Estrés, ansiedad y neurociencia. Con ansiedad escapamos más rápido de un estímulo de miedo.

En este post veremos la relación entre estrés, ansiedad y neurociencia. Es decir, las bases cerebrales de la ansiedad y el estrés. Empezaremos tratando la relación entre ansiedad y estrés. Hasta ahora en este blog sólo nos habíamos hablado de estrés. Para todo ello, nos referiremos a un artículo resumido en Neuroscience News, que nos explica que con ansiedad exageramos la repuesta ante las señales de miedo.

En este post nos vamos a enfocar en los fundamentos de la ansiedad en neurociencia. Al mismo tiempo trataremos de la ansiedad y el estrés. De las similitudes y diferencias, y de la relación que existe entre ansiedad y estrés.

En artículos anteriores, desde NeuroQuotient®, hemos escrito ya sobre estrés y neurociencia. Principalmente, sobre el estrés autoinducido (¿disminuir o no aumentar el estrés?).  También hemos visto cómo gestionar el estrés. Concretamente, cómo evitar aumentarlo (aprender a no aumentar el estrés desde la neurociencia).

Teníamos pendiente, pero, tratar sobre la relación entre estrés, ansiedad y neurociencia. La decisión de ponernos a ello ha llegado con la lectura de un resumen de Neuroscience News: Anxious people quicker to flee danger (las personas ansiosas huyen más rápido del peligro).

El resumen es sobre el artículo de Boweng J. Fung et al, Slow escape decisions are swayed by trait anxiety. Publicado en Nature Human Behavior. Las decisiones de escape lentas (cuando hay tiempo para pensar) están influidas por los rasgos de ansiedad.

Este artículo nos sirve para confirmar nuestras ideas respecto a ansiedad y neurociencia. Por un lado, sobre cuáles son los centros cerebrales involucrados en la ansiedad. Por otro, el punto de vista de NeuroQuotient® de que algunos procesos cognitivos, qué se nos dan muy bien, nos pueden limitar. Por ejemplo, queriendo frenar la ansiedad, conseguimos todo lo contrario. En la parte final del post lo comentaremos a fondo.

En este blog hablamos más de estrés que de ansiedad

Si en post anteriores nos hemos enfocado en el estrés y no en la ansiedad y neurociencia, es debido a que la herramienta NeuroQuotient® y, en consecuencia, este blog está más centrados en coaching y en contextos de empresa. También son muy apropiados para psicología y coaching personal, pero menos para psiquiatría y medicina.

Nuestro propósito es facilitar herramientas a los coaches y psicólogos, para que ayuden a sus clientes a aumentar su satisfacción y autoliderazgo. En este caso, por ejemplo, gestionando mejor el estrés; uno de los problemas más comunes de nuestra sociedad. Cuando se trata de temas psiquiátricos, cómo los trastornos de ansiedad, preferimos dejar paso a los profesionales de la psiquiatría.

Del mismo modo que los profesionales se definen en sentido contrario. Uno de referentes en psiquiatría en el tema de la ansiedad es el Dr. Antoni Bulbena. En su libro Ansiedad. Neuro conectividad: La Re-evolución, dice textualmente: ‘Estrés es una palabra muy usada en el lenguaje popular pero que los profesionales tendemos usar poco’.

En NeuroQuotient dejamos, pues, los trastornos psiquiátricos para los profesionales. Sin embargo, no hemos de olvidar qué para determinar los sistemas cerebrales claves en la conducta humana, nos hicimos la siguiente pregunta: ¿Cuáles son los centros y corrientes cerebrales involucrados en los trastornos más frecuentes? Qué sucede en la depresión, en el TDA, etc. También en los trastornos de ansiedad. Por esto podemos entender con facilidad la relación entre ansiedad y neurociencia.

Ansiedad y estrés según los profesionales

¿Qué nos dicen los expertos?

La SEAS, Sociedad Española para la Ansiedad y el Estrés,  en el apartado de preguntas y respuestas, nos hablan de la ansiedad cómo una emoción. ‘Una emoción desagradable … que surge en una situación ante la que el individuo percibe una amenaza (posibles consecuencias negativas). Para afrontar esta situación y tratar de reducir las consecuencias negativas el individuo debe ponerse en alerta’.  

