Endorfinas y estado de ánimo. Placer y dolor.

Escribir sobre las endorfinas y el estado de ánimo, y su relación con placer y dolor, estaba en la agenda de NeuroQuotient desde hace tiempo.

Unas palabras de Marta Ligioiz -ponente en una jornada de AEDIPE Cataluña sobre ‘neurociencia aplicada a la gestión de personas’- me lo recordaron.

Hablando de las endorfinas, dijo algo así: ‘Hay días que nos duele todo y cada vez nos sentimos peor. No somos conscientes de que precisamente nos duele todo porque nuestro estado de ánimo está muy bajo. Animarnos es el camino para encontrarnos físicamente mejor’.

Y es que placer y dolor están íntimamente conectados. Con el estado de ánimo positivo se generan endorfinas que no sólo producen placer, sino que calman el dolor. Todo lo contrario del círculo vicioso negativo: ‘no me encuentro bien, todo me duele, cada vez me desanimo más y siento mayor dolor’.

Pero ¿qué sucede en el cerebro para que endorfinas, estado de ánimo, y placer y dolor estén conectados?

Vamos a explicarlo a partir de un estupendo artículo de Siri Leknes y Irene Tracey (A common neurobiology for pain and pleasure – Nature Reviews Neuroscience). Este artículo fue muy importante en la consolidación del modelo NeuroQuotient para explicar las bases cerebrales de la conducta.

Pues bien, la clave está en el sistema cerebral de recompensa, el que favorece comportamientos que son recompensados con placer. Tratamos sobre es sistema de recompensa en un post anterior sobre el TDA.

El neurotransmisor central del sistema de recompensa es la dopamina que se genera en el ‘area tegmental ventral (ATV) en el mesencéfalo.  Cuando llega una señal sensorial de recompensa al ATV, se libera dopamina en otro centro límbico del cerebro, el núcleo accumbens (NAc).

Es muy importante tener en cuenta que la señal sensorial puede ser vivida, o recordada o imaginada. ¡Nuestro cerebro no las distingue!. De ahí que ‘enfocarse’ en positivo, o no, sea determinante en cuanto a placer y dolor.

También vale la pena recordar que la dopamina no proporciona directamente placer. Solo interviene en la motivación de los comportamientos placenteros. La sensación de placer -la experiencia hedónica- está relacionada con otras moléculas. Con un tipo de neuropéptidos, concretamente con los opioides endógenos, de los que forman parte las endorfinas.

Se llaman opioides porque se unen a los mismos receptores que los derivados del opio, cómo la morfina, la heroína, etc. Son endógenos por que los genera el propio organismo. Y se les clasifica según el tipo de receptores sinápticos por los que tienen mayor afinidad. Las endorfinas son los que tienen mayor afinidad por los receptores  µ (mu).

En las endorfinas está la explicación de la relación entre placer y dolor

Las endorfinas -que se liberan, también, en el NAc-  no sólo aumentan la sensación de placer, también actúan como analgésicos, calmando el dolor.

El estado de ánimo positivo pone en marcha el sistema de recompensa generando endorfinas que aumentan el placer y disminuyen el dolor

Pero, además, la dopamina  y los μ-opioides están relacionados. Se ha comprobado que las endorfinas aumentan con la dopamina fásica (la que se libera de modo específico, ante un estímulo anticipatorio de una recompensa). Las endorfinas, por contra, disminuyen con la dopamina tónica (que se libera de un modo más constante, cómo un ruido de fondo). No toda la dopamina, igual cómo suscede con la serotonina, es igual.

Y todavía más, las endorfinas aumentan la dopamina fásica (inhibiendo las interneuronas GABAérgicas del ATV, *importante, ver al final)  y disminuyen la dopamina tónica. Es decir, dopamina fásica y endorfinas se refuerzan mutuamente. Podemos decir que entramos en un bucle en que positividad y placer se retroalimentan.

estímulo predictor de recompensa (estado de ánimo positivo) -> dopamina fásica (motivación) -> endorfinas (más placer y menor dolor) -> más dopamina fásica -> mejor estado de ánimo

Ahí está, pues, la explicación a la propuesta de Marta Ligioiz. Recordando una vez más que el estímulo predictor de recompensa puede ser interno (imaginado o recordado). Es decir, el estado de ánimo positivo aumenta el placer y disminuye el dolor; mejorando el estado de ánimo.

