Procrastinación. Neurociencia con NeuroQuotient para entenderla y superarla

En este post explicaremos que sucede en el cerebro con la procrastinación. A partir de ahí plantearemos una estrategia para superarla.

La tendencia de cada persona a procrastinar será mayor o menor. Pocas son, sin embargo, las que pueden afirmar que nunca han procrastinado.

Empecemos por definir que es la procrastinación. Nos vale lo que dice la  Wikipedia:

La procrastinación, …, postergación o posposición es la acción o hábito de retrasar actividades o situaciones que deben atenderse, sustituyéndolas por otras situaciones más irrelevantes o agradables.

A partir de ahí vamos a verlo desde NeuroQuotient.

Empecemos con unos ejemplos para ayudar a situar el problema.

Veamos un par de casos reales con los que nos hemos encontrado.

Ejemplo 1. Decía un cliente…

‘Cuando tengo que preparar un informe con una fecha límite de entrega, siempre espero al último momento. Sé qué el resultado, en cuanto a calidad del informe, sería mucho mejor si me lo tomara con algo más de tiempo. Además, evitaría el desgaste mental, y de estrés, de tenerlo continuamente presente’.

‘Pero, pienso que la espera no es tiempo perdido. Creo que mi mente no-consciente va trabajando. Así, en momento final, cuando me lanzo, las ideas están ya trabajadas’

Y añadía. ‘Aunque, la verdad, creo que necesito el chute de adrenalina para ponerme en marcha en el último momento’.

Ejemplo 2. Me contaba una amiga…

‘Tiendo a dejar las cosas para el último momento. Por ejemplo, cuando tengo que hacer una presentación o una formación. En ocasiones, ha llegado la hora de la verdad sin tener nada preparado’.

‘Pero, tengo la experiencia de que soy capaz de improvisar, y al final las ideas surgen con fluidez. Me crezco con la dificultad. Probablemente necesito esta presión para funcionar con toda mi capacidad’.

‘Sí, me gustaría superarlo. Pero este no es el momento. En otra ocasión, con más tiempo y tranquilidad, ya te pediré soporte’

En los dos casos se trata de personas con gran capacidad. Salen adelante sin problemas, respecto a la percepción de los demás. Por lo menos así lo creen ellas. Nosotros no estamos tan seguros de que así sea; sin procrastinación, muy probable, serían más valoradas.

El pensamiento recurrente en la procrastinación es: ‘Lo haré luego. Ahora no me apetece. No tengo ganas’

Estos ejemplos no servirán de ayuda para entender que sucede en el cerebro. Cómo es la neuro-conducta limitante (que no aporta buenos resultados) en la procrastinación.

Por un lado, siempre hay un proceso mental, un hábito de pensamiento (una creencia) que pretende justificar el aplazamiento. En esta parte está involucrada la corteza prefrontal (el cerebro pensante).

En el caso extremo de, digamos, ‘un super procrastinador’, el diálogo interno auto-justificante sería más o menos:

‘Lo haré luego’. ‘Ahora no tengo suficiente información’. ‘Más adelante, podré concentrarme mejor’, etc.

Para el ‘super procrastinador’ en demasiadas ocasiones el ‘luego’ no llega nunca. Se junta el hábito de la procrastinación en lo importante con la impulsividad en  la acción hacia cosas irrelevantes, buscando la recompensa inmediata. De impulso a impulso, lo importante se olvida.

En los dos ejemplos anteriores, la creencia auto-justificante puede ser, respectivamente:

‘Creo que mi mente va trabajando de modo no consciente’

‘Creo que tengo una gran capacidad de improvisación’

Pero, en todos los casos, el pensamiento subyacente lo podríamos dejar en:

‘Lo haré en otro momento. Ahora no me apetece. No tengo ganas’

No hay motivación.

¿Qué sucede en la parte límbica, emocional, del cerebro?

Motivación. Esta es la palabra clave que nos lleva a centrarnos en la parte más relevante de la neuro-conducta procrastinadora. Aquella parte que tiene lugar en el área límbica, emocional, del cerebro.

Recordemos primero cómo se ponen en acción los animales.

Pues, muy sencillo, por dos caminos y siempre con el objetivo de la supervivencia:

  1.  La vía de aumentar el placer. Con el sistema cerebral de recompensa. Ante señales sensoriales evocadoras de recompensa, de placer. El perro huele un trozo de carne y está motivado a comerlo. El neurotransmisor dopamina es fundamental en el sistema de recompensa.
  2. La vía de minimizar el dolor. Con el sistema de amenazas o del miedo y, a continuación, el del estrés. Para hacer frente o huir de las amenazas. En este sistema de las amenazas es clave la amígdala; y en el del estrés, el neurotransmisor noradrenalina en el cerebro y la neurohormona adrenalina en el cuerpo.

La motivación antecede a la acción, aunque el proceso es muy rápido y no somos concientes de ello

En el caso de los humanos, la principal diferencia es que estos sistemas los ponemos en marcha no sólo con la percepción sensorial directa. También con lo que imaginamos, y como dirigimos nuestra atención, con la corteza prefrontal.

En conjunto el proceso más eficiente en los humanos para pasar a la acción es:

  1. Motivación positiva, de acercamiento. Dopamina. Ganas de hacer. Algo cómo un  ‘esto me atrae’ no-conciente.
  2. Acción. Podríamos decir, ‘Luchado, de modo sano’. Con orientación a resultados no inmediatos. Invirtiendo energía de modo eficiente en la acción. Sin miedo ni estrés.

En algunos casos, en la procrastinación, no hay ni ganas (motivación de acercamiento) ni energía (para la acción). No es raro que, en ocasiones, pueda estar asociada a la depresión.

Pero, volvamos a los dos ejemplos anteriores. Es obvio que en ambos casos no aparece la motivación de acercamiento. Pasan a la acción, directamente, en el último momento. Como si hicieran frente a una amenaza. Con miedo, no con placer. Luchado o huyendo. En general, con la amenaza de que ‘no hay más remedio’, porqué no es posible esperar más.

En cuanto a la dopamina motivadora del sistema de recompensa, no sólo no la potencian con su enfoque de pensamiento en la CPF. Al contrario, con sus creencias auto-justificantes la están boicoteando.

