Estrés, ansiedad y neurociencia. Con ansiedad escapamos más rápido de un estímulo de miedo.

En este post veremos la relación entre estrés, ansiedad y neurociencia. Es decir, las bases cerebrales de la ansiedad y el estrés. Empezaremos tratando la relación entre ansiedad y estrés. Hasta ahora en este blog sólo nos habíamos hablado de estrés. Para todo ello, nos referiremos a un artículo resumido en Neuroscience News, que nos explica que con ansiedad exageramos la repuesta ante las señales de miedo.

En este post nos vamos a enfocar en los fundamentos de la ansiedad en neurociencia. Al mismo tiempo trataremos de la ansiedad y el estrés. De las similitudes y diferencias, y de la relación que existe entre ansiedad y estrés.

En artículos anteriores, desde NeuroQuotient®, hemos escrito ya sobre estrés y neurociencia. Principalmente, sobre el estrés autoinducido (¿disminuir o no aumentar el estrés?).  También hemos visto cómo gestionar el estrés. Concretamente, cómo evitar aumentarlo (aprender a no aumentar el estrés desde la neurociencia).

Teníamos pendiente, pero, tratar sobre la relación entre estrés, ansiedad y neurociencia. La decisión de ponernos a ello ha llegado con la lectura de un resumen de Neuroscience News: Anxious people quicker to flee danger (las personas ansiosas huyen más rápido del peligro).

El resumen es sobre el artículo de Boweng J. Fung et al, Slow escape decisions are swayed by trait anxiety. Publicado en Nature Human Behavior. Las decisiones de escape lentas (cuando hay tiempo para pensar) están influidas por los rasgos de ansiedad.

Este artículo nos sirve para confirmar nuestras ideas respecto a ansiedad y neurociencia. Por un lado, sobre cuáles son los centros cerebrales involucrados en la ansiedad. Por otro, el punto de vista de NeuroQuotient® de que algunos procesos cognitivos, qué se nos dan muy bien, nos pueden limitar. Por ejemplo, queriendo frenar la ansiedad, conseguimos todo lo contrario. En la parte final del post lo comentaremos a fondo.

En este blog hablamos más de estrés que de ansiedad

Si en post anteriores nos hemos enfocado en el estrés y no en la ansiedad y neurociencia, es debido a que la herramienta NeuroQuotient® y, en consecuencia, este blog está más centrados en coaching y en contextos de empresa. También son muy apropiados para psicología y coaching personal, pero menos para psiquiatría y medicina.

Nuestro propósito es facilitar herramientas a los coaches y psicólogos, para que ayuden a sus clientes a aumentar su satisfacción y autoliderazgo. En este caso, por ejemplo, gestionando mejor el estrés; uno de los problemas más comunes de nuestra sociedad. Cuando se trata de temas psiquiátricos, cómo los trastornos de ansiedad, preferimos dejar paso a los profesionales de la psiquiatría.

Del mismo modo que los profesionales se definen en sentido contrario. Uno de referentes en psiquiatría en el tema de la ansiedad es el Dr. Antoni Bulbena. En su libro Ansiedad. Neuro conectividad: La Re-evolución, dice textualmente: ‘Estrés es una palabra muy usada en el lenguaje popular pero que los profesionales tendemos usar poco’.

En NeuroQuotient dejamos, pues, los trastornos psiquiátricos para los profesionales. Sin embargo, no hemos de olvidar qué para determinar los sistemas cerebrales claves en la conducta humana, nos hicimos la siguiente pregunta: ¿Cuáles son los centros y corrientes cerebrales involucrados en los trastornos más frecuentes? Qué sucede en la depresión, en el TDA, etc. También en los trastornos de ansiedad. Por esto podemos entender con facilidad la relación entre ansiedad y neurociencia.

Ansiedad y estrés según los profesionales

¿Qué nos dicen los expertos?

La SEAS, Sociedad Española para la Ansiedad y el Estrés,  en el apartado de preguntas y respuestas, nos hablan de la ansiedad cómo una emoción. ‘Una emoción desagradable … que surge en una situación ante la que el individuo percibe una amenaza (posibles consecuencias negativas). Para afrontar esta situación y tratar de reducir las consecuencias negativas el individuo debe ponerse en alerta’.  

Se manifiesta en diferentes niveles …

A nivel cognitivo-subjetivo, … se caracteriza por sentimientos de malestar, preocupación, hipervigilancia, tensión, temor, inseguridad, sensación de pérdida de control, percepción de fuertes cambios fisiológicos (cardiacos, respiratorios, etc.)  

nivel fisiológico, … se caracteriza por la activación de diferentes sistemas, principalmente el Sistema Nervioso Autónomo y el Sistema Nervioso Motor. Aunque también se activan otros, como el Sistema Nervioso Central, o el Sistema Endocrino, o el Sistema Inmune… 

nivel motor u observable, … se manifiesta como inquietud motora, hiperactividad, movimientos repetitivos, dificultades para la comunicación (tartamudez), evitación de situaciones temidas, consumo de sustancias (comida, bebida, tabaco, etc.), llanto, tensión en la expresión facial, etc.’

