Dembélé y Asensio. Neurociencia en la Liga de futbol.

Dembélé y Asensio son dos jóvenes jugadores de la Liga de futbol en España, muy presentes estos días (mediados de noviembre del 2018) en los medios de comunicación especializados.

Puede que te preguntes porque escribo sobre la Liga de fútbol en un blog sobre neurociencia aplicada. Déjame, entonces, recordar que con NeuroQuotient® buscamos ayudar a comprender cómo funciona el cerebro y aprovechar este conocimiento para impulsar la satisfacción de las personas.  De vez en cuando, para ilustrarlo, utilizamos casos del día a día como ejemplo.

Para quien no siga el futbol, Marcos Asensio (1996) y Ousmane Dembélé (1997) tienen en común que son jóvenes deportistas profesionales de la Liga de futbol. Juegan, respectivamente, en dos de los más importantes clubs del mundo, Real Madrid y Futbol Club Barcelona.

Estos días Dembélé y Asensio -ambos con un gran potencial – están presentes en los medios de comunicación por razones distintas. Diferentes, pero que en el fondo son la misma: Los medios de comunicación crearon grandes expectativas sobre su rendimiento y parece que no las están cumpliendo.

A Asensio lo habían convertido en ‘la gran esperanza blanca’ y, después de la marcha de Cristiano Ronaldo, se le reprocha que no se haya cargado el equipo a sus espaldas. Esperaban que aportara muchos goles y liderazgo en el campo.

Respecto a Dembélé se habla mucho de su falta de disciplina. Después de pagar más de 100 millones de euros por su traspaso la temporada anterior, el entrenador cuenta con él menos de lo esperado. Dicen que le cuesta seguir las normas (llegar a la hora a los entrenamientos, hacer lo que se le pide en el terreno de juego, etc.).

¿Qué es importante para que los futbolistas puedan aportar su talento?

Me gustaría analizar ambos casos desde la perspectiva de lo que puede estar pasando en el cerebro de estos jugadores de la liga de futbol, para, luego, hacer una especie de proyección de futuro en función de cómo se aborde cada uno de los casos.

Para ello es necesario que primero veamos los que considero que son los recursos mentales y emocionales más relevantes para un buen rendimiento en el futbol.

Mi punto de vista es que uno de los principales activos del futbolista de éxito es la intuición.

La intuición no es algo mágico. La intuición tiene su fundamento en el aprendizaje y el entrenamiento. Permite poner en acción estos aprendizajes de modo espontáneo, sin necesidad de pensar. Está sustentada en conexiones neuronales, según el principio de Hebb.

‘La clave está en la intuición de los jugadores y en que el entrenador deje que la liberen, fluyendo y disfrutando del juego; sin que tengan que pensar y seguir demasiadas instrucciones’

Si Lionel Messi -el más grande jugador de la Liga de futbol- tuviera que pensar cada vez a quien va a pasar la pelota, o cómo regatear a un contrario, aparecería otro más rápido para quitarle el balón.

Por esto también creo que el mejor entrenador es el que define una estrategia general, entrena lo más importante dentro esta estrategia, y sitúa a los jugadores dándoles la máxima libertad para que puedan liberar su intuición.  De este modo, pueden fluir (disfrutar, pasarlo bien) dentro del marco estratégico/táctico de cada partido.

Cuando un entrenador da demasiadas instrucciones, cuando hace pensar demasiado a sus jugadores está desaprovechando su intuición. Está, además, limitando su posibilidad de fluir y de disfrutar, jugando. (Para el concepto de fluir, flow, puedes ir a otro post de este blog).

Pero el objetivo de la competición en la Liga de futbol, que mueve a mucha gente y dinero, es casi siempre ganar al contrario (a veces no perder). De este modo tiende a olvidarse el aspecto más lúdico, de diversión, del juego. Y esto no es trivial.

¿Qué sucede en el cerebro de Marco Asensio?

Y de vez en cuando aparecen en la Liga de futbol jóvenes cómo Dembélé y Asensio que aportan frescura y diversión.