Un nuevo neuro-comportamiento para superar el problema

Y así llegamos a la solución del problema. Con lo visto es bastante sencillo, por lo menos conceptualmente:

  1. Identifica aquellas situaciones en que tienes tendencia a procrastinar.
  2. ¿Alguno de los casos implica una limitación importante para ti? Es necesario, como siempre, tomar consciencia de que vale la pena solucionarlo. Pasar del tengo que solucionarlo (en algún momento, que es difícil que llegue) a quiero solucionarlo (ya).
  3. Reserva en la agenda un tiempo concreto (fecha y hora) para realizar aquello en que tienes tendencia a procrastinar. No sirve anotar solo la fecha de entrega.
  4. Identifica el hábito de pensamiento limitador. Tu ‘jerga’ autojustificadora. Así sabrás cuando estás en riesgo.
  5. Cambia a otro hábito de pensamiento, para sustituir al  limitante. Por ejemplo: Cuando he decidido hacer algo, en lugar de conectar con ‘ya lo haré luego’, pasar a ‘vale la pena que lo haga ahora’ o ‘lo paso bien haciéndolo’, para no darte la opción de auto-boicot.
  6. Ten a punto una fuente interna de dopamina. Seguro que en tú memoria hay experiencias que realizas con muchas ganas. Pues, en ellas está la dopamina. Basta con que te entrenes en poner la atención en una de ellas, así podrás acceder a tu dosis de dopamina cuándo la necesites.
  7. Una recomendación añadida. Si tienes una alta tendencia a procrastinar es probable que, también, con frecuencia pases a la acción de modo impulsivo, sin pensar demasiado. Aprovéchate de ello. Haz una cuenta atrás de 3 a 0, y !Lánzate! !No le des vueltas!

Así pues, ante las situaciones con tendencia a procrastinar, basta enfocar el pensamiento en la nueva creencia (o evitar la anterior), y poner la atención en la memoria aportadora de dopamina.

Diseñar y practicar una nueva neuro-conducta que aporte mejores resultados, mayor satisfacción

En fin, se trata de diseñar un nueva neuro-conducta. Y, claro, ponerla en práctica, para crear las conexiones cerebrales según el principio de Hebb. Lo complicado, eso sí, para vencer la procrastinación es evitar procrastinar.

Para finalizar, decir que las personas con TDA (trastorno de déficit de atención) tienen una alta tendencia a procrastinación. Es lógico, acostumbran a tener un nivel de dopamina insuficiente para poner en marcha la motivación de acercamiento.

Endorfinas y estado de ánimo. Placer y dolor.

Escribir sobre las endorfinas y el estado de ánimo, y su relación con placer y dolor, estaba en la agenda de NeuroQuotient desde hace tiempo.

Unas palabras de Marta Ligioiz -ponente en una jornada de AEDIPE Cataluña sobre ‘neurociencia aplicada a la gestión de personas’- me lo recordaron.

Hablando de las endorfinas, dijo algo así: ‘Hay días que nos duele todo y cada vez nos sentimos peor. No somos conscientes de que precisamente nos duele todo porque nuestro estado de ánimo está muy bajo. Animarnos es el camino para encontrarnos físicamente mejor’.

Y es que placer y dolor están íntimamente conectados. Con el estado de ánimo positivo se generan endorfinas que no sólo producen placer, sino que calman el dolor. Todo lo contrario del círculo vicioso negativo: ‘no me encuentro bien, todo me duele, cada vez me desanimo más y siento mayor dolor’.

Pero ¿qué sucede en el cerebro para que endorfinas, estado de ánimo, y placer y dolor estén conectados?

Vamos a explicarlo a partir de un estupendo artículo de Siri Leknes y Irene Tracey (A common neurobiology for pain and pleasure – Nature Reviews Neuroscience). Este artículo fue muy importante en la consolidación del modelo NeuroQuotient para explicar las bases cerebrales de la conducta.

Pues bien, la clave está en el sistema cerebral de recompensa, el que favorece comportamientos que son recompensados con placer. Tratamos sobre es sistema de recompensa en un post anterior sobre el TDA.

El neurotransmisor central del sistema de recompensa es la dopamina que se genera en el ‘area tegmental ventral (ATV) en el mesencéfalo.  Cuando llega una señal sensorial de recompensa al ATV, se libera dopamina en otro centro límbico del cerebro, el núcleo accumbens (NAc).

Es muy importante tener en cuenta que la señal sensorial puede ser vivida, o recordada o imaginada. ¡Nuestro cerebro no las distingue!. De ahí que ‘enfocarse’ en positivo, o no, sea determinante en cuanto a placer y dolor.

También vale la pena recordar que la dopamina no proporciona directamente placer. Solo interviene en la motivación de los comportamientos placenteros. La sensación de placer -la experiencia hedónica- está relacionada con otras moléculas. Con un tipo de neuropéptidos, concretamente con los opioides endógenos, de los que forman parte las endorfinas.

Se llaman opioides porque se unen a los mismos receptores que los derivados del opio, cómo la morfina, la heroína, etc. Son endógenos por que los genera el propio organismo. Y se les clasifica según el tipo de receptores sinápticos por los que tienen mayor afinidad. Las endorfinas son los que tienen mayor afinidad por los receptores  µ (mu).

En las endorfinas está la explicación de la relación entre placer y dolor

Las endorfinas -que se liberan, también, en el NAc-  no sólo aumentan la sensación de placer, también actúan como analgésicos, calmando el dolor.

El estado de ánimo positivo pone en marcha el sistema de recompensa generando endorfinas que aumentan el placer y disminuyen el dolor

Pero, además, la dopamina  y los μ-opioides están relacionados. Se ha comprobado que las endorfinas aumentan con la dopamina fásica (la que se libera de modo específico, ante un estímulo anticipatorio de una recompensa). Las endorfinas, por contra, disminuyen con la dopamina tónica (que se libera de un modo más constante, cómo un ruido de fondo). No toda la dopamina, igual cómo suscede con la serotonina, es igual.

