Estrés, ansiedad y neurociencia. Con ansiedad escapamos más rápido de un estímulo de miedo.

En este post veremos la relación entre estrés, ansiedad y neurociencia. Es decir, las bases cerebrales de la ansiedad y el estrés. Empezaremos tratando la relación entre ansiedad y estrés. Hasta ahora en este blog sólo nos habíamos hablado de estrés. Para todo ello, nos referiremos a un artículo resumido en Neuroscience News, que nos explica que con ansiedad exageramos la repuesta ante las señales de miedo.

En este post nos vamos a enfocar en los fundamentos de la ansiedad en neurociencia. Al mismo tiempo trataremos de la ansiedad y el estrés. De las similitudes y diferencias, y de la relación que existe entre ansiedad y estrés.

En artículos anteriores, desde NeuroQuotient®, hemos escrito ya sobre estrés y neurociencia. Principalmente, sobre el estrés autoinducido (¿disminuir o no aumentar el estrés?).  También hemos visto cómo gestionar el estrés. Concretamente, cómo evitar aumentarlo (aprender a no aumentar el estrés desde la neurociencia).

Teníamos pendiente, pero, tratar sobre la relación entre estrés, ansiedad y neurociencia. La decisión de ponernos a ello ha llegado con la lectura de un resumen de Neuroscience News: Anxious people quicker to flee danger (las personas ansiosas huyen más rápido del peligro).

El resumen es sobre el artículo de Boweng J. Fung et al, Slow escape decisions are swayed by trait anxiety. Publicado en Nature Human Behavior. Las decisiones de escape lentas (cuando hay tiempo para pensar) están influidas por los rasgos de ansiedad.

Este artículo nos sirve para confirmar nuestras ideas respecto a ansiedad y neurociencia. Por un lado, sobre cuáles son los centros cerebrales involucrados en la ansiedad. Por otro, el punto de vista de NeuroQuotient® de que algunos procesos cognitivos, qué se nos dan muy bien, nos pueden limitar. Por ejemplo, queriendo frenar la ansiedad, conseguimos todo lo contrario. En la parte final del post lo comentaremos a fondo.

En este blog hablamos más de estrés que de ansiedad

Si en post anteriores nos hemos enfocado en el estrés y no en la ansiedad y neurociencia, es debido a que la herramienta NeuroQuotient® y, en consecuencia, este blog está más centrados en coaching y en contextos de empresa. También son muy apropiados para psicología y coaching personal, pero menos para psiquiatría y medicina.

Nuestro propósito es facilitar herramientas a los coaches y psicólogos, para que ayuden a sus clientes a aumentar su satisfacción y autoliderazgo. En este caso, por ejemplo, gestionando mejor el estrés; uno de los problemas más comunes de nuestra sociedad. Cuando se trata de temas psiquiátricos, cómo los trastornos de ansiedad, preferimos dejar paso a los profesionales de la psiquiatría.

Del mismo modo que los profesionales se definen en sentido contrario. Uno de referentes en psiquiatría en el tema de la ansiedad es el Dr. Antoni Bulbena. En su libro Ansiedad. Neuro conectividad: La Re-evolución, dice textualmente: ‘Estrés es una palabra muy usada en el lenguaje popular pero que los profesionales tendemos usar poco’.

En NeuroQuotient dejamos, pues, los trastornos psiquiátricos para los profesionales. Sin embargo, no hemos de olvidar qué para determinar los sistemas cerebrales claves en la conducta humana, nos hicimos la siguiente pregunta: ¿Cuáles son los centros y corrientes cerebrales involucrados en los trastornos más frecuentes? Qué sucede en la depresión, en el TDA, etc. También en los trastornos de ansiedad. Por esto podemos entender con facilidad la relación entre ansiedad y neurociencia.

Ansiedad y estrés según los profesionales

¿Qué nos dicen los expertos?

La SEAS, Sociedad Española para la Ansiedad y el Estrés,  en el apartado de preguntas y respuestas, nos hablan de la ansiedad cómo una emoción. ‘Una emoción desagradable … que surge en una situación ante la que el individuo percibe una amenaza (posibles consecuencias negativas). Para afrontar esta situación y tratar de reducir las consecuencias negativas el individuo debe ponerse en alerta’.  