Se manifiesta en diferentes niveles …

A nivel cognitivo-subjetivo, … se caracteriza por sentimientos de malestar, preocupación, hipervigilancia, tensión, temor, inseguridad, sensación de pérdida de control, percepción de fuertes cambios fisiológicos (cardíacos, respiratorios, etc.)  

nivel fisiológico, … se caracteriza por la activación de diferentes sistemas, principalmente el Sistema Nervioso Autónomo y el Sistema Nervioso Motor. Aunque también se activan otros, como el Sistema Nervioso Central, o el Sistema Endocrino, o el Sistema Inmune… 

nivel motor u observable, … se manifiesta como inquietud motora, hiperactividad, movimientos repetitivos, dificultades para la comunicación (tartamudez), evitación de situaciones temidas, consumo de sustancias (comida, bebida, tabaco, etc.), llanto, tensión en la expresión facial, etc.’

Siguiendo con la SEAS. Respecto al estrés nos explican…

 ‘Actualmente el estrés se interpreta como un proceso interactivo, en el cual están en juego las demandas de la situación y los recursos del individuo para afrontar la situación. Las demandas de la situación dependen de la valoración subjetiva que el individuo realiza sobre cómo dicha situación afectará a sus intereses. Por lo tanto, una misma situación puede ser mucho más estresante para un individuo que para otro.

A su vez, los recursos de afrontamiento son valorados también por el propio individuo, que puede juzgarlos inadecuados, aunque realmente no lo sean. Este sesgo en la valoración de los recursos propios originará también una mayor reacción de estrés, una mayor sobrecarga, y un peor aprovechamiento de los recursos propios’

Qué relación ven entre ansiedad y estrés en la SAES

 ‘¿Ansiedad y estrés, se pueden usar como sinónimos?

 ‘En muchas ocasiones los términos ansiedad y estrés se usan como sinónimos, sin embargo, existen campos de trabajo en investigación y en la práctica profesional diferentes, aunque ciertamente con algunos solapamientos.

El estrés es un proceso en el cual el individuo se enfrenta a las demandas de una situación importante para él. Este proceso puede desencadenar una reacción de ansiedad, que es una emoción desagradable que surge ante una posible amenaza.

Ahora bien, el estrés también puede desencadenar otras reacciones emocionales distintas de la ansiedad, por ejemplo: alegría, satisfacción, enfado, tristeza, etc.’

¿Y cómo vemos en NeuroQuotient® esta relación entre ansiedad y estrés?

En nuestra interpretación relacionamos estrés, ansiedad y neurociencia. Veamos:

Ante una amenaza o un peligro real (o imaginado), se activa la amígdala cerebral que forma parte del sistema de amenazas o del miedo. A continuación, se pone en marcha el sistema del estrés para poder luchar (hacer frente a la amenaza) o huir.

El estrés está relacionado con el sistema nervioso autónomo (SNA). En el estrés se activa la rama simpática del SNA (adrenalina) para desencadenar energía y luchar o huir. El corazón late más rápido, se dilatan los bronquios, se tensan los músculos, etc. Pero, también se frena la rama parasimpática del SNA. Esta rama parasimpática ayuda a la recuperación de energía. Facilita, por ejemplo, la secreción de saliva, y la digestión; el descanso, cerrando las pupilas y los bronquios. Por esto, cuándo estamos estresados, con la rama parasimpática del SNA menos activa, aparecen sequedad de boca, problemas digestivos, dificultad para dormir, etc.

Pero, cómo avanzábamos, en los humanos la amenazas, los estímulos de miedo, nos los podemos imaginar (‘imaginamos leones dónde no los hay’) o exagerarlas (‘convertimos ratones en leones’). En este caso, interviene nuestra corteza prefrontal (CPF), el cerebro pensante, interpretando las situaciones. Cuando es alta la tendencia a poner la atención en pequeños peligros, reales o imaginados, e interpretarlos negativamente y con exageración, podemos hablar de ansiedad. Naturalmente, si todo ello está acompañado de síntomas de estrés.

Además, normalmente, los humanos en una situación social no luchamos ni huimos físicamente. No se activan del todo nuestros sistemas motores. Por tanto, no liberamos la energía que desencadena el sistema del estrés y podemos acabar somatizándola.

También, permanentemente estresados, no sólo estamos en estado de alerta, sino que se pone en marcha la vía lenta del estrés. La del cortisol. El cortisol, entre otras funciones, consume las reservas del cuerpo para liberar más energía, y acabamos agotados.

Y podemos añadir la interpretación en negativo de las señales físicas del estrés.

Si tenemos tendencia a la ansiedad interpretamos negativamente las señales físicas del estrés somatizado. Tenemos, pues, otra fuente de amenaza imaginada. La consecuencia es, por lo tanto, más ansiedad y estrés.