Y todavía más, las endorfinas aumentan la dopamina fásica (inhibiendo las interneuronas GABAérgicas del ATV, *importante, ver al final)  y disminuyen la dopamina tónica. Es decir, dopamina fásica y endorfinas se refuerzan mutuamente. Podemos decir que entramos en un bucle en que positividad y placer se retroalimentan.

estímulo predictor de recompensa (estado de ánimo positivo) -> dopamina fásica (motivación) -> endorfinas (más placer y menor dolor) -> más dopamina fásica -> mejor estado de ánimo

Ahí está, pues, la explicación a la propuesta de Marta Ligioiz. Recordando una vez más que el estímulo predictor de recompensa puede ser interno (imaginado o recordado). Es decir, el estado de ánimo positivo aumenta el placer y disminuye el dolor; mejorando el estado de ánimo.

A la inversa, claro, también vale. O mejor, no vale. El desánimo, genera menos placer y más dolor, y refuerza el estado de anímo negativo.

No olvides que al tomar benzodiazepinas para tranquilizarnos, también afectamos negativamente el estado de ánimo. Las benzodiacepinas frenan el sistema de recompensa.

*Tener en cuenta que el GABA es el principal neurotransmisor modulador.  Al disminuir el GABA se libera más dopamina. No olvidar que las benzodiacepinas que se usan para calmar la ansiedad, disminuir el estrés y como somníferos, actúan como el neurotransmisor GABA en las interneuronas de la amígdala. También actuan en el área tegmental ventral (ATV), frenando la liberación de dopamina fásica, con la consiguiente pérdida de respuesta ante los estímulos predictores de recompensa y afectando el estado de ánimo.

 

Fuente de felicidad y neurociencia. Flow, fluir, estar en la zona.

Un estado mental fuente de felicidad.

Últimamente no se habla mucho del concepto, del estado mental, de flow, fluir, estar en la zona.

Sin embargo, deberíamos tenerlo muy presente. Cuanto más estamos en este estado mental, mayor es el nivel de satisfacción. Vamos a explicar esta fuente de felicidad y a conectarlo con la neurociencia con la ayuda de NeuroQuotient.

El concepto Flow, fluir, estar en la zona, lo acuñó Mihaly Csikszentmihaly (1934- , de origen húngaro, profesor de psicología en varias universidades norteamericanas, Chicago, Claremont, …).

Csikszentmihaly considera el flow como una fuente de felicidad humana. Su libro, Fluir (flow), está subtitulado en español: ‘una psicología de la felicidad’.

Define el flow, fluir, estar en la zona, como el ‘estado mental en que una persona, llevando a cabo una actividad, está completamente absorbida en lo que está haciendo, con gran enfoque, energizada, mientras disfruta del propio proceso de la actividad.

¿Qué caracteriza a estas experiencias y actividades asociadas con los estados mentales de flow?

Las actividades que llevan a fluir y a estar en la zona, requieren habilidades y energía para su realización, mientras la motivación y la recompensa están embebidas el transcurso de la propia experiencia, en el presente.

Estas actividades son experiencias autotélicas (auto: en sí misma; telo: finalidad), intrínsecamente gratificantes No se realizan por el deseo de un beneficio futuro, sino porque en ‘el hacer’ en sí mismo está la recompensa. La motivación es totalmente interna y nace en la propia experiencia.

Seguro que recuerdas experiencias que disfrutas mientras las llevas a cabo de modo productivo, estando totalmente concentrado en la actividad, y en que el tiempo pasa sin darte cuenta.

Se trata de actividades desafiantes que requieren habilidades adecuadas, con equilibrio entre el nivel del reto y de las propias habilidades. Si son superiores al reto, nos aburrimos, si el desafío supera la habilidad, entonces sentimos ansiedad.

Lo cierto es que estamos hablando de una fuente de felicidad relacionada con la acción. No de la fuente de felicidad, de placer, asociada con la tranquilidad, con el descanso. Si bien, durante su realización nos sentimos con control de la situación, con calma, relajación y sin temor al fracaso.

En su transcurso la mente está completamente concentrada, en el presente, no divaga. La actividad se convierte en algo espontáneo. No queda espacio mental para poner la atención en otras cosas, ni en uno mismo. El ego desaparece. Mientras el tiempo parece pasar mucho más rápidamente.

¿Cómo podemos entender la conexión de esta fuente de felicidad que representa el flow, fluir, estar en la zona, con el cerebro?

Experiencias y actividades que tiene en su base patrones cerebrales  (neurocomportamientos) que en el modelo neuroquotient llamamos eficacias, porque de ellas se deriva satisfacción.

Hemos hablado en otros artículos de que el modelo NeuroQuotient distingue dos tipos de patrones cerebrales (de neuroconductas). Los llamamos eficacias y limitaciones. Las primeras aportan satisfacción, son fuente de felicidad, las segundas no, todo lo contrario.

La mejor demostración de este impacto opuesto en la satisfacción de las neuroconductas eficaces y limitadoras, es que las personas, quieren aumentar la frecuencia e intensidad de las primeras y disminuir las de las segundas (Fig 1).

 

meditación y mindfulness
Fig 1. Queremos intensificar los patrones (ncomp) de eficacia y debilitar los limitantes. Porque los primeros nos aportan satisfacción, felicidad.

Lógicamente, el flow, fluir, estar en la zona, tendrá que ver con las eficacias y con acciones encaminadas a  la satisfacción de alguna necesidad interna. En el modelo NeuroQuotient, y de abajo arriba en las cuatro dimensiones, las parejas ‘acción/necesidad son las siguientes:

  • I2, Ayudar, empatizar con los demás para crear armonía en el entorno y recibir reconocimiento.
  • I1, Estudiar y prever, para generar conocimiento, aprendizaje y recursos para hacer frente a la incertidumbre futura.
  • A2, Hacer, para el logro de retos (aunque el disfrute está en la propia acción, en el presente).
  • A1, Explorar (internamente, desde el propio cerebro, o hacia el exterior) para imaginar/crear y/o disfrutar el entorno presente.

Cada uno puede tener muy arraigados uno o varios (incluso todos) de estos patrones cerebrales (neuroconductas) de motivación y acción. En cada persona las conexiones neuronales más fuertes, serán la de los patrones que le facilitan el flow, fluir, estar en la zona. Los que conducen al disfrute, a una recompensa que es fuente de felicidad en la acción y en el presente.