A la inversa, claro, también vale. O mejor, no vale. El desánimo, genera menos placer y más dolor, y refuerza el estado de anímo negativo.

No olvides que al tomar benzodiazepinas para tranquilizarnos, también afectamos negativamente el estado de ánimo. Las benzodiacepinas frenan el sistema de recompensa.

*Tener en cuenta que el GABA es el principal neurotransmisor modulador.  Al disminuir el GABA se libera más dopamina. No olvidar que las benzodiacepinas que se usan para calmar la ansiedad, disminuir el estrés y como somníferos, actúan como el neurotransmisor GABA en las interneuronas de la amígdala. También actuan en el área tegmental ventral (ATV), frenando la liberación de dopamina fásica, con la consiguiente pérdida de respuesta ante los estímulos predictores de recompensa y afectando el estado de ánimo.

 

Asertividad en el cerebro. Sistema de amenazas o del miedo.

En este artículo queremos tratar sobre asertividad desde el punto de vista de la neurociencia. ¿Qué ocurre en el cerebro que dificulte la asertividad? ¿Cómo podemos aprovechar los fundamentos de neurociencia que aprendemos con NeuroQuotient para aumentar la asertividad?

Concepto de asertividad

Empezaremos por definir que entendemos por asertividad. Veamos que dice Wikipedia

‘La asertividad consiste en conocer los propios derechos y defenderlos, respetando a los demás… Como estrategia y estilo de comunicación, la asertividad se sitúa en un punto intermedio entre dos conductas polares: la pasividad, que consiste en permitir que terceros decidan por nosotros, o pasen por alto nuestros derechos; y … la agresividad, que se presenta cuando no somos capaces de ser objetivos y respetar las ideas de los demás’.

Entendemos la asertividad como un punto intermedio entre la agresividad y la pasividad.

Es importante tenerlo en cuenta, ya en algunos lugares y acepciones se define a la persona asertiva como más cercana a actuar con dominancia y/o agresividad. ‘Dada a hacer afirmaciones o demandas audaces; dogmática o agresiva’.

¿Pero, qué sucede en el cerebro cuando la asertividad es baja? Cuando estamos lejos del punto medio entre agresividad y pasividad.

Respuesta del (cerebro) animal a las amenazas a su supervivencia

Para entenderlo más fácilmente empezaremos por ver qué sucede en el cerebro de los animales.

Ante una señal de amenaza en el cerebro animal se pone en marcha la amígdala y el estrés, para luchar, huir o pasar desapercibido.

Ya hemos visto alguna vez que los animales captan señales del entorno con sus sentidos, y su memoria de especie guía su respuesta a estas señales. La respuesta depende del sistema cerebral límbico que la conjunción señal/memoria ponga en marcha.

Uno de estos sistemas cerebrales es el de las amenazas o del miedo. El que responde a las señales que la memoria considera amenazantes para la supervivencia. Recordar que hay tres tipos de tipos de respuestas: lucha, huida o bloqueo.

Sí puede hacer frente a la amenaza, el animal ‘lucha’. Si no, huye. Si la amenaza es muy grande, de tal modo que al huir sólo se haría más evidente ante su predador, entonces se queda quieto, paralizado, bloqueado. Es la respuesta de especie de un conejo ante los faros de un coche. En este caso mal-adaptativa, ya le puede valer para pasar desapercibido frente a un halcón, pero es muy probable que el coche lo atropelle.

Dentro del cerebro, la señal y la memoria (hipocampo) activan la amígdala (el centro límbico de las amenazas o del miedo). La amígdala pone en marcha la noradrenalina en el cerebro y la adrenalina en el cuerpo. Es decir, la vía rápida del estrés, que sirve tanto para luchar como para huir.

¿Y en el cerebro humano, que sucede?

Pues, también tenemos es sistema de amenazas o del miedo. En nuestro caso, pero, no sólo se activa con las señales del entorno. Sino que también lo podemos poner en marcha con el pensamiento, con la imaginación y con los recuerdos; más allá de la memoria de especie.

Con baja asertividad expulsamos el estrés hacia fuera con agresividad o lo retenemos dentro y mostramos pasividad.

Nuestra actuación, nuestra conducta, puede ser agresiva (si conectamos con la respuesta de lucha animal) o pasiva (si conectamos con la huida o con el bloqueo).