Se manifiesta en diferentes niveles …

A nivel cognitivo-subjetivo, … se caracteriza por sentimientos de malestar, preocupación, hipervigilancia, tensión, temor, inseguridad, sensación de pérdida de control, percepción de fuertes cambios fisiológicos (cardíacos, respiratorios, etc.)  

nivel fisiológico, … se caracteriza por la activación de diferentes sistemas, principalmente el Sistema Nervioso Autónomo y el Sistema Nervioso Motor. Aunque también se activan otros, como el Sistema Nervioso Central, o el Sistema Endocrino, o el Sistema Inmune… 

nivel motor u observable, … se manifiesta como inquietud motora, hiperactividad, movimientos repetitivos, dificultades para la comunicación (tartamudez), evitación de situaciones temidas, consumo de sustancias (comida, bebida, tabaco, etc.), llanto, tensión en la expresión facial, etc.’

Siguiendo con la SEAS. Respecto al estrés nos explican…

 ‘Actualmente el estrés se interpreta como un proceso interactivo, en el cual están en juego las demandas de la situación y los recursos del individuo para afrontar la situación. Las demandas de la situación dependen de la valoración subjetiva que el individuo realiza sobre cómo dicha situación afectará a sus intereses. Por lo tanto, una misma situación puede ser mucho más estresante para un individuo que para otro.

A su vez, los recursos de afrontamiento son valorados también por el propio individuo, que puede juzgarlos inadecuados, aunque realmente no lo sean. Este sesgo en la valoración de los recursos propios originará también una mayor reacción de estrés, una mayor sobrecarga, y un peor aprovechamiento de los recursos propios’

Qué relación ven entre ansiedad y estrés en la SAES

 ‘¿Ansiedad y estrés, se pueden usar como sinónimos?

 ‘En muchas ocasiones los términos ansiedad y estrés se usan como sinónimos, sin embargo, existen campos de trabajo en investigación y en la práctica profesional diferentes, aunque ciertamente con algunos solapamientos.

El estrés es un proceso en el cual el individuo se enfrenta a las demandas de una situación importante para él. Este proceso puede desencadenar una reacción de ansiedad, que es una emoción desagradable que surge ante una posible amenaza.

Ahora bien, el estrés también puede desencadenar otras reacciones emocionales distintas de la ansiedad, por ejemplo: alegría, satisfacción, enfado, tristeza, etc.’

¿Y cómo vemos en NeuroQuotient® esta relación entre ansiedad y estrés?

En nuestra interpretación relacionamos estrés, ansiedad y neurociencia. Veamos:

Ante una amenaza o un peligro real (o imaginado), se activa la amígdala cerebral que forma parte del sistema de amenazas o del miedo. A continuación, se pone en marcha el sistema del estrés para poder luchar (hacer frente a la amenaza) o huir.

El estrés está relacionado con el sistema nervioso autónomo (SNA). En el estrés se activa la rama simpática del SNA (adrenalina) para desencadenar energía y luchar o huir. El corazón late más rápido, se dilatan los bronquios, se tensan los músculos, etc. Pero, también se frena la rama parasimpática del SNA. Esta rama parasimpática ayuda a la recuperación de energía. Facilita, por ejemplo, la secreción de saliva, y la digestión; el descanso, cerrando las pupilas y los bronquios. Por esto, cuándo estamos estresados, con la rama parasimpática del SNA menos activa, aparecen sequedad de boca, problemas digestivos, dificultad para dormir, etc.

Pero, cómo avanzábamos, en los humanos la amenazas, los estímulos de miedo, nos los podemos imaginar (‘imaginamos leones dónde no los hay’) o exagerarlas (‘convertimos ratones en leones’). En este caso, interviene nuestra corteza prefrontal (CPF), el cerebro pensante, interpretando las situaciones. Cuando es alta la tendencia a poner la atención en pequeños peligros, reales o imaginados, e interpretarlos negativamente y con exageración, podemos hablar de ansiedad. Naturalmente, si todo ello está acompañado de síntomas de estrés.