¿Y en el cerebro que sucede, cuál es el proceso cerebral?

Ciclos continuos, de recompensa (disfrute), motivación de acercamiento (ganas de hacer) y acción que impulsan el siguiente ciclo.

El proceso cerebral del estado mental del flow, fluir, estar en la zona, lo vemos cómo pequeños ciclos continuos en el tiempo, que se van impulsando al siguiente. Como una noria que se ha puesto en marcha y no necesitara más energía externa para continuar moviéndose.

Veamos la Fig 2. Es el propio disfrute (1) instantáneo, la fuente de felicidad, el que aporta la motivación y la energía. El que da lugar a la recompensa química en el cerebro. Al inicio, para arrancar la noria, basta seguramente el recuerdo inconsciente del disfrute de otras ocasiones.

fuente de felicidad
Fig 2. Proceso cerebral cuando fluimos o estamos en la zona. Ciclos continuos de recompensa, motivación y acción.

Y, la recompensa, produce más motivación de acercamiento, más ganas (2) inconscientes de continuar. La motivación, impulsa la actividad (3) -conduce a más acción- de la que se deriva más disfrute y recompensa (en el presente) que energiza el nuevo ciclo. Un continuo, sin parar.

¿Y los sistemas cerebrales subyacentes, cuáles son?

Todo el cerebro está implicado, pero con mayor preponderancia del sistema de recompensa. En el cuerpo hay equilibrio entre el sistema nervioso autónomo simpático y el parasimpático.

Veamos ahora que sistemas cerebrales y neuronales están detrás de esta fuente de felicidad relacionada con el flow, fluir, estar en la zona.

Creemos que todos, recompensa, estrés, amenazas o miedo, corteza prefrontal. Pero en mayor extensión los dos primeros.

El sistema de recompensa, porque es la dopamina mesolímbica la que va impulsando la motivación interna y la dopamina mesocortical la que ayuda a mantener la atención en el presente. Motivación de acercamiento y atención tienen el mismo neurotransmisor implicado, la dopamina.

También interviene la dopamina del sistema de recompensa ampliado, la que fortalece los hábitos. El mantener la noria en marcha requiere de un aprendizaje motor, de un hábito.

Lógicamente, el resultado de la acción, el disfrute, el placer, la fuente de felicidad, tendrá que ver con las endorfinas.

Aunque en la memoria, en el inicio del primer ciclo, en el primer impulso, pueda estar la tranquilidad ante amenazas o miedo. El recuerdo inconsciente de la amígdala calmada por el GABA o la oxitocina (en las experiencias de colaboración). O, incluso, todo lo contrario, la búsqueda de un ‘chute’ de adrenalina.

Claramente involucrado está también el sistema del estrés. Con equilibrio entre el sistema nervioso autónomo simpático y el parasimpático. ¿Conoces Heartmath, la coherencia cardíaca? La coherencia cardíaca se refiere precisamente a este equilibrio simpático parasimpático que logramos cuando estamos fluyendo y en la zona. Una fuente de felicidad, con más foco, más calma, menor ansiedad, menor fatiga, menos tendencia a depresión.

¿Y existe algún riesgo con todo esto?

¡Cuidado una eficacia llevada al extremo puede conectar con la limitación! Persiguiendo siempre una sensación de fluir nos podemos encontrar con el resultado contrario (ansiedad, fatiga, dificultad de concentración, baja autoestima, etc).

Efectivamente, existen riesgos. Pero puede ser suficiente tomar conciencia de ello para evitarlos.

Según el principio de Hebb, cuanto más nos conducimos de un modo determinado, más se refuerzan las conexiones neuronales subyacentes, los patrones cerebrales, y más tendencia tenemos a funcionar según los mismos.

Estupendo hasta aquí. Vamos reforzando los patrones fuente de felicidad. ¿Dónde está el riego? Pues en que inconscientemente o conscientemente disparemos estos patrones incluso cuando sea contraproducente.

Recordar que eficacias y limitaciones de un mismo nivel, no son lo contrario, sino que son las dos caras de una misma moneda. Cuando tenemos una gran tendencia a una eficacia (patrones cerebrales muy potentes) existe el riesgo de encontrarnos con un alta limitación.

Por ejemplo, volviendo a las motivaciones descritas más arriba. Puede que el enfocarnos mucho a los demás (I2), nos dificulte el decir que no. O que queriendo saberlo todo y tenerlo todo previsto (I1) pongamos en marcha el miedo y el estrés. O, tal vez, que queramos conseguir resultados (A2) a costa de tratar con prepotencia a los demás. Incluso, que con tanta imaginación (A1) se nos desborde y nos cueste concentrarnos y/o apreciar riesgos graves, evidentes para los demás.

 

 

 

 

 

 

Estrategia para mejorar la autoestima y el estado de ánimo

La mejora de la autoestima y el estado de ánimo es una necesidad bastante frecuente, aunque no siempre reconocida

¿Psicólogos y coaches, os habéis encontrado alguna vez con clientes con la autoestima y el estado de ánimo mejorables?

Los psicólogos/as clínicos, estoy seguro,  contestaréis que por lo menos el 90% de los casos que tratáis presentan esta problemática.

Los coaches, diréis que en un porcentaje mucho menor.  Es lógico. Sin embargo, tener en cuenta que no podemos trabajar en desarrollo del liderazgo, y en el logro de objetivos tangibles, si la persona no tiene un nivel de auto-liderazgo suficiente.

Es verdad que el logro de resultados ayuda a aumentar la autoestima y el estado de ánimo. Pero, al mismo tiempo, los resultados son casi imposibles sin un mínimo de estos ingredientes. ¡Es importante no querer empezar la casa por el tejado! ¡Qué no nos pasen desapercibidos estos casos! ¡Es bueno disponer de una estrategia!

¿Cuándo se da esta necesidad de mejora de la autoestima y el estado de ánimo?

La autoestima y el estado de ánimo bajos son fenómenos que no necesariamente van juntos y, afortunadamente, ambos, pueden tener una duración limitada en el tiempo. Más en el caso del bajo estado de ánimo que puede ser algo pasajero. En cuanto a la poca autoestima acostumbra a ser más duradera e influir en el otro vector.