Veámoslo. Imaginemos una situación social en la que queremos que se respeten nuestros derechos, nuestras necesidades, con baja asertividad:

Si tenemos tendencia a la respuesta de lucha, con las señales externas -amplificadas por las internas (imaginadas o recordadas inconscientemente)- se pondrá en marcha la amígdala y, continuación, el estrés para ‘luchar’. Pero, cómo es poco habitual que acabemos a ‘bastonazos’, entonces liberamos el estrés con ira y agresividad. Gritando. Y los demás nos perciben como agresivos, prepotentes, arrogantes. Poco asertivos, y perdemos su confianza.

Si somos más propensos a la respuesta de huida. Entonces, con las señales externas e internas, también se pone en marcha la amígdala y, continuación, el estrés. En este caso para ‘huir’. Pero, no es muy normal que salgamos huyendo en una situación social que percibimos como una amenaza (en todo caso la evitamos de entrada o tenemos ganas de que acabe). Así que la energía del estrés queda dentro del cuerpo. Nos sentimos nerviosos, incapaces de pensar y mentalmente bloqueados. No sabemos que decir. Callamos y no defendemos nuestras necesidades. Nos manifestamos con baja asertividad. Con pasividad. Mostramos poca confianza en nosotros mismos.

La herramienta NeuroQuotient nos ayuda a ver de que modo conectamos, normalmente incoscientemente, con este tipo de conductas.

asertividad
Fig 1. ¿Tanto detrás de las conductas pasivas y como de las agresivas está el sistema de amenazas? ¿Son también ambos tipos de conductas una muestra de miedo?
¿Cómo podemos aumentar la asertividad? ¿Cómo podemos alejarnos de la agresividad o de la pasividad?

Repasemos un poco:

  1. En ambos polos, con baja asertividad, está el sistema de las amenazas o del miedo.
  2. En el centro de este sistema está la amígdala cerebral que pone en marcha el estrés.
  3. Con nuestro foco de atención externa y/o interna amplificamos las señales de amenaza (miedo).

¡Se tratará pues, en primer lugar, de procurar no excitar la amígdala innecesariamente!

Además, ya hemos comentado alguna vez que en entre la parte de la amígdala que recibe la señal y la que pone en marcha el estrés, están las neuronas CIT.  Células intercaladas de GABA.

El GABA es el principal neurotransmisor modulador. Estas neuronas las podemos activar con nuestro pensamiento. Con la CPF (corteza prefrontal), resignificando, reencuadrando. Conectando con otras memorias que no impliquen amenazas, sino seguridad (tranquilidad y/o autoconfianza).

  1. Con nuestro foco de atención externa y/o interna podemos disminuir las señales de amenaza (miedo) y aumentar las de auto-confianza (no agresiva).
¡Con nuestro pensamiento podemos calmar o pre-calmar la amígdala!
Otra estrategia para el polo agresivo de la baja asertividad. La empatía.

Hay otra forma de activar las neuronas de GABA y tranquilizar la amígdala: La oxitocina.

Las personas con mayor nivel de oxitocina son más propensas a la confianza y colaboración. Habrás oído hablar de un estudio de Konsfeld en el que demostró que la oxitocina (exógena) favorece la confianza y la cooperación. La razón es que la oxitocina a través de activar las neuronas CIT de GABA calman la amígdala y producen tranquilidad y bienestar.

Pero estamos convencidos que no sólo la oxitocina favorece este tipo de conductas, sino que este tipo de conductas aumentan la oxitocina.

La cooperación, confianza, colaboración, implica poner atención a las necesidades de los demás. Empatizar con ellos.

  1. Con alta tendencia al polo agresivo. El vivir experiencias de confianza y colaboración, aumenta la satisfacción y calman la amígdala.

¡Podemos disminuir la reactividad de la amígdala practicando conductas empáticas y de colaboración!

Finalmente, una vez somos capaces de gestionar el sistema de amenazas o del miedo, y de calmar la amígala, es necesario desarrollar una estrategia de comunicación: Cómo expresar nuestras necesidades con asertividad.

Pero esto va más allá del objetivo en este post.

Sobre ellos encontrarás cursos y libros en la red.

Gestión del estrés. Aprende a no aumentar el estrés desde la neurociencia

Gestión del estrés, estrategias para no aumentarlo

Imagino que después del anterior artículo te quedarán pocas dudas de que resulta más eficiente no aumentar el estrés que sólo disminuirlo.