Siguiendo con la SEAS. Respecto al estrés nos explican…

 ‘Actualmente el estrés se interpreta como un proceso interactivo, en el cual están en juego las demandas de la situación y los recursos del individuo para afrontar la situación. Las demandas de la situación dependen de la valoración subjetiva que el individuo realiza sobre cómo dicha situación afectará a sus intereses. Por lo tanto, una misma situación puede ser mucho más estresante para un individuo que para otro.

A su vez, los recursos de afrontamiento son valorados también por el propio individuo, que puede juzgarlos inadecuados, aunque realmente no lo sean. Este sesgo en la valoración de los recursos propios originará también una mayor reacción de estrés, una mayor sobrecarga, y un peor aprovechamiento de los recursos propios’

Qué relación ven entre ansiedad y estrés en la SAES

 ‘¿Ansiedad y estrés, se pueden usar como sinónimos?

 ‘En muchas ocasiones los términos ansiedad y estrés se usan como sinónimos, sin embargo, existen campos de trabajo en investigación y en la práctica profesional diferentes, aunque ciertamente con algunos solapamientos.

El estrés es un proceso en el cual el individuo se enfrenta a las demandas de una situación importante para él. Este proceso puede desencadenar una reacción de ansiedad, que es una emoción desagradable que surge ante una posible amenaza.

Ahora bien, el estrés también puede desencadenar otras reacciones emocionales distintas de la ansiedad, por ejemplo: alegría, satisfacción, enfado, tristeza, etc.’

¿Y cómo vemos en NeuroQuotient® esta relación entre ansiedad y estrés?

En nuestra interpretación relacionamos estrés, ansiedad y neurociencia. Veamos:

Ante una amenaza o un peligro real (o imaginado), se activa la amígdala cerebral que forma parte del sistema de amenazas o del miedo. A continuación, se pone en marcha el sistema del estrés para poder luchar (hacer frente a la amenaza) o huir.

El estrés está relacionado con el sistema nervioso autónomo (SNA). En el estrés se activa la rama simpática del SNA (adrenalina) para desencadenar energía y luchar o huir. El corazón late más rápido, se dilatan los bronquios, se tensan los músculos, etc. Pero, también se frena la rama parasimpática del SNA. Esta rama parasimpática ayuda a la recuperación de energía. Facilita, por ejemplo, la secreción de saliva, y la digestión; el descanso, cerrando las pupilas y los bronquios. Por esto, cuándo estamos estresados, con la rama parasimpática del SNA menos activa, aparecen sequedad de boca, problemas digestivos, dificultad para dormir, etc.

Pero, cómo avanzábamos, en los humanos la amenazas, los estímulos de miedo, nos los podemos imaginar (‘imaginamos leones dónde no los hay’) o exagerarlas (‘convertimos ratones en leones’). En este caso, interviene nuestra corteza prefrontal (CPF), el cerebro pensante, interpretando las situaciones. Cuando es alta la tendencia a poner la atención en pequeños peligros, reales o imaginados, e interpretarlos negativamente y con exageración, podemos hablar de ansiedad. Naturalmente, si todo ello está acompañado de síntomas de estrés.

Además, normalmente, los humanos en una situación social no luchamos ni huimos físicamente. No se activan del todo nuestros sistemas motores. Por tanto, no liberamos la energía que desencadena el sistema del estrés y podemos acabar somatizándola.

También, permanentemente estresados, no sólo estamos en estado de alerta, sino que se pone en marcha la vía lenta del estrés. La del cortisol. El cortisol, entre otras funciones, consume las reservas del cuerpo para liberar más energía, y acabamos agotados.

Y podemos añadir la interpretación en negativo de las señales físicas del estrés.

Si tenemos tendencia a la ansiedad interpretamos negativamente las señales físicas del estrés somatizado. Tenemos, pues, otra fuente de amenaza imaginada. La consecuencia es, por lo tanto, más ansiedad y estrés.

Así pues, desde NeuroQuotient, vemos la característica fundamental de la ansiedad en la interpretación exagerada, y en negativo, de los posibles estímulos de miedo (a veces imaginados) y de las señales corporales de estrés.  El origen de la ansiedad está, pues, en nuestra capacidad pensante.

Con todo ello, estamos más alerta y más preparados para que se active el sistema del estrés. Y el ciclo se va reforzando en negativo.

Cuando esta tendencia y síntomas son muy altos podemos caer en un …

… Trastorno de Ansiedad generalizada

Veamos que nos dice el NHI, National Institute of Mental Heath sobre el Trastorno de Ansiedad Generalizada:

 ‘Las personas con trastorno de ansiedad generalizada se preocupan extremadamente o se sienten muy nerviosas por … muchas … cosas, incluso cuando hay poca o ninguna razón para preocuparse. No les es fácil … controlar su ansiedad y mantenerse concentradas en las actividades diarias.