Hasta hace menos de un año Dembélé y Asensio se divertían jugando. Fluían. Y, mientras se divertían, aportaban más a sus equipos. Además, con los buenos resultados, mejoraba su autoestima y autoconfianza, y su rendimiento iba aumentando.

Pero, últimamente, parece que su aportación es inferior a las expectativas que, externamente, se habían generado. Y ellos han contestado a las críticas de modo diferente. Lo han hecho de acuerdo a cómo podemos imaginar que funcionan sus respectivos cerebros. Asensio con preocupación; Dembélé despreocupadamente.

Asensio ha dicho, ‘yo no tengo que tirar del carro en el Madrid, hay jugadores más experimentados que deben hacerlo’.

Dembélé, no se ha expresado con palabras. Una noticia suya es un vídeo donde aparece cantando y bailando con Griezmann durante la concentración de la selección francesa.

‘Con la preocupación el pensamiento de Asensio está demasiado activo, quiere jugar desde de la racionalidad y paraliza su intuición’

Con su preocupación, Asensio, junto a la responsabilidad que se le ha querido imponer desde fuera, es muy probable que piense demasiado durante los partidos (y fuera de ellos).  Él quiere aportar más, haciendo las cosas mejor. Pero así, no solo se desaprovecha su intuición, también pone en marcha el miedo y el estrés, con el riesgo de bloquearse. No ‘juega’, pasándolo bien. No fluye, no disfruta.

De algún modo con su respuesta está diciendo: ¡Dejad de ponerme presión! ¡Ya me estoy poniendo yo demasiado!

Y sí las cosas no le salen mejor. Entonces, con su auto exigencia  y sensibilidad a la crítica, empezará a auto culparse, y su autoestima y su auto confianza irán disminuyendo.

En la Fig 1 aventuramos cual podría ser el resultado de su repuesta al cuestionario NeuroQuotient®. Lo comentado anteriormente lo veríamos en la limitación I1 (Fig 1). Las limitaciones son neuro conductas que no aportan satisfacción, sino todo lo contrario. La buena noticia es que se pueden revertir con el desarrollo. La limitación I1, se corresponde con el estrés que nos autogeneramos con el perfeccionismo, con querer hacerlo todo bien y querer tenerlo todo controlado. Pensando, planificando y preparándonos queremos calmar el miedo, y logramos todo lo contrario. Es la otra cara de la eficacia I1.

Fig 1. Posible perfil NeuroQuotient de Marco Asensio en Noviembre 2018. Alta eficacia I1 (responsabilidad) y limitación I1 (preocupación con estrés, derivada de la responsabilidad).
¿Y con Ousmane Dembélé que pasa?

Creo que en el su cerebro sucede casi todo lo contrario que en el de Asensio.

Pienso que Dembélé es todavía más intuitivo y muy espontáneo. Su cerebro está mucho más enfocado al presente. A pasarlo bien en el presente. No tiene tendencia a preocupase. Aunque, es probable que le resulte difícil frenar los impulsos y perseguir recompensas a corto plazo.

‘Con su poca preocupación Dembélé vive más en el presente, pero le cuesta más adquirir hábitos y aprender de los errores’

En este caso creo que su limitación está en la dimensión A1 (Fig 2). Tiene que ver con dificultades de concentración, con facilidad para ilusionarse con ideas poco consistentes. Con dificultad para apreciar las consecuencias de sus actos y de aprender de los errores. Y esto es así porque su cerebro funciona de modo diferente, sobre todo muy rápido. No es porque no le dé la gana.

la liga de futbol
Fig 2. Posible perfil NeuroQuotient de Ousmane Dembélé en Noviembre 2018. Alta eficacia A1 (espontaneidad, optimismo, disfrute del presente) y limitación A1 (dificultad de concentración y de inhibir impulsos hacia la recompensa inmediata)

Visto desde fuera, la responsabilidad que a Asensio le sobra, y le limita, en Dembélé más bien escasea, y le limita.

De cualquier modo, si sus resultados no mejoran también disminuirá su autoestima y seguridad. Y todavía más su aportación.