Sin embargo, vamos a enfocar su mejora del mismo modo. A medida que nos adentremos en el post verás porqué.

Plantearemos una estrategia basada en la comprensión de la neurociencia de la conducta que nos proporciona el modelo y la herramienta neuroquotient.

Antes de entrar en ello es importante recordar que es y cómo fue creada la neuro herramienta.

NeuroQuotient nos habla de las bases cerebrales de la conducta: los neurocomportamientos. Para identificar estas bases cerebrales, que sistemas del cerebro influyen de modo más relevante en la conducta, estudiamos los fundamentos de neurociencia de los sistemas que están involucrados en los trastornos psicológicos más habituales.

En la depresión confluyen la autoestima el estado de ánimo bajos

Supongo que ya estás viendo que en el trastorno donde se juntan la autoestima y el estado de ánimo bajos es la depresión. De hecho, la depresión es uno de los trastornos del estado de ánimo. Y, como, al sentirse deprimido ni apetece nada ni hay energía, es casi imposible pasar a la acción para lograr algo valioso, con lo que la autoestima va desapareciendo.

Así pues, tal como ya hemos visto en algún post anterior, una de las dimensiones limitantes de la neuro herramienta (neurocomportamientos que proporcionan resultados insatisfactorios) nos indica el nivel de la autoestima y el estado de ánimo. En cierto modo nos dice lo lejos, o cerca, que estamos de la depresión.

!Atención! Estamos hablando mucho de depresión, en la mayoría de casos sólo como referencia. Autoestima y estado de ánimo mejorables no implica necesariamente depresión. Sin embargo este trastorno nos servirá para construir y ver clara una estrategia de desarrollo.

Pensando en términos de neurociencia, para plantear una estrategia sobre como incrementar la autoestima y el estado de ánimo, es decir, para alejarnos de la depresión, podríamos proponer buscar el modo de aumentar la serotonina. Es lo más prescrito a nivel farmacológico, ¿verdad?

Sin embargo, en el post anterior veíamos la paradoja de la serotonina: ¡El perfil genético de las personas con mayor tendencia a la depresión tiene recaptadores de serotonina que dejan más serotonina libre!

El camino de mejora no pasa por incrementar la serotonina

Por otra parte, la serotonina es uno de los principales neurotransmisores inhibidores. Aumentándola tal vez lograremos que las personas se sientan tranquilas y relajadas, pero difícilmente que conseguiremos que se enfoquen a la obtención de resultados que ayuden a incrementar su autoestima.

Hay otro modo, de abordar este desarrollo.

Es una de las estrategias de desarrollo de NeuroQuotient que parten de la idea de Einstein de que ‘los problemas hay que solucionarlos a un nivel distinto del que han sido creados’.

Va más por el camino de la dopamina que el de la serotonina. Muchas veces consideradas con un rol opuesto (Bureau, Y-Lan; Dayan, Peter; Opponency Revisited: Competition and Cooperation Between Dopamine and Serotonin)

Los propios síntomas de la depresión nos enseñan un camino de mejora más eficiente

Lo comprenderemos más fácil a partir de otros síntomas y/o neurocomportamientos característicos de la depresión: la anhedonia y la rumiación.

La anhedonia es uno de los síntomas más claros de la depresión mayor. Es la incapacidad para experimentar placer y la pérdida de interés o satisfacción en casi todas las actividades. Se considera una falta de respuesta a los estímulos habitualmente placenteros.

La rumiación, es otro de los neurocomportamientos presentes en la depresión. Consiste en quedarse enganchado en bucles de pensamiento negativo, dando vueltas sobre un mono tema. Con enfoque en negativo sobre uno mismo, muchas veces con auto-culpabilización. ¡Qué mal lo he hecho! Pensado en el problema pasado y no en la solución. Un lamentable modo de minar el estado de ánimo y la autoestima. !Los cerebros con mayor tendencia a rumiar tienen más riesgo de depresión¡

Estos dos síntomas ya nos dan la pista de como enfocar la mejora de la autoestima y el estado de ánimo. Crear nuevos neurocomportamientos, nuevas conexiones cerebrales que con la práctica se vayan fortaleciendo, para:

  • Despertar el sistema de recompensa, la motivación, con el enfoque positivo. Sobre todo en el presente. Y así evitar la anhedonia.
  • Saltar de un pensamiento a otro (también con enfoque positivo). Para romper la tendencia a rumiar.

Esto es lo que hacen las personas con imaginación y creatividad y con enfoque en positivo. Las que viven la vida y nos transmiten entusiasmo, porque lo sienten

Curiosamente estos son los neuro comportamientos más específicos de una de las dimensiones de eficacia (que aportan buenos resultados) identificadas en NeuroQuotient.

El cerebro humano no es capaz de distinguir entre lo que percibe de lo que recuerda o imagina. De este modo, si somos capaces de dirigir nuestra atención (interior y/o exterior) en positivo podremos poner en marcha la dopamina del sistema de recompensa.

Por otro lado, las personas creativas e imaginativas, son capaces de saltar de un pensamiento a otro en positivo. De hecho, esta es una de las bases de la creatividad. Así, también están despertando su sistema de recompensa. Y cuando en su exploración caen en un pensamiento negativo, son capaces de pasar página muy rápidamente.

A partir de ahí puedes desarrollar tus tácticas para cada cliente

Normalmente, para mejorar la autoestima y el estado de ánimo, nos sugieren centrarnos en éxitos pasados y proyectarlos al presente y al futuro. No está mal. Al contrario, está muy bien para casos en que la autoestima y el estado de ánimo no están muy ‘tocadas’. Sin embargo, cuando la tendencia a rumiar es alta, en un momento desaparecen los efectos del enfoque hacia el éxito.

Una estrategia más efectiva pasa por juntar ambos caminos:

  • enfoque positivo en el presente, para poner en marcha el sistema de recompensa y evitar el riesgo de anhedonia,
  • y aprender a saltar de una idea a otra para romper la rumiación.

A partir de ahí puedes imaginar cualquier táctica sencilla para poner práctica con tus clientes. Por ejemplo. Crear un juego a partir de lo que les gusta más y plasmarlo en un tablero, una especie de juego de la oca (sin pozos ni castigos), y, con un dado, saltar de una situación otra.

