas por la memoria de especie. Pero el humano puede influir, más o menos, en su conducta con su corteza prefrontal, dirigiendo la atención y el pensamiento y regulando sus sistemas más primitivos.

Así pues, podemos esperar un menor desarrollo prefrontal en los acosadores. Y como la corteza prefrontal alberga las capacidades cognitivas más importantes, es lógico pensar que pocas veces (excepto cuando haya una motivación sádica) sean los más inteligentes. En cuanto al coeficiente IQ, naturalmente.

Podemos reeducar el acoso en la escuela desarrollando la inteligencia emocional (EQ), la empatía. Con ella desactivamos el miedo … !del acosador!

¿Qué podemos hacer para facilitar la desactivación de los acosadores?

Desde el principio, quiero pensar en otros caminos distintos del castigo. Lo considero contraproducente. Entonces ya tienen una justificació, algo contra lo que luchar. Tampoco el desarrollar su inteligencia cognitiva (IQ) parece el camino.

Estoy convencido que la vía pasa por trabajar la inteligencia emocional (EQ). Concretamente, desarrollar la empatía. Se trata de que tomen una vívida consciencia de que sus resultados emocionales son infinitamente mejores ayudando a los acosados que con cualquier actuación en contra de ellos. Con tomar ‘vívida conciencia’ me refiero a que lleguen a sentirlo.

No soy educador y no imagino exactamente como llevarlo a la práctica. Tampoco es objeto de este post. Pero estoy convencido que este es el camino. Veamos porque.

La empatia y los comportamientos de colaboración, liberan oxitocina en las neuronas intercaladas de GABA (moduladoras) de amígdala. Así se  calma el sistema de las amenazas o del miedo que impulsa tanto la lucha como a la huida. Llevar al ‘acosador’ a experimentar este ‘placer de tranquilidad’ es mucho más efectivo que castigarles estimulándoles el sistema de ataque.