Una razón añadida es que, a menudo, tomamos consciencia de la necesidad de gestión del estrés cuando ya es muy alto y se ha convertido en estrés crónico o ansiedad. O cuando es difícil reducirlo y/o cuando ya hay otros daños colaterales como úlceras gástricas, problemas cardíacos, etc.

Este post lo dedicaremos a apuntar y comentar (desde el conocimiento del cerebro, en base a NeuroQuotient) estrategias para la gestión del estrés para evitar aumentarlo. Y a algunas otras cosas que, por lo general, no somos conscientes que no hacemos bien al respecto.

El estrés es la respuesta a las señales de amenaza o de miedo. Pero, en los humanos, estás amenazas pueden que estén sólo en nuestra mente o que las intensifiquemos con ella

Vamos primero a revisar algunos conceptos del funcionamiento del cerebro y del cuerpo, ya tratados en el post anterior, pero que es conveniente tener muy presentes para comprender las estrategias de gestión del estrés.

Primero, detrás del estrés está, principalmente, el sistema de amenazas o del miedo.

En este sistema trabajan coordinadas la percepción (con los sentidos), la amígdala y la memoria (hipocampo). Si la memoria indica que la señal percibida es de peligro, entonces toca correr o luchar (si la memoria cree posible hacer frente, con éxito, a la amenaza). Si la exposición al peligro dura un cierto tiempo (10 min) empieza a actuar el cortisol, que puede tener efectos secundarios negativos importantes.

Pero, los animales humanos, con la CPF (corteza prefrontal), podemos dirigir la atención, imaginar o recordar, con lo que las señales de amenaza no tienen que proceder necesariamente de una percepción directa de los sentidos. Es, obvio, que según como utilicemos la CPF el resultado respecto a la gestión del estrés puede ser muy diferente. Acostumbro a decir que algunas veces imaginamos leones donde no los hay y nunca los habrá y/o que convertimos ratones en leones.

Pero, también, con el pensamiento, con la CPF, podemos resignificar las señales de amenaza y, gracias a las neuronas de GABA, frenar la activación de la amígdala y el estrés. 

En el anterior post olvidé -adrede- profundizar en lo que es otra de las claves para evitar aumentar el estrés y en la que también interviene la corteza prefrontal. Decía que entre la amígdala basolateral (la que recibe la señal de peligro) y la amígdala central (la que desencadena la lucha o huida), hay unas células intercaladas (CIT).

Estas CIT, son neuronas del neurotransmisor GABA (ácido gamma aminobutírico). Con su activación frenan la amígdala central y no se pone en marcha el estrés, ya que el GABA es principal neurotransmisor modulador.

¿Qué cómo se activan? Pues con un mensaje de la CPF diciendo, esta señal, que parecía de miedo, era una falsa alarma.

Estos días, post verbenas del solsticio de verano, a algunos niños todavía les quedan petardos. Es frecuente andar por la calle y llevarse un susto. El ruido nos dispara la amígdala, pero pronto la frenamos pensando algo así como, ‘m.c.s.m., sólo era un petardo’.  Así nos tranquilizamos.

Otra manera bastante habitual de frenar la amígdala y el estrés es con fármacos tranquilizantes y somníferos. Normalmente benzodiazepinas. Diazepam (valium), alprazolam (tranquimazin), lorazepam (orfidal), etc. Las benzodiazepinas actúan del mismo modo que el GABA en los receptores de la amígdala central.

No lo considero aconsejable. Las benzodiazepinas crean adicción. Además, también, hay células de GABA en el sistema de recompensa, con lo que no sólo inhibimos el miedo, también las ganas de vivir.

La cafeína actúa como la noradrenalina, ayuda a despertar, pero activa el sistema del estrés

Tampoco dije qué en la puesta en marcha del estrés interviene la noradrenalina. En conexión con la amígdala- y desde el locus coeruleus- es la que activa el sistema nervioso simpático y frena el parasimpático.

Previo a la adrenalina, que actúa principalmente en el cuerpo, se activa la noradrenalina en el cerebro. Un exceso de noradrenalina implica estrés cerebral.

Lo apunto ahora, por dos razones.

Primera porque es muy importante mantener el equilibrio entre las dos ramas (simpática y parasimpática) del sistema nervioso autónomo. Lo veremos cuando hablemos de cómo disminuir el estrés.