¿Cuáles son las señales y los síntomas del trastorno de ansiedad generalizada?

  • Preocuparse demasiado por las cosas cotidianas
  • Tener problemas para controlar sus preocupaciones o sentimientos de nerviosismo
  • Ser conscientes de que se preocupan mucho más de lo que deberían
  • Sentirse inquietas o tener dificultad para relajarse
  • Tener problemas para concentrarse
  • Sorprenderse fácilmente
  • Tener problemas para dormir o para permanecer dormidas
  • Sentirse cansadas todo el tiempo
  • Tener dolores de cabeza, musculares o del estómago o molestias inexplicables
  • Tener dificultad para tragar
  • Tener temblores o tics (movimientos nerviosos)
  • Sentirse irritables o nerviosas
  • Sudar mucho, sentirse mareadas o que les falta el aire
  • Necesitar ir al baño a menudo

 En resumen, lo que comentábamos, una alta tendencia a imaginar, interpretar y anticipar en negativo (preocuparse). Con activación, en consecuencia, del estrés casi permanente. Junto a la somatización del estrés, que también interpretamos en negativo.

Cuando disponen de tiempo para pensar, las personas con ansiedad reaccionan más rápidamente a los estímulos de miedo.

Finalicemos con el artículo de Boweng J. Fung et al., que citábamos al principio:

Slow escape decisions are swayed by trait anxiety. Publicado en Nature Human Behavior. Las decisiones de escape lentas (cuando hay tiempo para pensar) están influidas por los rasgos de ansiedad.

Y con su resumen en Neuroscience News: Anxious people quicker to flee danger (las personas ansiosas huyen más rápido del peligro).

En la experimentación, a los participantes se les presentaba un estímulo de miedo, simulado en un juego de ordenador. La mitad de estos participantes tenían un alto nivel de ansiedad, evaluado según el DSM (Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders).

En un primer ejercicio, la amenaza virtual, el estímulo de miedo, aparecía súbitamente. No había tiempo para tomar una decisión (quick escape decision). En este caso todas las personas, tanto si tenían ansiedad como no, ‘escapaban’ rápidamente.

Sin embargo, cuando el estímulo de miedo aparecía más lejano, y tenían tiempo para evaluarlo (slow escape decision) los participantes con ansiedad escapaban antes.

Es decir, cuando disponen de tiempo para pensar, las personas con ansiedad reaccionan más rápidamente a los estímulos de miedo.

Todo ello, nos reafirma en que el origen de la ansiedad está en el uso disfuncional de la capacidad de pensar que tenemos los humanos. Veámoslo.

El artículo nos confirma cuáles son los centros cerebrales que participan en el circuito de la ansiedad. Los centros y corrientes involucrados en la relación ansiedad y neurociencia son, la CPFvm (corteza prefrontal ventromedial), la amígdala (centro límbico del sistema de las amenazas) y el hipocampo (centro de la memoria).

La amígdala, cómo decíamos más arriba, es la que, posteriormente a su activación, pone en marcha el sistema nervioso autónomo simpático (estrés) para luchar o escapar.

¿Cómo vemos todo esto desde NeuroQuotient? ¿Cómo creemos que funciona la relación estrés, ansiedad y neurociencia?

Nuestra hipótesis es qué, aprendemos, prevemos, planificamos, etc. para poder pensar que tenemos recursos para calmar la amígdala (ver cómo no aumentar el estrés). Para creernos preparados para poder enviar un mensaje de calma desde la CPFvm a las neuronas intercaladas de GABA de la amígdala y evitar que esta se active. Un mensaje diciendo algo cómo ‘estoy preparado para hacer frente a la incertidumbre futura’.

Esta es una habilidad de las personas racionales, muy acostumbradas a utilizar la corteza prefrontal. Una habilidad que muchas veces se nos puede volver en contra.

Se vuelve en contra cuando la preparación es excesiva y en negativo. ‘Cuando imaginamos leones donde nunca los habrá’ o cuándo con nuestro pensamiento ‘convertimos ratones en leones’. Queriendo calmar el miedo, logramos todo lo contrario. Nos generamos ansiedad.  Quedamos casi permanentemente en estado de alerta. Con el sistema del estrés sensibilizado, dispuestos para a atacar o huir.

¿Y qué sucede en las personas con ansiedad cuando aparece una señal de miedo, de verdad o simulada cómo en el experimento, y disponen de tiempo para evaluarla?

Pues que se enciende el circuito CPFvm, memoria, y amígdala. Buscamos en la memoria la estrategia que, supuestamente, tenemos preparada para esta situación, para poder enviar el mensaje de calma a la amígdala.

Sin embargo, al estar, por un lado, el sistema de amenazas y estrés sensibilizado, listo para responder.  Junto, por otro lado, que la parte límbica emocional funciona mucho más rápida que la racional. El resultado es que las personas con ansiedad escapan más rápido, sin encontrar una solución en su memoria.