Y cómo se le está tratando para reconducirlo. De la manera menos efectiva en estos casos: Castigándole sin jugar. Me parece que no es la intención de su entrenador, pero le están poniendo presión para que así lo haga.

Digo que castigar es la peor solución porque así lo más probable es que tenga lugar la tercera ley de Newton (a toda acción se opone una reacción igual y de sentido contrario). Se rebelará.

¿Qué hacer en cada caso? 

De momento, es importante protegerlos a ambos de los medios de comunicación que giran alrededor de la Liga de futbol. Luego, cuando vuelvan a disfrutar jugando, estos mismos medios volverán a hablar maravillas de ellos, porque nos maravillarán a todos.

Y para cada uno hacer un ‘acompañamiento’ a medida, para que desarrollen su gran potencial y gestionen (y disminuyan) sus limitaciones. !Y vuelvan a fluir!ª

A nivel individual parece más fácil el caso de Asensio. Tanto él como sus compañeros (muy importante), entenderán que hay que rebajar la presión externa para que él rebaje la interna. Esto pasa por jugar menos minutos de responsabilidad.

En el caso de Dembélé yo haría lo contrario. Que juegue más. Ahí radica la mayor dificultad, esto puede ser difícil de entender por sus compañeros. Todos quieren jugar, y se acostumbra a castigar al que no se porta bien. Por otro lado, acompañarlo para que persista en crear buenos hábitos de alimentación y organización, etc. !No castigarle! El jugar puede ser cómo reconocimiento a su mejora fuera del campo, no en el entreno. Su cerebro no está diseñado para obedecer órdenes.

¿Cómo evolucionarán?

Lo que sucederá en el futuro lo iremos viendo. Dependerá mucho de lo que hagan ‘sus entornos’ y de cómo cada uno lo asimile.

Para finalizar, este post, en lo que se refiere al funcionamiento cerebral estas dos personas, está basado en suposiciones a partir de lo que dicen los medios de comunicación. Me encantaría poder tener su respuesta de NeuroQuotient®. No creo fuera muy diferente de las Fig 1 y 2 anteriores. Al cabo de un año, si el acompañamiento fuese adecuado, la respuesta cambiaría. Sus procesos cerebrales, neuro conductas, serían distintas en intensidad. Aumentarían las eficacias (barras de color) y disminuirán las limitaciones (barras grises).

Y claro, NeuroQuotient® puede emplearse en los casos de la Liga de futbol, en la Premier Ligue, en la Serie A del Calcio, etc. Con un simple cuestionario se tienen interesantes resultados para orientar el coaching y el desarrollo de las personas.

 

Procrastinación. Neurociencia con NeuroQuotient para entenderla y superarla

En este post explicaremos que sucede en el cerebro con la procrastinación. A partir de ahí plantearemos una estrategia para superarla.

La tendencia de cada persona a procrastinar será mayor o menor. Pocas son, sin embargo, las que pueden afirmar que nunca han procrastinado.

Empecemos por definir que es la procrastinación. Nos vale lo que dice la  Wikipedia:

La procrastinación, …, postergación o posposición es la acción o hábito de retrasar actividades o situaciones que deben atenderse, sustituyéndolas por otras situaciones más irrelevantes o agradables.

A partir de ahí vamos a verlo desde NeuroQuotient.

Empecemos con unos ejemplos para ayudar a situar el problema.

Veamos un par de casos reales con los que nos hemos encontrado.

Ejemplo 1. Decía un cliente…

‘Cuando tengo que preparar un informe con una fecha límite de entrega, siempre espero al último momento. Sé qué el resultado, en cuanto a calidad del informe, sería mucho mejor si me lo tomara con algo más de tiempo. Además, evitaría el desgaste mental, y de estrés, de tenerlo continuamente presente’.

‘Pero, pienso que la espera no es tiempo perdido. Creo que mi mente no-consciente va trabajando. Así, en momento final, cuando me lanzo, las ideas están ya trabajadas’

Y añadía. ‘Aunque, la verdad, creo que necesito el chute de adrenalina para ponerme en marcha en el último momento’.