Y segunda, más pertinente ahora, porque en los receptores de noradrenalina, y del mismo modo que ella, actúa uno de los ‘despertadores’ más cotidianos: la cafeína.

Recuerdo -hace ya muchos años- a una persona que, para activarse se por la mañana, y durante el día, tomaba varios cafés. Luego, para frenar por la noche, recurría a los somníferos. Bien, cada uno es responsable de sí mismo. Tal vez si hubiera leído este post habría cambiado de estrategia de gestión del estrés.

Veamos ahora cuáles son las principales fuentes internas del estrés. ¿Te identificas con alguno de estos neurocomportamientos?

Entonces ¿Qué podemos hacer no aumentar-nos el estrés, para no auto-estresarnos?

El primer paso es tomar consciencia de cuáles son los hábitos de conducta con los que podemos activar, sin necesidad, el sistema cerebral del miedo o de las amenazas.  Muchos de ellos tienen que ver en cómo acostumbramos a utilizar y a enfocar el pensamiento.

  1. ¿Acostumbras a preocuparte (a poner la atención en el futuro en negativo)?
  2. ¿Tienes tendencia al perfeccionismo (necesitas que todo te salga bien)?
  3. ¿Quieres abarcarlo, controlarlo, todo, con un gran nivel de autoexigencia?
  4. ¿Impaciente; te cuesta esperar; lo quieres para ahora mismo?
  5. ¿Tiendes a ver a los demás como una amenaza para tus intereses?
  6. ¿Tienes tendencia a ‘escuchar’ en negativo tus sensaciones corporales de estrés?
  7. ¿Qué tal es tu dosis diaria de café?
  8. ¿Cómo es tu relación con las benzodiazepinas?

Por cierto, si te resulta complicado identificar estas fuentes que dificultan la gestión del estrés, con la herramienta neuroquotient, lo tendrás claro en 15 minutos.

Una vez identificados tus puntos de mejora, se trata de diseñar neurocomportamientos alternativos para las situaciones en que lo creas conveniente.

Ya te habrás dado cuenta que en la mayoría de casos se trata de evitar crear o intensificar señales de miedo (no convertirlas en leones) que empujan al sistema de amenazas a luchar o a huir, sin que sea necesario.

Una vez identificados algunas neuroconductas que dificultan la gestión del estrés, veamos algunas ideas sobre cómo evitar aumentarlo

Ahí van algunas ideas concretas para la mayoría de los puntos anteriores. Están referenciadas del mismo modo.

Preguntarte ¿Qué es realmente importante?, está en la base de muchas de estas ideas.

  1. En lugar de preocuparte, decide que es importante y actúa. No te quedes dándole vueltas.  La excesiva reflexión con preocupación mata la acción. Aprovecha tu energía dirigiéndola hacia la acción. Preocupándote desencadenas tu energía y la malgastas; y puedes acabar somatizando el estrés.                                                                                                                                                                   Y procura cambiar tu foco en positivo. Te cuesta lo mismo pensar que lo vas a conseguir que imaginar lo contrario.
  2. ¿Perfeccionismo?  Otra vez, decide que es importante. Olvídate de detalles irrelevantes. No todo necesita el mismo nivel de precisión. Prioriza. Hay muchas cosas en que, si fallas, no pasa absolutamente nada. Hay otras -menos- que mejor que salgan bien.
  3. Si quieres tenerlo todo controlado, con alta autoexigencia. Ten en cuenta que no todo es posible al mismo tiempo. Tienes unos recursos de tiempo limitados, sobre todo si lo tienes que hacer tu solo. Entonces, una vez más, prioriza. Y organízate para aprovechar el tiempo. Anota en tu agenda cuando vas a ocuparte de cada cosa. No pretendas tenerlo todo en tu cabeza, generándote estrés en tu CPF.

Fíjate, que cuando sabes que es lo importante, puedes ocuparte de ello y, al mismo tiempo, dejas de preocuparte de lo que no lo es.