Así pues, desde NeuroQuotient, vemos la característica fundamental de la ansiedad en la interpretación exagerada, y en negativo, de los posibles estímulos de miedo (a veces imaginados) y de las señales corporales de estrés.  El origen de la ansiedad está, pues, en nuestra capacidad pensante.

Con todo ello, estamos más alerta y más preparados para que se active el sistema del estrés. Y el ciclo se va reforzando en negativo.

Cuando esta tendencia y síntomas son muy altos podemos caer en un …

… Trastorno de Ansiedad generalizada

Veamos que nos dice el NHI, National Institute of Mental Heath sobre el Trastorno de Ansiedad Generalizada:

 ‘Las personas con trastorno de ansiedad generalizada se preocupan extremadamente o se sienten muy nerviosas por … muchas … cosas, incluso cuando hay poca o ninguna razón para preocuparse. No les es fácil … controlar su ansiedad y mantenerse concentradas en las actividades diarias.

¿Cuáles son las señales y los síntomas del trastorno de ansiedad generalizada?

  • Preocuparse demasiado por las cosas cotidianas
  • Tener problemas para controlar sus preocupaciones o sentimientos de nerviosismo
  • Ser conscientes de que se preocupan mucho más de lo que deberían
  • Sentirse inquietas o tener dificultad para relajarse
  • Tener problemas para concentrarse
  • Sorprenderse fácilmente
  • Tener problemas para dormir o para permanecer dormidas
  • Sentirse cansadas todo el tiempo
  • Tener dolores de cabeza, musculares o del estómago o molestias inexplicables
  • Tener dificultad para tragar
  • Tener temblores o tics (movimientos nerviosos)
  • Sentirse irritables o nerviosas
  • Sudar mucho, sentirse mareadas o que les falta el aire
  • Necesitar ir al baño a menudo

 En resumen, lo que comentábamos, una alta tendencia a imaginar, interpretar y anticipar en negativo (preocuparse). Con activación, en consecuencia, del estrés casi permanente. Junto a la somatización del estrés, que también interpretamos en negativo.

Cuando disponen de tiempo para pensar, las personas con ansiedad reaccionan más rápidamente a los estímulos de miedo.

Finalicemos con el artículo de Boweng J. Fung et al., que citábamos al principio:

Slow escape decisions are swayed by trait anxiety. Publicado en Nature Human Behavior. Las decisiones de escape lentas (cuando hay tiempo para pensar) están influidas por los rasgos de ansiedad.

Y con su resumen en Neuroscience News: Anxious people quicker to flee danger (las personas ansiosas huyen más rápido del peligro).

En la experimentación, a los participantes se les presentaba un estímulo de miedo, simulado en un juego de ordenador. La mitad de estos participantes tenían un alto nivel de ansiedad, evaluado según el DSM (Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders).

En un primer ejercicio, la amenaza virtual, el estímulo de miedo, aparecía súbitamente. No había tiempo para tomar una decisión (quick escape decision). En este caso todas las personas, tanto si tenían ansiedad como no, ‘escapaban’ rápidamente.

Sin embargo, cuando el estímulo de miedo aparecía más lejano, y tenían tiempo para evaluarlo (slow escape decision) los participantes con ansiedad escapaban antes.

Es decir, cuando disponen de tiempo para pensar, las personas con ansiedad reaccionan más rápidamente a los estímulos de miedo.

Todo ello, nos reafirma en que el origen de la ansiedad está en el uso disfuncional de la capacidad de pensar que tenemos los humanos. Veámoslo.

El artículo nos confirma cuáles son los centros cerebrales que participan en el circuito de la ansiedad. Los centros y corrientes involucrados en la relación ansiedad y neurociencia son, la CPFvm (corteza prefrontal ventromedial), la amígdala (centro límbico del sistema de las amenazas) y el hipocampo (centro de la memoria).

La amígdala, cómo decíamos más arriba, es la que, posteriormente a su activación, pone en marcha el sistema nervioso autónomo simpático (estrés) para luchar o escapar.

¿Cómo vemos todo esto desde NeuroQuotient? ¿Cómo creemos que funciona la relación estrés, ansiedad y neurociencia?

Nuestra hipótesis es qué, aprendemos, prevemos, planificamos, etc. para poder pensar que tenemos recursos para calmar la amígdala (ver cómo no aumentar el estrés). Para creernos preparados para poder enviar un mensaje de calma desde la CPFvm a las neuronas intercaladas de GABA de la amígdala y evitar que esta se active. Un mensaje diciendo algo cómo ‘estoy preparado para hacer frente a la incertidumbre futura’.