Y, recordar, que la comprensión teórica no vale. La acción, la práctica (aunque sea en modo simulado) es el único modo de ir fortaleciendo las nuevas conexiones cerebrales. Al mismo tiempo que dejar de utilizar las antiguas es la única manera de que se debiliten.

 

 

 

 

 

Serotonina y depresión ¿Es siempre bueno potenciar la serotonina?

No confundamos el nerviosismo asociado al estrés, con los nervios motores de las extremidades de los animales

La serotonina está de moda, nadie lo duda. Todo el mundo habla de las maravillas del neurotransmisor serotonina. Si no tenemos un buen nivel de serotonina, estamos perdidos. Fatal. Además, asociamos falta de serotonina y depresión.

¿Es todo correcto? ¿No nos estaremos pasando?

¿Cómo lo vemos desde NeuroQuotient?

Permitidme empezar con un chiste. Pepe Rubianes, en uno de sus monólogos, contaba:

  • ‘Dicen que los nervios engordan’.
  • ‘Pues, no te preocupes, tiene fácil solución. Le quitas los nervios a los bistecs y podrás comer toda la carne que quieras, sin engordar’.

El chiste, sólo es para avanzar que muchas veces al escuchar una palabra le ponemos contenido, sin que tenga mucho que ver con la realidad.

Continuemos con la broma, pero sólo a medias.

Ahora ya no hace falta que quites los nervios al bistec. La serotonina es la panacea. Serotonina, serenidad, tranquilidad y todos felices.  Se acabaron los nervios, se acabó el estrés.

Además, mejor comer mucha carne. La carne aporta el aminoácido triptófano, que ya todos sabemos que es el precursor de la serotonina. Por esto, a la serotonina, se la llama 5HT (5-hidroxitriptamina).

La serotonina nos aporta tranquilidad y serenidad, pero no tiene nada que ver con su nombre

Más a favor, aún.  De la serotonina se deriva la hormona melatonina que es inductora del sueño.  Entonces, todo perfecto, con triptófano y serotonina, a dormir tranquilos y felices.

Y es que el nombre de serotonina nos sugiere serenidad, y en muchos casos la aporta. Pero, ¡cuidado!, su nombre se deriva de ‘serum’, porque fue en el suero de la sangre donde se aisló por primera vez.

Un nombre potente.  Parece diseñado en un muy buen departamento de marketing. Una palabra fácil de recordar, que en sí misma contiene su (posible) definición.

Una palabra bien aprovechada por las empresas farmacéuticas.

Pero en el tema de serotonina y depresión, las cosas no están tan claras.

Para la depresión se prescriben ISRS (inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina). El más famoso es Prozac (fluoxetina).!

Ah!¿Qué, que son los ISRS?

Brevemente: En las sinapsis neuronales hay estructuras moleculares recaptadoras que absorben el neurotransmisor residual. Al inhibir su efectividad tendremos, en este caso, más serotonina libre.

Está claro, pues. Si para la depresión se pretende aumentar la serotonina, mejor que tengamos un buen nivel de la misma.

Hasta aquí todo perfecto. Pero ahora viene lo más sorprendente. La llamada paradoja de la serotonina.

Al relacionarse con la depresión, es obvio que se haya estudiado mucho este neurotransmisor respecto a la genética de las personas. Con gran especificidad se ha profundizado en  los recaptadores de serotonina.

Los estudios son concluyentes. Las personas con mayor tendencia a la depresión tienen un perfil genético con unos recaptadores de serotonina característicos (llamados de alelo S, short). Pero, hay una sorpresa:

Los recaptadores de las personas con mayor tendencia a la depresión dejan más serotonina libre que los de las personas con menor tendencia (con recaptadores de alelo L, long).

He aquí la paradoja. ¡Mayor tendencia a la depresión implica recaptadores que dejan más serotonina libre. Es decir, más alta serotonina y depresión más probable.

Bien. No pasa nada. Si la serotonina es buena, mejor que sobre que no que falte.

Pero, también, está muy bien estudiado que la serotonina es uno de los principales, sino el más importante, neurotransmisor inhibidor de la conducta.

Tendrá sentido, pues, que lo aumentemos para inhibir la agresividad, la impulsividad, o el estrés. Y, efectivamente, los ISRS resultan efectivos para tratar la ansiedad.

¿Pero, serotonina y depresión, cuando la depresión es la inhibición por excelencia? En un estado depresivo no hay ni ganas (motivación) ni energía para hacer nada. Es la falta total de auto-liderazgo.

¿Inhibir aún más la inhibición? Tiene poco sentido, excepto, quizás, que estén asociadas tendencias suicidas.

Desde NeuroQuotient apuntamos a otro camino para evitar el riesgo de depresión

Sin embargo, el poco sentido que quedaba se acaba de perder cuando los estudios nos dicen que la serotonina tiene efectos contrarios a la dopamina.

Recordar que la dopamina es el neurotransmisor impulsor de la motivación de acercamiento. De las ganas. Sin dopamina, no hay motivación, no hay ganas de hacer nada. Es el neurotransmisor central del sistema de recompensa.

Bien hasta aquí, nuestra versión de como nada es tan sencillo ni bonito como nos lo venden.

En un próximo artículo abordaremos algunas ideas sobre cómo afrontar el riesgo de depresión a partir de aumentar la dopamina. Sin fármacos.

Para acabar con una sonrisa (una buena manera de incrementar la dopamina). Vemos que todo el mundo saca partido de que la serotonina este de moda. https://www.youtube.com/watch?v=XLMcDGzy0_g

Aunque en este caso, tal vez se trate de Ayahuasca.

TDAH (trastorno de déficit de atención) en niños superdotados como superarlo (serie TDA-1)

Un artículo sobre el TDA, trastorno de déficit de atención, en niños superdotados, nos sirve para abordar sus bases neurológicas y posibles formas de superarlo de modo funcional.

Hace mucho tiempo que desde NeuroQuotient estamos interesados en los fundamentos neurológicos del TDAH (trastorno de déficit de atención). Más en los casos en que está relacionado con un alto coeficiente de inteligencia IQ (personas superdotadas). Y, más aún, cuando no se da hiperactividad física (TDA sin H).