Ejemplo 2. Me contaba una amiga…

‘Tiendo a dejar las cosas para el último momento. Por ejemplo, cuando tengo que hacer una presentación o una formación. En ocasiones, ha llegado la hora de la verdad sin tener nada preparado’.

‘Pero, tengo la experiencia de que soy capaz de improvisar, y al final las ideas surgen con fluidez. Me crezco con la dificultad. Probablemente necesito esta presión para funcionar con toda mi capacidad’.

‘Sí, me gustaría superarlo. Pero este no es el momento. En otra ocasión, con más tiempo y tranquilidad, ya te pediré soporte’

En los dos casos se trata de personas con gran capacidad. Salen adelante sin problemas, respecto a la percepción de los demás. Por lo menos así lo creen ellas. Nosotros no estamos tan seguros de que así sea; sin procrastinación, muy probable, serían más valoradas.

El pensamiento recurrente en la procrastinación es: ‘Lo haré luego. Ahora no me apetece. No tengo ganas’

Estos ejemplos no servirán de ayuda para entender que sucede en el cerebro. Cómo es la neuro-conducta limitante (que no aporta buenos resultados) en la procrastinación.

Por un lado, siempre hay un proceso mental, un hábito de pensamiento (una creencia) que pretende justificar el aplazamiento. En esta parte está involucrada la corteza prefrontal (el cerebro pensante).

En el caso extremo de, digamos, ‘un super procrastinador’, el diálogo interno auto-justificante sería más o menos:

‘Lo haré luego’. ‘Ahora no tengo suficiente información’. ‘Más adelante, podré concentrarme mejor’, etc.

Para el ‘super procrastinador’ en demasiadas ocasiones el ‘luego’ no llega nunca. Se junta el hábito de la procrastinación en lo importante con la impulsividad en  la acción hacia cosas irrelevantes, buscando la recompensa inmediata. De impulso a impulso, lo importante se olvida.

En los dos ejemplos anteriores, la creencia auto-justificante puede ser, respectivamente:

‘Creo que mi mente va trabajando de modo no consciente’

‘Creo que tengo una gran capacidad de improvisación’

Pero, en todos los casos, el pensamiento subyacente lo podríamos dejar en:

‘Lo haré en otro momento. Ahora no me apetece. No tengo ganas’

No hay motivación.

¿Qué sucede en la parte límbica, emocional, del cerebro?

Motivación. Esta es la palabra clave que nos lleva a centrarnos en la parte más relevante de la neuro-conducta procrastinadora. Aquella parte que tiene lugar en el área límbica, emocional, del cerebro.

Recordemos primero cómo se ponen en acción los animales.

Pues, muy sencillo, por dos caminos y siempre con el objetivo de la supervivencia:

  1.  La vía de aumentar el placer. Con el sistema cerebral de recompensa. Ante señales sensoriales evocadoras de recompensa, de placer. El perro huele un trozo de carne y está motivado a comerlo. El neurotransmisor dopamina es fundamental en el sistema de recompensa.
  2. La vía de minimizar el dolor. Con el sistema de amenazas o del miedo y, a continuación, el del estrés. Para hacer frente o huir de las amenazas. En este sistema de las amenazas es clave la amígdala; y en el del estrés, el neurotransmisor noradrenalina en el cerebro y la neurohormona adrenalina en el cuerpo.

La motivación antecede a la acción, aunque el proceso es muy rápido y no somos concientes de ello

En el caso de los humanos, la principal diferencia es que estos sistemas los ponemos en marcha no sólo con la percepción sensorial directa. También con lo que imaginamos, y como dirigimos nuestra atención, con la corteza prefrontal.

En conjunto el proceso más eficiente en los humanos para pasar a la acción es:

  1. Motivación positiva, de acercamiento. Dopamina. Ganas de hacer. Algo cómo un  ‘esto me atrae’ no-conciente.
  2. Acción. Podríamos decir, ‘Luchado, de modo sano’. Con orientación a resultados no inmediatos. Invirtiendo energía de modo eficiente en la acción. Sin miedo ni estrés.

En algunos casos, en la procrastinación, no hay ni ganas (motivación de acercamiento) ni energía (para la acción). No es raro que, en ocasiones, pueda estar asociada a la depresión.