Esta es una habilidad de las personas racionales, muy acostumbradas a utilizar la corteza prefrontal. Una habilidad que muchas veces se nos puede volver en contra.

Se vuelve en contra cuando la preparación es excesiva y en negativo. ‘Cuando imaginamos leones donde nunca los habrá’ o cuándo con nuestro pensamiento ‘convertimos ratones en leones’. Queriendo calmar el miedo, logramos todo lo contrario. Nos generamos ansiedad.  Quedamos casi permanentemente en estado de alerta. Con el sistema del estrés sensibilizado, dispuestos para a atacar o huir.

¿Y qué sucede en las personas con ansiedad cuando aparece una señal de miedo, de verdad o simulada cómo en el experimento, y disponen de tiempo para evaluarla?

Pues que se enciende el circuito CPFvm, memoria, y amígdala. Buscamos en la memoria la estrategia que, supuestamente, tenemos preparada para esta situación, para poder enviar el mensaje de calma a la amígdala.

Sin embargo, al estar, por un lado, el sistema de amenazas y estrés sensibilizado, listo para responder.  Junto, por otro lado, que la parte límbica emocional funciona mucho más rápida que la racional. El resultado es que las personas con ansiedad escapan más rápido, sin encontrar una solución en su memoria.

 

 

Neurociencia y coaching. Neurocoaching para el liderazgo – NeuroQuotient®

Poder conectar neurociencia y coaching es importante para el desarrollo de personas, en especial para el liderazgo. Así podemos practicar el neurocoaching. Revisamos el camino que nos llevó a crear NeuroQuotient®, la herramienta que lo hace posible de un modo práctico y eficiente. Un camino con mucha ilusión, falsos mitos, alguna frustración y, desde hace ya tiempo, con resultados.  

Un poco de historia para situarnos.

Desde finales del siglo pasado los avances en la comprensión del cerebro humano y su relación con la conducta están siendo exponenciales. De ahí que, en el siglo XXI, resulte indispensable aprovechar este conocimiento para el desarrollo de las personas. Por esto, la conexión entre neurociencia y coaching y desarrollo del liderazgo cada vez es más importante. Creando NeuroQuotient® buscamos hacerla más comprensible y práctica.

Las técnicas de neuroimagen cómo la RMNf (resonancia magnética nuclear funcional), permiten observar que centros cerebrales se activan cuándo realizamos una determinada tarea. A partir de aquí se ha desarrollado la neuroeconomía y el neuromarketing, por ejemplo. En ambos casos se intenta responder a la pregunta ¿qué sucede en el cerebro cuando tomamos decisiones?

De todos modos, estos estudios no hacen más que confirmar los trabajos anteriores, de psicobiología, realizados con animales de laboratorio. Y es que las estructuras cerebrales están muy bien conservadas de una especie a otra. Nuestro cerebro no es muy diferente al de una cobaya. Exceptuando la Corteza prefrontal (CPF), naturalmente.  Los centros límbicos motivacionales y de la memoria son similares. Las técnicas de neuroimagen han permitido observar de un modo no invasivo la conexión de estos centros con la CPF.

No confundamos el binomio neurociencia y coaching con la Programación neurolingüística (PNL)

Es importante dejar claro qué al hablar de neurociencia y coaching, de neurocoaching, no nos estamos refiriendo a la PNL (programación neurolingüistica) aplicada al desarrollo de personas.

John Grinder y Richard Bandler, los creadores de la PNL, acertaron al utilizar el vocablo ‘neuro’ para nombrar el resultado de sus trabajos. Y es que lo ‘neuro’ atrae, ayuda a vender. Sin embargo, la PNL no es neurociencia. Pero, aprovechando su rebufo, surgió una primera versión del neuromarketing y un primer neurocoaching. Más de uno se ha apuntado a PNL buscando neurociencia, ¿Verdad?

Con esto no decimos que la PNL no sea útil para conectar neurociencia y coaching. Una vez comprendidas las bases cerebrales de la conducta, las técnicas de PNL nos pueden resultar muy útiles para el desarrollo del liderazgo.

Nuestro camino de acercamiento de neurociencia y coaching.

En 2001, hace ya 19 años, iniciamos nuestro recorrido como profesionales del coaching y, simultáneamente, en la PNL. Desde entonces buscábamos la conexión entre neurociencia y coaching, pensando en aplicarlo al desarrollo del liderazgo.