De todos modos, aunque más centrado en estos puntos de interés, lo tratado en este post vale para el TDA, en general. Sobre todo, en lo referente a las estructuras cerebrales que influyen en el TDA, y en como la neuro herramienta nos ayuda entenderlas y a pensar modos de afrontamiento.

Indirectamente, ya tocamos el tema TDA (ADD, Attention deficit disorder, en inglés) al hablar de la línea del tiempo en el cerebro.

Ahora, acabo de encontrar un post de 2011 de Thomas E. Brown, totalmente pertinente. Los misterios del TDA y el alto coeficiente de inteligencia (The mysteries of ADD and high IQ)

El artículo es de 2011, pero no por ello deja de ser muy interesante como punto de partida para la reflexión y conectar el TDA con sus bases cerebrales.

El autor habla de un estudio realizado con 117 niños superdotados y adolescentes con un alto coeficiente de inteligencia, y diagnosticados con TDA (tanto con hiperactividad como sin hiperactividad).

¿Cuáles son los síntomas más frecuentes en el TDA?

Antes de resumir el artículo voy a recordar, por si acaso, algunos de los síntomas que se dan con el TDA en la escuela: dificultad para focalizarse en el trabajo; para hacer el trabajo adecuadamente; para mantener en la mente lo que han escuchado o leído, para organizarse y completar lo que se les asigna. Procrastinar, también es habitual.

Estos síntomas se atribuyen a una cierta vulnerabilidad en las funciones ejecutivas. Las de la corteza prefrontal (CPF).

¿Qué sucede en los niños superdotados con TDA? ¿Cómo evolucionan en la adolescencia y más adelante?

Brown habla de 5 puntos con los que se encuentran padres y profesores y que se confirman en su estudio y con los que estoy completamente de acuerdo:

  1. En la mayoría de casos no hay hiperactividad. Es decir, se trata de TDA (no de TDAH).
  2. Los ADD pueden tener un alto IQ (índice de inteligencia). De hecho, es la premisa del estudio. Es decir, no les faltan habilidades mentales, pero tienen dificultades para ponerlas en marcha para hacer el trabajo de modo efectivo.
  3. Muchos niños superdotados son estudiantes de éxito en la escuela primaria y fallan de modo recurrente en secundaria y bachillerato. Algunos no empiezan a tener problemas hasta la universidad.

El que lleguen más lejos depende, muchas veces, del soporte de los padres en cuanto a ayudarlos a priorizar, planificar y hacer seguimiento para completar el trabajo.

  1. Todos los participantes en el estudio tienen alguna actividad en la que no presentan ninguna dificultad para ejercitar muy bien sus funciones ejecutivas prefrontales.

Por esto, la mayoría responden: “Si algo me interesa realmente, puedo focalizarme. Pero, si no lo encuentro verdaderamente interesante, no puedo enfocar. Incluso si es importante y necesito hacerlo”.

  1. ¿Puede superarse en la edad adulta? En el 80% de los casos la problemática de base persiste. Pero, algunos lo superan. Unos porque, simplemente, tienen un retraso de 2-3 años en el desarrollo cortical y al crecer desaparece el problema. Otros lo superan con la medicación.

De cualquier modo, en bastantes casos, aun permaneciendo las dificultades, tienen una buena incorporación al mundo laboral. Esto es porque se especializan en trabajos que les resultan interesantes, y los desempeñan con éxito.

¿Cómo la neurociencia nos ayuda a entender mejor lo que sucede con el TDA?

No olvidemos, pero el objetivo del escrito es conectar las conclusiones de Brown con los fundamentos cerebrales, aprovechando los conocimientos de neurociencia que se adquieren con la certificación en la neuro herramienta.

En general, estoy de acuerdo con el planteamiento de Brown. Mi mayor discrepancia está en que simplifica demasiado los  fundamentos cerebrales. Centra toda la problemática en la dificultad de ciertas funciones prefrontales. Veamos porqué.

En el punto 5, Brown habla de medicación. Concretamente con potenciadores de la dopamina.

Efectivamente. La dopamina es el neurotransmisor central del sistema de recompensa cerebral. El sistema de recompensa favorece conductas al recompensarlas con placer. Aunque -recordar- la dopamina no produce placer.

Realmente hay tres importantes vías de dopamina en el cerebro.

Una de ellas es la mesocortical. Va desde el área tegmental ventral (ATV) en el mesencéfalo hasta la corteza prefrontal. Es la que favorece el foco y la atención. Si no hay suficiente dopamina mesocortical aparecen dificultades en algunas funciones prefrontales. Lo que nos viene a decir Brown. vulnerabilidad prefrontal.

Pero las otras dos vías, también son muy importantes y las consecuencias de la falta de dopamina en el TDA (trastorno de déficit de atención) también se vislumbran, aunque indirectamente, en el post de Brown.

Por un lado, la llamada vía mesolímbica. Va del mesencéfalo (la misma ATV) a una zona límbica del cerebro (el núcleo accumbens). Esta es la que está involucrada en la motivación. En las ganas. En el punto 4, dice Brown que cuando algo les motiva de verdad lo hacen, sin presentar problemas de concentración.

En el TDA no sólo hay vulnerabilidad en la zona prefrontal (vía mesocortical), sino también en la parte límbica del cerebro implicada en la motivación de acercamiento (vía mesolímbica).

Mi punto de vista es que la falta de motivación radica, también, en el déficit general del sistema dopaminérgico. También hay poca dopamina mesolímbica. Al aumentar el interés crecen la motivación y la concentración al mismo tiempo. Por esto, al potenciar la dopamina con la medicación, aumenta la motivación y la concentración simultáneamente. Tiene sentido, además, el buscar modos de influir sobre la dopamina endógena.

La tercera vía de dopamina es la que va de la substancia negra -en el mesencéfalo- al estriado dorsal y está relacionada con los hábitos. Por esto, presentan también dificultad en la creación de hábitos. Problema que subyace, sobre todo, en la poca capacidad para organizarse.

El reforzar la medicación en la infancia y pre-adolescencia con un acompañamiento destinado a la creación de hábitos es de una gran ayuda para alcanzar un TDA funcional más adelante.

La superación del TDA, en general, pasa por que estas personas generen los recursos que les permitan aprovechar su gran potencial. NeuroQuotient nos ayuda a entenderlo.