Pero, volvamos a los dos ejemplos anteriores. Es obvio que en ambos casos no aparece la motivación de acercamiento. Pasan a la acción, directamente, en el último momento. Como si hicieran frente a una amenaza. Con miedo, no con placer. Luchado o huyendo. En general, con la amenaza de que ‘no hay más remedio’, porqué no es posible esperar más.

En cuanto a la dopamina motivadora del sistema de recompensa, no sólo no la potencian con su enfoque de pensamiento en la CPF. Al contrario, con sus creencias auto-justificantes la están boicoteando.

Un nuevo neuro-comportamiento para superar el problema

Y así llegamos a la solución del problema. Con lo visto es bastante sencillo, por lo menos conceptualmente:

  1. Identifica aquellas situaciones en que tienes tendencia a procrastinar.
  2. ¿Alguno de los casos implica una limitación importante para ti? Es necesario, como siempre, tomar consciencia de que vale la pena solucionarlo. Pasar del tengo que solucionarlo (en algún momento, que es difícil que llegue) a quiero solucionarlo (ya).
  3. Reserva en la agenda un tiempo concreto (fecha y hora) para realizar aquello en que tienes tendencia a procrastinar. No sirve anotar solo la fecha de entrega.
  4. Identifica el hábito de pensamiento limitador. Tu ‘jerga’ autojustificadora. Así sabrás cuando estás en riesgo.
  5. Cambia a otro hábito de pensamiento, para sustituir al  limitante. Por ejemplo: Cuando he decidido hacer algo, en lugar de conectar con ‘ya lo haré luego’, pasar a ‘vale la pena que lo haga ahora’ o ‘lo paso bien haciéndolo’, para no darte la opción de auto-boicot.
  6. Ten a punto una fuente interna de dopamina. Seguro que en tú memoria hay experiencias que realizas con muchas ganas. Pues, en ellas está la dopamina. Basta con que te entrenes en poner la atención en una de ellas, así podrás acceder a tu dosis de dopamina cuándo la necesites.
  7. Una recomendación añadida. Si tienes una alta tendencia a procrastinar es probable que, también, con frecuencia pases a la acción de modo impulsivo, sin pensar demasiado. Aprovéchate de ello. Haz una cuenta atrás de 3 a 0, y !Lánzate! !No le des vueltas!

Así pues, ante las situaciones con tendencia a procrastinar, basta enfocar el pensamiento en la nueva creencia (o evitar la anterior), y poner la atención en la memoria aportadora de dopamina.

Diseñar y practicar una nueva neuro-conducta que aporte mejores resultados, mayor satisfacción

En fin, se trata de diseñar un nueva neuro-conducta. Y, claro, ponerla en práctica, para crear las conexiones cerebrales según el principio de Hebb. Lo complicado, eso sí, para vencer la procrastinación es evitar procrastinar.

Para finalizar, decir que las personas con TDA (trastorno de déficit de atención) tienen una alta tendencia a procrastinación. Es lógico, acostumbran a tener un nivel de dopamina insuficiente para poner en marcha la motivación de acercamiento.

Estilos, y el proceso cerebral, de toma de decisiones de compra

Vamos empezar este artículo por el final, listando y definiendo los cuatro estilos de toma de decisiones de compra de los que hablábamos en el post anterior.

La intención es que puedas contestar rápidamente la encuesta que planteamos en alguna de las redes sociales.

Pero tenemos otro propósito. Queremos explicar las diferentes etapas del proceso de toma de decisiones de compra que aparecía en la ilustración del post anterior. Lo encontrarás más adelante.

Cuatro estilos de toma de decisiones de compra. ¿Cuál o cuáles es/son, ahora, el tuyo?

Recuerda que puede que tengas tendencia a seguir más de uno de ellos; y que en diferentes épocas de tu vida hayas priorizado de otro modo.

A1. Cerebro explorador

Con alta frecuencia estás explorando (externa o internamente). Pendiente de las novedades y de lo que te pueda aportar satisfacción en el presente o a corto plazo. Además, tienes tendencia a imaginar y crear novedades que te generan ilusión.