Por otra parte, respecto a lo no importante, puedes desde tu CPF (tu pensamiento) enviar un mensaje de tranquilidad a tu amígdala. ‘Me ocupo de lo importante. No hay motivo de alarma’

Y continuamos con la ideas par evitar aumentar el estrés, siguiendo los puntos de la lista para la toma de consciencia

  1. La impaciencia, por lo general, tiene que ver con la preocupación. Tenemos la atención puesta en el futuro y en negativo. ‘No viene el tren. Llegaré tarde’. ¿Es de vida o muerte el que llegues a la hora? Si tan importante es, ocúpate, busca una alternativa para conseguirlo. Si no puedes hacer nada, no tiene sentido que te preocupes.
  2. Los demás como amenaza. Con frecuencia la falta de confianza en alguna persona hace que la percibamos como una amenaza. Su simple presencia o, sólo, el pensar en ella hace que se dispare el sistema del miedo. Y, cómo no es habitual ‘pegarnos con los demás’, una vez más la energía se acumula como estrés dentro del organismo. Para evitarlo, ya sabes, cambia tu enfoque respecto estas personas, si son importantes para ti. Pasa de ellas si no lo son.

La impaciencia respecto a los demás tiene que ver más con ‘la lucha’ y con un nivel de exigencia, a veces, desproporcionado. ¡Cuidado! A menudo, el ‘luchar’ con los demás también es un modo de liberarse del estrés y evitar somatizarlo.

Para no incrementar el estrés cuando tiene que ver con la ‘lucha’ hay un modo de tratarlo diferente. Tiene que ver con la confianza y la oxitocina, y da para más de un artículo. En cierto modo lo avanzamos al tratar de la ‘empatía para desactivar el acoso escolar‘ (justo al final del post).

  1. Tendencia a escuchar e interpretar en negativo las sensaciones corporales. Si los síntomas son muy intensos, si es grave, ve al médico. Si no, pon la atención en las mismas, pero sin intentar interpretarlas ni controlarlas. Deja que evolucionen por si mismas. Tu cuerpo es sabio y por si solo llegará al equilibrio. Esta idea esta en parte relacionada con la técnica TIPI. !Atención! TIPI es mucho más que esto (para más información puedes informarte directamente de su creador, Luc Nicon).

Finalmente los elementos exógenos. Dogras más o menos

  1. Respecto al café poco hay que decir. !No abuses! Sobretodo si  tu organismo es especialmente sensible al mismo.
  2. Si tienes que tomar benzodiazepinas, es que tu nivel de estrés está ya muy alto. No te lo aumentes, por lo menos. Y mucho menos con cafeína. Los somníferos producen somnolencia, contrarrestarla con cafeína es bastante absurdo. Como alternativa al somnífero puedes probar con algo más natural, como la valeriana. Eso si, huele muy mal, por esto no creo que haya riesgo de adicción.

En general, para situaciones que se repiten y que te ponen en marcha la amígdala y el estrés, es importante cambiar el foco de atención o hacer el clic con la neuronas CIT lo antes posible.

 

 

 

 

 

Empatia para desactivar el acoso escolar (Inteligencia Emocional -1)

Las noticias, algunas veces dramáticas, son una fuente de inspiración para poder comentar y entender la conducta humana desde la neurociencia.

El modelo y la herramienta NeuroQuotient de coaching para desarrollo del liderazgo lo hacen posible. En esta ocasión veremos cómo nos ayuda a imaginar actuaciones, alrededor de la inteligencia emocional y la empatía, para mejorar un entorno de acoso escolar. La neurociencia (de verdad) es de gran ayuda en los dos primeros etapas del desarrollo de la inteligencia Emocional (consciencia y gestión de uno mismo).

En este caso vamos a ver un artículo publicado en la web de la cadena ser.

“O soy invisible o no puedo vivir en paz”

Un informe del Defensor del Pueblo Andaluz recoge testimonios espeluznantes de menores que son víctimas de acoso escolar en los colegios andaluces.

http://cadenaser.com/emisora/2017/02/13/radio_sevilla/1486987723_920785.html

Empecemos por las conductas animales básicas ante los estímulos de amenaza o miedo

Para entender que sucede en estos casos de acoso, nos tenemos que remontar a los animales. No creo que nadie dude que los humanos somos una especie animal más. Tal vez algo más evolucionada. Aunque, al leer noticias como esta, pienso que evolucionada tal vez sí, pero a peor.

Repasemos como se conducen los animales ante un estímulo de amenaza o de miedo.

Cuando el animal percibe con sus sentidos una señal de amenaza o de miedo, su memoria de especie le dice cómo actuar para preservar su supervivencia.

Si tiene grabado en su memoria que es fuerte para hacer frente a la amenaza, entonces lucha. Si no puede hacerle frente, ‘huye’.