En un 80% de casos el TDA es difícil de superar en la edad adulta, pero no lo es tanto el llegar a un TDA funcional. Incluso con gran éxito. ¿Dónde radica la clave?

NeuroQuotient nos la explica.

Antes recordar que la neuro herramienta no debe utilizarse para diagnóstico de trastornos psicológicos. Sin embargo, es un indicador de alguno de ellos cuando algunas de las limitaciones (barras grises) son grandes; están en el último cuadro.

Veamos el caso de dos personas con un alto índice IQ. Una con TDA funcional y otro no. En la imagen siguiente comparamos los gráficos.

TDA funcional o no.
Mayor nivel de auto-liderazgo en el TDA funcional. Se aprecia en una mayor eficacia A2 (resultados tangibles, seguridad) y menor limitaciòn I2 (mayor autoestima, menor riesgo de depresión).

En ambos vemos que la limitación A1, la que apunta a TDA, es muy alta.

La diferencia entre el TDA funcional (derecha) y no funcional (izquierda) está en la mayor autoconfianza que se adquiere con el logro de resultados tangibles (barra verde más alta). Y en la consiguiente autoestima más alta (barra I2 gris más pequeña).

En conjunto el índice NQ que mide el nivel de auto-liderazgo (lo altas que son las eficacias y lo bajas que son las limitaciones) es claramente superior con el TDA funcional. 71,9 versus 51,0.

¿Cómo enfocar el desarrollo? La neuro herramienta nos lo explica.

¿Cuál es el camino, pues? La clave está en centrarse en algún tema de interés (motivador) que, al mismo tiempo, aporte resultados tangibles valiosos. El logro de resultados aumenta la confianza y la automotivación. Se rompe el ciclo de la frustración, muy frecuente, resultado de moverse por impulsos (motivaciones puntuales y con dificultad para frenar la búsqueda de la recompensa inmediata) y con la mente dispersa.

El trabajar con método, lógicamente, también ayuda a evitar la dispersión y al logro de resultados. Por esto, es importante el acompañamiento para generar estos hábitos lo antes posible.

Lo niños superdotados no tienen necesidad de método para superar los retos en la escuela. Lo suplen con su inteligencia. Sin embargo, al crecer, cuando las dificultades se hacen mayores, se encuentran con que no han generado los recursos (hábitos de organización) de los que nos valemos el resto de los mortales.

Culpa y suicidio. Proceso y fundamentos cerebrales (La Contra, La Vanguardia 2)

No falló mi intuición al pensar que La contra de La Vanguardia podía ser una fuente de inspiración para  NeuroQuotient® e ir explicando los fundamentos cerebrales de la conducta. La entrevista de hoy, 16/01/17 a David Vann me lleva a comentar el binomio culpa y suicidio.

http://www.lavanguardia.com/lacontra/20170116/413398554743/tengo-en-mi-familia-cinco-suicidas-y-un-asesino.html

En este caso, además, veremos un proceso de aprendizaje para no caer en el proceso limitador: culpa y suicidio. Con final en el suicidio, la más extrema limitación humana.

Reconozco que el título del artículo “Tengo en mi familia cinco suicidas y un asesino” es impactante. Sin embargo, lo que me arrastra a este escrito es como, David Vann, explica el proceso del suicidio de su padre y, luego, su propio aprendizaje.

El proceso del padre de David Vann.

Respecto a su padre, cuenta: ‘’Se juzgaba a sí mismo muy, muy severamente…. perfeccionista, se veía si mismo como un monstruo que actúa mal. … Se sintió culpabledesanimado, desesperanzado, … No se aceptó. … se pegó un tiro.

Las personas con tendencia al perfeccionismo, cuando algunas cosas no evolucionan como esperaban, es probable que manifiesten una alta sensibilidad a la crítica. A partir de ahí hay dos opciones extremas (y todas las intermedias): quienes culpan a los demás y quienes se culpan a sí mismas.

El proceso de auto-culparse lleva consigo un bucle de pensamiento negativo, de ‘rumiación’, del que cada vez es más difícil salir. Del ‘lo he hecho mal’, al ‘no valgo para nada’. Sin capacidad de cambiar el foco de atención. Cada vez la autoestima va disminuyendo.

Paso a paso es menor la capacidad de sentir atracción por algo, y menor la energía. La persona está en un proceso de depresión, de inhibición.

Y cuando el desánimo y inhibición son muy grandes, sin ganas de vivir ….

Las bases cerebrales de culpa y suicidio

Veamos, primero, que sucede con los animales cuando se encuentran con un peligro que les supera:

Cuando un animal no puede afrontar una situación ni atacando, ni huyendo, aún le queda una tercera opción automática: quedarse quieto, bloquearse.

Muy probablemente, los mismos sustratos cerebrales implicados en el bloqueo de los animales son los que se activan en los humanos en los procesos de inhibición total y de depresión.

Por cierto, el neurotransmisor primordial en la inhibición es la maravillosa (¿o no tanto?) serotonina, que juega un papel contrario al de la dopamina. Esta última es clave para la motivación de acercamiento, las ganas. Pero dejemos la serotonina, y sus contradicciones, para otro post.

Además, en la rumiación, los blucles de pensamiento negativo están soportados por el llamado ‘default network’, más activo cuando hay tendencia a la depresión. En el otro extremo  está el ‘task network’, activo cuando realizamos una tarea.

Y el humano que no puede salir del bucle de pensamiento negativo, que no tiene ni ganas ni energía para ir hacia adelante, puede decidir acabar de inhibirse totalmente y … pegarse un tiro.

El aprendizaje de David Vann

David Vann acierta con el punto de partida: evitar el perfeccionismo.

Aceptar que podemos equivocarnos. Evitar auto-culparse y saber perdonarnos a nosotros mismos.

‘Hoy sé que todos fallamos, ¡todos! ¿Qué he aprendido?

¡A no juzgarme tan duramente! A perdonarme’

Toda una estrategia para salirse del proceso de la culpa y suicidio.

Pendiente …

Para otro momento queda preguntarse cómo influye la genética en los procesos cerebrales. ¡Cinco suicidas en la familia, son muchos!

Y el papel de la religión, tal como Vann apunta.