Cuando algo te atrae, lo compras. Algunas veces de un modo impulsivo. Con frecuencia tu mente crea las novedades y buscas (o creas) lo que has imaginado.

A2. Cerebro enfocado a resultados

Estás pendiente, principalmente, del resultado tangible que te puede aportar algo. ¿Qué voy a ganar con ‘ello’ a medio plazo?

Cuando algo te atrae, piensas en el beneficio, directo o indirecto, que puede llevar asociado. La compra es reflexiva, pero con decisión. No impulsiva.

I1. Cerebro prudente y previsor

Buscas la tranquilidad ante la incertidumbre del futuro. Quieres estar preparado para hacer frente a las posibles dificultades que, a veces, imaginas.

Compras algo para mejorar una situación actual y/o no tener problemas en el futuro. Le das muchas vueltas para ver cuál es la opción que mejor te sirve ahora y que no te va a crear dificultades.

I2. Cerebro colaborador

Buscas como puedes ayudar o satisfacer a los demás. Con frecuencia tu propia satisfacción proviene del reflejo de la de otras personas (de la que te transmiten). La captas con tu empatía.

Algo te llama la atención y, casi inmediatamente, piensas en quien de tu entorno le sentaría bien, le sería útil. Muchas veces ya sales de compras pensando en otra/s persona/s.  Te gusta hacer regalos.

 

Descomponiendo el proceso de toma de decisiones de compra en etapas.

Vamos a plantear, ahora, el proceso cerebral de toma de decisiones de compra en diferentes etapas.

En el dibujo / esquema apuntamos las siguientes etapas en el proceso:

  1. Estímulo / 2ó3 Motivación / 3ó2 Decisión / 4. Acción / 5. Satisfacción
Proceso toma de decisiones cerebral.

 

Para explicarlas vamos a considerar un par de ejemplos. El primero de ellos te puede parecer absurdo. Pero el propósito es ayudar a diferenciar las etapas.

Empezaremos por un perro que ‘compra’ carne en un supermercado (para perros, claro).

El supermercado de carne para perros

Veamos. Imaginemos un perro que está explorando su entorno (su supermercado) buscando señales de recompensa. Señales que activen su sistema de recompensa. El sistema de recompensa motiva acciones que son recompensadas con placer, y que tienen que ver con la alimentación o la reproducción. De este modo favorece la supervivencia de la especie.

En el entorno que el perro está explorando, hemos dejado dos apetitosos trozos de carne. Uno de ellos normal y otro que huele todavía mejor (para un perro) pero está envenenado.

Es obvio que los pedazos de carne son señales que actúan como estímulos sensoriales (1) para el perro. Estos estímulos conectan con su sistema cerebral de recompensa.

El cerebro del perro conecta el estímulo con su memoria de especie, y en milisegundos evalúa que pedazo de carne le parece más apetitoso. Se desencadena un proceso químico cerebral, que en los humanos llamamos motivación (2/3), la emoción que es previa a la acción.

De modo consciente, he escrito primero motivación (2/3) que decisión (3/2). En realidad se trata de un proceso iterativo, y tan solapado y tan rápido, que no puede distinguirse entre las dos etapas.

En el perro, en la etapa decisión no hay una componente de deliberación racional. Veremos que esta es una diferencia importante con los humanos.

Si la carne envenenada huele mejor decidirá que es esta la que más le apetece. Pasará a la acción (4) y empezará a comerla.

Y, ¿cuál será el resultado de la acción, su nivel de satisfacción (5)? ¿Cómo influirá en el siguiente proceso? ¿Habrá algún aprendizaje para la siguiente compra?

Si la dosis de veneno era mortal, no tendrá ninguna influencia, es lógico. Supongamos, pero, que no lo era. La carne le sentará mal, pero, aun así, con alta probabilidad, tampoco habrá aprendizaje. El perro necesita repetir varias veces la experiencia, para que su memoria asocie el atractivo olor de la carne envenenada a un estímulo peligroso.

Se llama aprendizaje condicionado.