En este camino hay unos puntos culminantes, que no finales, que son un máster en neurociencia (2009-2010) y la creación de NeuroQuotient (2010-2103). De todos modos, queremos señalar algunos hitos, en forma de libros, que ahora recordamos cómo importantes y que nos pueden ayudar en esta conexión entre coaching y neurociencia y liderazgo. Sobre todo, en lo que consideramos clave: la necesidad de poder entender los fundamentos cerebrales de la conducta humana; y la conexión de los centros límbicos con la corteza prefrontal.

Aunque, estos libros son solo referencias que nos han ido ayudando a confirmar que íbamos por buen camino. En realidad, la información que utilizamos para la creación de NeuroQuotient fueron artículos y reviews de neurociencia de base. Una excepción, pero, es el libro,

James J. Gross (editor). Habdbook of Emotion Regulation. The Guilford Press, 2007

que podemos definir como una genial recopilación de reviews que fue imprescindible en la generación de NeuroQuotient®.

En cuanto los libros, por orden de lectura:

Nolasc Acarín. El cerebro del rey. Una introducción apasionante a la conducta humana. RBA libros SBA, Barcelona 2001

Joe Dispenza. Desarrolla tu cerebro. La ciencia de cambiar tu mente. La esfera de los libros, 2008

David Rock. Your brain at work. Strategies for overcoming distraction, regaining focus and working smarter all day allong. Harper Collins Publishers, 2008

Amy Brann. Make Your Brain Work. How to maximaze Your Efficiency, Productivity and Effectiviness. Kogan Page Limited, 2013

Joaquín M. Fuster. The Neuroscience of Freedom and Creativity. Cambridge University Press, 2013

Y, finalmente, uno que hemos descubierto justo al escribir este post. Por su título es el más pertinente para establecer el nexo entre neurociencia y coaching.

Amy Brann. Neuroscience for Coaches. How to Use the Latest Insights for the Benefit of Your Clients. Kogan Page, 2017

Este libro no cae en nuestras manos hasta ahora, porque la conexión entre neurociencia y coaching para el desarrollo del liderazgo la venimos realizando con NeuroQuotient® desde 2013. Pero, seguro, que aprenderemos de él.

Un poco de dopamina y mucha serotonina.

Cuando hablamos de neurociencia y coaching, es muy probable que lo primero que nos venga a la mente sean los neurotransmisores. Las moléculas que facilitan la conexión entre neuronas en las sinapsis neuronales.

Si hiciéramos una encuesta podemos estar seguros qué los neurotransmisores más citados serían la serotonina y la dopamina. Luego, tal vez, la oxitocina y la adrenalina, aunque estas dos sean más neurohormonas que neurotransmisores.

¿Y esto, por qué?  Pues, porque tanto con la dopamina, cómo la serotonina la simple palabra nos transmite un significado. No hace falta que estudiemos mucho. Sus nombres nos sugieren su funcionalidad. Una suposición errónea, pero parece que lo entendamos. Quizás sean más importantes otros neurotransmisores como el glutamato o el GABA o la acetilcolina, pero así, de entrada, no nos dicen nada directamente.

Dopamina suena a ‘dopping’ y a placer. Serotonina a tranquilidad. Ahí tenemos pues otro caso de éxito de marketing, cómo la PNL. Sobre todo, con la serotonina.

Todo es mucho más complicado. ¡El cerebro tiene entre 50 y 100 mil millones de neuronas!

Y para el coaching y la neurociencia, el camino directo y fácil (nuestra mente busca la simplicidad) es pensar que puede bastar aumentando la dopamina y la serotonina. La conexión entre coaching y neurociencia se convertiría, así, en algo casi farmacológico: ¡te tomas algo y ya está!

Pero es mucho más complicado. El cerebro tiene entre 50 y 100 mil millones de neuronas. De dopamina hay muchos tipos de receptores , por ejemplo.  

Por otra parte, la dopamina pone en marcha el sistema de recompensa, pero no genera placer. Forma parte del proceso de motivación de las conductas que pueden generar placer.

Por ejemplo, cuando un perro percibe un hueso, su memoria de especie le indica que está ante una señal de recompensa. La dopamina está en la motivación de la acción para comer el hueso, no en el placer (de esto se encargan las endorfinas). Si el hueso está envenenado el resultado no será precisamente placentero.

No olvidemos, además, que la dopamina también forma parte de la vía mesocortical del sistema de recompensa. Esta vía favorece el foco de atención hacia el ‘objeto del deseo’ que ha despertado el sistema de recompensa.