Pero queda una tercera opción. Veámoslo, con un ejemplo. Cuando un conejo, con su visión periférica, percibe a un halcón, no lo  ataca (sería absurdo) ni huye (se haría mucho más perceptible). Entonces, se queda quieto, bloqueado, inhibido.

Todos hemos visto un conejo o un perro quedarse ‘parado’ ante los faros del coche.

El bloqueo, la inhibición en los humanos. Los niños acosados se quedan indefensos.

Las frases siguientes, extraídas del artículo y pronunciadas por niños acosados. ¿Qué son sino ejemplos de puesta en marcha del sistema del bloqueo?

“no encontraba fuerzas para sonreir pero tampoco para suicidarme y lo único que hacía era encerrarme en la habitación y llorar”.

quería ser “invisible” porque creía que era la única forma de “vivir en paz”.

“odiaba” ir al colegio “porque cada día pensaba que el siguiente me esperaba un infierno y así era”.

En otro post veremos cuál es el proceso interno por el que los niñ@s acosados llegan a una situación extrema. Esperemos que no límite, como podría ser una depresión.

El comprender este proceso nos facilitará imaginar actuaciones para ayudarlos. Dejemos apuntado qué en la mayoría de casos, estos niños, son los que tienen mayor empatia. Mayor capacidad para percibir emociones. También, por esto, quedan más negativamente afectados por las actuaciones agresivas.

El sistema cerebral que mueve a los acosadores también es el de las amenazas o del miedo

Ahora veamos qué pasa con los animales humanos involucionados que provocan estas situaciones.

Volvamos atrás.  Los animales ‘luchan’ para defenderse de las amenazas. Principalmente para defender su territorio, su ámbito de supervivencia. Tener en cuenta, pero, que cuando el león ataca a una gacela o lucha con otro león para hacerse con el dominio de la manada, su motivación no está relacionada con el sistema del miedo o de las amenazas. Estas conductas tienen que ver con el sistema cerebral de recompensa que favorece la supervivencia a través del placer (básicamente, alimentarse y reproducirse).

Entonces, el acosador es un ejemplo de empleo del sistema de la ‘lucha’ para ampliar su territorio a costa de los más débiles. Tal vez, con una motivación (creo que no consciente) de recompensa placentera esperada. Tal vez, para manifestarse como ‘macho’ dominante ante su ‘manada’,   poniendo de manifiesto su propia inmadurez e inseguridad. Su propio miedo.

En los animales, las conductas anteriores son guiadas por la memoria de especie. Pero el humano puede influir, más o menos, en su conducta con su corteza prefrontal, dirigiendo la atención y el pensamiento y regulando sus sistemas más primitivos.

Así pues, podemos esperar un menor desarrollo prefrontal en los acosadores. Y como la corteza prefrontal alberga las capacidades cognitivas más importantes, es lógico pensar que pocas veces (excepto cuando haya una motivación sádica) sean los más inteligentes. En cuanto al coeficiente IQ, naturalmente.

Podemos reeducar el acoso en la escuela desarrollando la inteligencia emocional (EQ), la empatía. Con ella desactivamos el miedo … !del acosador!

¿Qué podemos hacer para facilitar la desactivación de los acosadores?

Desde el principio, quiero pensar en otros caminos distintos del castigo. Lo considero contraproducente. Entonces ya tienen una justificació, algo contra lo que luchar. Tampoco el desarrollar su inteligencia cognitiva (IQ) parece el camino.

Estoy convencido que la vía pasa por trabajar la inteligencia emocional (EQ). Concretamente, desarrollar la empatía. Se trata de que tomen una vívida consciencia de que sus resultados emocionales son infinitamente mejores ayudando a los acosados que con cualquier actuación en contra de ellos. Con tomar ‘vívida conciencia’ me refiero a que lleguen a sentirlo.

No soy educador y no imagino exactamente como llevarlo a la práctica. Tampoco es objeto de este post. Pero estoy convencido que este es el camino. Veamos porque.

La empatia y los comportamientos de colaboración, liberan oxitocina en las neuronas intercaladas de GABA (moduladoras) de amígdala. Así se  calma el sistema de las amenazas o del miedo que impulsa tanto la lucha como a la huida. Llevar al ‘acosador’ a experimentar este ‘placer de tranquilidad’ es mucho más efectivo que castigarles estimulándoles el sistema de ataque.