El humano que va a comprar carne para comer

¿Qué sucede con las personas, hay alguna diferencia?

Claro. La principal radica en la corteza prefrontal (CPF). Lo que nos proporciona la capacidad de pensar y razonar. Y, también -muy importante para lo que nos ocupa- la de priorizar la atención hacia determinados estímulos y la de imaginar y recordar de modo proactivo.

¡Nuestro cerebro procesa de modo similar lo que percibe directamente que lo que imagina o recuerda!

Y, ahora, vayamos a comprar carne.

Es muy probable que salgamos de casa ya con el estímulo (1) sensorial en mente. No hace falta que estemos frente a los filetes de ternera o las pechugas de pollo. Podemos imaginar/pensar que deseamos comer un filete de ternera, porque recordamos, por ejemplo, el olor de la carne asándose y/o su sabor.

Ya, sólo con la imaginación y/o el recuerdo, estamos poniendo en marcha la química cerebral, el proceso emocional de motivación/decisión (2/3).

Llegamos al supermercado ¡y no quedan filetes de ternera cómo los que habíamos imaginado! Superados los primeros momentos de frustración -que, de modo casi inevitable, siguen a las motivaciones/decisiones generadas en la imaginación que no se pueden llevar a cabo- podemos empezar la fase de decisión (3/2) o de evaluación racional.

Dirigimos la atención hacia las diferentes alternativas (estímulos) que ponen en marcha los sistemas límbicos emocionales motivadores, al mismo tiempo que pensamos (CPF) y decidimos. Finalmente, pasamos a la acción, compramos. Compramos pollo. La última vez no nos sentó bien, pero tiene buen aspecto.

Desde el estímulo a la acción muchas veces transcurren milésimas de segundo. Sobre todo si no interviene la CPF, si no hay una fase de reflexión. Este proceso tan rápido hace que con frecuencia atribuyamos nuestras motivaciones/emociones a los estímulos.

¿Y el resultado, la satisfacción? ¿El aprendizaje para un nuevo ciclo?

De vuelta a casa, cocinamos el pollo que hemos comprado. Lo comemos, y nos sienta mal. ¿Atribuimos la falta de satisfacción a la carne de pollo (respecto al que ya teníamos prejuicios)? ¿O era la salsa con que lo acompañamos la que no estaba en buenas condiciones?

De cualquier modo, es probable que un nuevo proceso de toma de decisiones similar no lo afrontemos del mismo modo. Esta probabilidad será mucho mayor cuanta más tendencia tengamos a utilizar la CPF. Es decir, cuanto más prudente y/o previsor sea nuestro cerebro.

El caso extremo de toma de decisiones de compra en las adicciones

Entre el punto 5 (satisfacción) y el 1 (estímulo y su percepción) los humamos podemos, pues, reflexionar sobre el resultado obtenido y decidir si vale la pena o no iniciar un ciclo similar y  hacerlo del mismo modo que la última vez, o no.

Esto es lo que nos hace humanos de modo diferencial. La posibilidad de valorar los resultados, la satisfacción, y aprender de los errores.

Una vez más, cuanto más rápido sea el proceso estimulo / motivación-decisión / acción, y menor la intervención de la CPF en el proceso de decisión y de evaluación del resultado, menor será la probabilidad de aprender.

Tomemos como ejemplo la adicción al tabaco.

En este caso los ciclos de compra se encadenan unos con otros con casi total falta de reflexión. Decisiones impulsivas una detrás de otra. El estímulo es interno. Es la sensación de necesidad la que inicia el proceso motivacional de decisión y acción impulsiva.

A veces, una mala experiencia para la salud, no definitiva (que no supere la dosis letal), ayuda a generar espacio para la CPF. A reflexionar sobre las consecuencias, y a tomar una decisión que rompa el bucle continuo.

Volviendo al inicio del post y al anterior. Ahora podemos entender mejor en que se basan las diferencias entres los 4 estilos de toma de decisiones de compra: En el tipo de motivación/emoción más frecuente en la persona y la mayor o menor participación de la CPF en el proceso.