No siempre mucha serotonina es buena.

Por otra parte, la palabra serotonina nos transmite serenidad. Además, nos prescriben potenciadores de serotonina (inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina, ISRS) para tratar la depresión. Fluoxetina (Prozac), por ejemplo.

Sin embargo, no nos cuentan la paradoja de la serotonina. No nos explican que las personas genéticamente más proclives a depresión tienen recaptadores de serotonina menos efectivos. Es decir, disponen de más serotonina libre. Esto, después de darle muchas vueltas, lo entendimos en el artículo 6 del libro James J. Gross (editor). Habdbook of Emotion Regulation. The Guilford Press, 2007. (En “Genetics of Emotion Regulation” pág.110 y “the 5-HTTLPR-SSRI Paradox pág. 124 (Ahmad R. Hariri, Erika E. Forbes)”

¡Así pues, todo es bastante más complicado! ¡No basta con identificar el papel de algunos neuro transmisores clave! No es fácil conectar neurociencia y coaching para el desarrollo de liderazgo. Por esto, para simplificarlo, con NeuroQuotient® identificamos que es lo más relevante dentro de esta complejidad.

Facilitar la toma de consciencia. Una competencia de coaching muy importante. ¿Cómo potenciarla con coaching y neurociencia?

Crear Consciencia (Creating Awareness) es la competencia de coaching número 8 según la ICF. La definen así: ‘Integrar y evaluar con precisión, múltiples fuentes de información, y hacer interpretaciones que ayuden al cliente a adquirir conciencia y, de ese modo, lograr los resultados acordados’.

Y nos preguntamos ¿Cómo podríamos utilizar la conexión entre neurociencia y coaching para facilitar la toma de consciencia?

En coaching, sobre todo cuando se trata de desarrollo del liderazgo, se utilizan herramientas para facilitar la toma de consciencia. Algunas tratan sobre la personalidad y bastantes de ellas las hemos ido viendo en este blog. DISC, MBTI, Insights Discovery, Eneagrama, etc. Sólo en DISC , William Moulton Marston, su creador, pensaba en una lejana conexión con la neurociencia. Y ninguna de ellas pensaba en coaching.

Así, que nos propusimos, a principios del 2009, crear una herramienta para conectar coaching y neurociencia.

Para ello era imprescindible tener claros los fundamentos de neurociencia. Luego, identificar lo que es clave, para poder definir una estructura sencilla (un modelo) que sustentara la relación entre cerebro y conducta.

El primer punto lo abordamos con un Máster en Psicobiología y Neurociencia Cognitiva. El segundo, estudiando neurociencia de base, intentando encontrar los sistemas cerebrales fundamentales que simplificaran la complejidad.

A finales del 2011 muchas ideas de lo que habíamos estudiado desde años anteriores, no sólo de neurociencia, cristalizaron en una primera estructura para el modelo. (Los elementos clave para esta ‘fusión’ de ideas los trataremos en otro post).

¿Qué nos aporta NeuroQuotient® en la conexión neurociencia y coaching?

A mitad del 2014 estaba funcionado la aplicación web.  Con ella, quienes nos dedicamos al desarrollo de personas, especialmente del liderazgo, podemos conectar neurociencia y coaching. Después de Certificarnos en NeuroQuotient®, podemos enviar cuestionarios a los clientes y, luego, interpretar los resultados, y preparar los informes, que se derivan de sus repuestas.

La aportaciones principales de NeuroQuotient podemos verlas en esta misma web.) o participando en uno de los talleres introducción gratuitos. O, mejor, contáctanos y te facilitaremos la información que requieras (+info).

De todos modos, la aportación fundamental es que nos ayuda a conectar neurociencia y coaching. NeuroQuotient es una herramienta basada en neurociencia y con planteamiento de coaching.

Facilita una rápida toma consciencia de los procesos cerebrales que ayudan a cada uno a la satisfacción y al liderazgo.

El cliente contesta acerca de su estado actual y deseado. Comparando ambos, percibe fácilmente que es lo prioritario donde enfocar su acción para un desarrollo más eficiente.

NeuroQuotient®, la neuro-herramienta del coach para impulsar mejor, más rápido y más fácil la satisfacción de las personas.

Neurociencia y coaching. Neurocoaching para el liderazgo - NeuroQuotien
Fig 1. Gráficos NeuroQuotient®. Eficacias (color) y Limitaciones (gris). Las personas quieren aumentar Eficacias y disminuir Limitaciones