Endorfinas y estado de ánimo. Placer y dolor.

Escribir sobre las endorfinas y el estado de ánimo, y su relación con placer y dolor, estaba en la agenda de NeuroQuotient desde hace tiempo.

Unas palabras de Marta Ligioiz -ponente en una jornada de AEDIPE Cataluña sobre ‘neurociencia aplicada a la gestión de personas’- me lo recordaron.

Hablando de las endorfinas, dijo algo así: ‘Hay días que nos duele todo y cada vez nos sentimos peor. No somos conscientes de que precisamente nos duele todo porque nuestro estado de ánimo está muy bajo. Animarnos es el camino para encontrarnos físicamente mejor’.

Y es que placer y dolor están íntimamente conectados. Con el estado de ánimo positivo se generan endorfinas que no sólo producen placer, sino que calman el dolor. Todo lo contrario del círculo vicioso negativo: ‘no me encuentro bien, todo me duele, cada vez me desanimo más y siento mayor dolor’.

Pero ¿qué sucede en el cerebro para que endorfinas, estado de ánimo, y placer y dolor estén conectados?

Vamos a explicarlo a partir de un estupendo artículo de Siri Leknes y Irene Tracey (A common neurobiology for pain and pleasure – Nature Reviews Neuroscience). Este artículo fue muy importante en la consolidación del modelo NeuroQuotient para explicar las bases cerebrales de la conducta.

Pues bien, la clave está en el sistema cerebral de recompensa, el que favorece comportamientos que son recompensados con placer. Tratamos sobre es sistema de recompensa en un post anterior sobre el TDA.

El neurotransmisor central del sistema de recompensa es la dopamina que se genera en el ‘area tegmental ventral (ATV) en el mesencéfalo.  Cuando llega una señal sensorial de recompensa al ATV, se libera dopamina en otro centro límbico del cerebro, el núcleo accumbens (NAc).

Es muy importante tener en cuenta que la señal sensorial puede ser vivida, o recordada o imaginada. ¡Nuestro cerebro no las distingue!. De ahí que ‘enfocarse’ en positivo, o no, sea determinante en cuanto a placer y dolor.

También vale la pena recordar que la dopamina no proporciona directamente placer. Solo interviene en la motivación de los comportamientos placenteros. La sensación de placer -la experiencia hedónica- está relacionada con otras moléculas. Con un tipo de neuropéptidos, concretamente con los opioides endógenos, de los que forman parte las endorfinas.

Se llaman opioides porque se unen a los mismos receptores que los derivados del opio, cómo la morfina, la heroína, etc. Son endógenos por que los genera el propio organismo. Y se les clasifica según el tipo de receptores sinápticos por los que tienen mayor afinidad. Las endorfinas son los que tienen mayor afinidad por los receptores  µ (mu).

En las endorfinas está la explicación de la relación entre placer y dolor

Las endorfinas -que se liberan, también, en el NAc-  no sólo aumentan la sensación de placer, también actúan como analgésicos, calmando el dolor.

El estado de ánimo positivo pone en marcha el sistema de recompensa generando endorfinas que aumentan el placer y disminuyen el dolor

Pero, además, la dopamina  y los μ-opioides están relacionados. Se ha comprobado que las endorfinas aumentan con la dopamina fásica (la que se libera de modo específico, ante un estímulo anticipatorio de una recompensa). Las endorfinas, por contra, disminuyen con la dopamina tónica (que se libera de un modo más constante, cómo un ruido de fondo). No toda la dopamina, igual cómo suscede con la serotonina, es igual.

Y todavía más, las endorfinas aumentan la dopamina fásica (inhibiendo las interneuronas GABAérgicas del ATV, *importante, ver al final)  y disminuyen la dopamina tónica. Es decir, dopamina fásica y endorfinas se refuerzan mutuamente. Podemos decir que entramos en un bucle en que positividad y placer se retroalimentan.

estímulo predictor de recompensa (estado de ánimo positivo) -> dopamina fásica (motivación) -> endorfinas (más placer y menor dolor) -> más dopamina fásica -> mejor estado de ánimo

Ahí está, pues, la explicación a la propuesta de Marta Ligioiz. Recordando una vez más que el estímulo predictor de recompensa puede ser interno (imaginado o recordado). Es decir, el estado de ánimo positivo aumenta el placer y disminuye el dolor; mejorando el estado de ánimo.

A la inversa, claro, también vale. O mejor, no vale. El desánimo, genera menos placer y más dolor, y refuerza el estado de anímo negativo.

No olvides que al tomar benzodiazepinas para tranquilizarnos, también afectamos negativamente el estado de ánimo. Las benzodiacepinas frenan el sistema de recompensa.

*Tener en cuenta que el GABA es el principal neurotransmisor modulador.  Al disminuir el GABA se libera más dopamina. No olvidar que las benzodiacepinas que se usan para calmar la ansiedad, disminuir el estrés y como somníferos, actúan como el neurotransmisor GABA en las interneuronas de la amígdala. También actuan en el área tegmental ventral (ATV), frenando la liberación de dopamina fásica, con la consiguiente pérdida de respuesta ante los estímulos predictores de recompensa y afectando el estado de ánimo.