Desarrollo para mejorar los resultados (herramientas 2)

Seguimos reflexionando sobre que tipo de modelos y herramientas nos pueden ayudar más para acompañar a los clientes de coaching.

Continuemos con la pregunta del anterior post.

¿Cómo es más indicado abordar la mejora? ¿Desde la personalidad o desde las conductas y hábitos ?

Para ello tendremos primero que valorar cómo personalidad y conductas y hábitos influyen en la mejora y el desarrollo.

Empecemos con una pregunta:

¿Qué perseguimos con el desarrollo?

La mejora de resultados, ¿verdad?

Al hablar de resultados me refiero a cómo uno se siente en cada una de las situaciones de la vida. De algún modo, lo que aporta cada vivencia a la satisfacción (o insatisfacción) personal.

Una vez pregunté a un directivo de una empresa de qué dependían sus resultados (francamente mejorables). Contestó: ‘de lo que haga mi equipo’.

Mientras uno no es consciente que para mejorar sus resultados (en un tipo de situaciones) tiene que conducirse de un modo diferente (en este tipo de situaciones), no tiene sentido que espere ningún cambio. El directivo citado, podía empezar por plantearse, por ejemplo, un modo más positivo de influir en su equipo. Es obvio, pues, que los resultados los podemos mejorar desde la conducta (lo que hacemos).

Conductas y hábtitos
Sin hacer nada no es posible mejorar los resultados Cambiar la personalidad (‘ser más alto’) es una opción muy difícil, sino imposible, para mejorar los resultados.

Pero la conducta humana está sustentada en hábitos. Normalmente estas conductas y hábitos encajan dentro de un ‘rasgo de personalidad’.

Luego decimos, por ejemplo: ‘esta persona es prudente’.  Porque pone de manifiesto rasgos de prudencia: reflexiona, planifica, estudia, trabaja con meticulosidad, etc.

Es inadecuado, incluso ‘peligroso’, ligar la mejora de resultados y de la satisfacción con la personalidad

Puesto que habitualmente empleamos las herramientas como punto de partida para la mejora de resultados, el proceso hacia el resultado, sería:

Personalidad –> Conductas y Hábitos (rasgos de personalidad) –> Resultado

Cuanto más liguemos la mejora del resultado con la personalidad, a través del modelo empleado, mayor es el riesgo de qué si alguien no está satisfecho con sus resultados se plantee cambiar de personalidad. Puede llegar a pensar que su personalidad no es correcta. Incluso que no son correctas las de los demás (si tiene poca consciencia de sí mismo).

Imagina que a una persona la herramienta la clasifica como introvertida y que para su puesto de trabajo le dice que es necesario un perfil extravertido. ¿Qué va a pensar la persona; qué tiene que darse la vuelta como un calcetín?

La gran mayoría de las herramientas citadas en el artículo anterior (DISC, Insights Discovery, MBTI) están basadas en modelos de personalidad. NeuroQuotient®, no.

Hemos creado una herramienta  basada en un modelo que tiene en cuenta los procesos cerebrales y en cómo influyen en los resultados.

NeuroQuotient® no es una herramienta de personalidad (ni de tipos ni de rasgos). No nos preguntamos como ‘somos’, sino como ‘hacemos’ desde nuestro cerebro. No nos movemos del binomio conductas y hábitos, pero desde un punto de vista más esencial: los neurocomportamientos. Los procesos cerebrales. Entendiendo que pasa en nuestro cerebro cuando nos conducimos de un modo determinado, es más sencillo encontrar modos alternativos para mejorar los resultados. Sin necesidad de cambiar la personalidad.

Conductas y hábitos
Sólo desde la conducta, haciendo algo diferente, logramos mejores resultados.

Cambiar de personalidad es prácticamente imposible. Es mucho más asequible ajustar las conductas y hábitos para mejorar los resultados.

Para dejar más clara la diferencia entre las herramientas de personalidad y NeuroQuotient® en el siguiente post tomaré como ejemplo la ‘prudencia’.

Para ir abriendo camino, te planteo unas par de preguntas previas:

¿Qué puntos fuertes aporta la prudencia?

¿Qué oportunidades de mejora puede tener?