Además, normalmente, los humanos en una situación social no luchamos ni huimos físicamente. No se activan del todo nuestros sistemas motores. Por tanto, no liberamos la energía que desencadena el sistema del estrés y podemos acabar somatizándola.

También, permanentemente estresados, no sólo estamos en estado de alerta, sino que se pone en marcha la vía lenta del estrés. La del cortisol. El cortisol, entre otras funciones, consume las reservas del cuerpo para liberar más energía, y acabamos agotados.

Y podemos añadir la interpretación en negativo de las señales físicas del estrés.

Si tenemos tendencia a la ansiedad interpretamos negativamente las señales físicas del estrés somatizado. Tenemos, pues, otra fuente de amenaza imaginada. La consecuencia es, por lo tanto, más ansiedad y estrés.

Así pues, desde NeuroQuotient, vemos la característica fundamental de la ansiedad en la interpretación exagerada, y en negativo, de los posibles estímulos de miedo (a veces imaginados) y de las señales corporales de estrés.  El origen de la ansiedad está, pues, en nuestra capacidad pensante.

Con todo ello, estamos más alerta y más preparados para que se active el sistema del estrés. Y el ciclo se va reforzando en negativo.

Cuando esta tendencia y síntomas son muy altos podemos caer en un …

… Trastorno de Ansiedad generalizada

Veamos que nos dice el NHI, National Institute of Mental Heath sobre el Trastorno de Ansiedad Generalizada:

 ‘Las personas con trastorno de ansiedad generalizada se preocupan extremadamente o se sienten muy nerviosas por … muchas … cosas, incluso cuando hay poca o ninguna razón para preocuparse. No les es fácil … controlar su ansiedad y mantenerse concentradas en las actividades diarias.

¿Cuáles son las señales y los síntomas del trastorno de ansiedad generalizada?

  • Preocuparse demasiado por las cosas cotidianas
  • Tener problemas para controlar sus preocupaciones o sentimientos de nerviosismo
  • Ser conscientes de que se preocupan mucho más de lo que deberían
  • Sentirse inquietas o tener dificultad para relajarse
  • Tener problemas para concentrarse
  • Sorprenderse fácilmente
  • Tener problemas para dormir o para permanecer dormidas
  • Sentirse cansadas todo el tiempo
  • Tener dolores de cabeza, musculares o del estómago o molestias inexplicables
  • Tener dificultad para tragar
  • Tener temblores o tics (movimientos nerviosos)
  • Sentirse irritables o nerviosas
  • Sudar mucho, sentirse mareadas o que les falta el aire
  • Necesitar ir al baño a menudo

 En resumen, lo que comentábamos, una alta tendencia a imaginar, interpretar y anticipar en negativo (preocuparse). Con activación, en consecuencia, del estrés casi permanente. Junto a la somatización del estrés, que también interpretamos en negativo.

Cuando disponen de tiempo para pensar, las personas con ansiedad reaccionan más rápidamente a los estímulos de miedo.

Finalicemos con el artículo de Boweng J. Fung et al., que citábamos al principio:

Slow escape decisions are swayed by trait anxiety. Publicado en Nature Human Behavior. Las decisiones de escape lentas (cuando hay tiempo para pensar) están influidas por los rasgos de ansiedad.

Y con su resumen en Neuroscience News: Anxious people quicker to flee danger (las personas ansiosas huyen más rápido del peligro).

En la experimentación, a los participantes se les presentaba un estímulo de miedo, simulado en un juego de ordenador. La mitad de estos participantes tenían un alto nivel de ansiedad, evaluado según el DSM (Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders).

En un primer ejercicio, la amenaza virtual, el estímulo de miedo, aparecía súbitamente. No había tiempo para tomar una decisión (quick escape decision). En este caso todas las personas, tanto si tenían ansiedad como no, ‘escapaban’ rápidamente.

Sin embargo, cuando el estímulo de miedo aparecía más lejano, y tenían tiempo para evaluarlo (slow escape decision) los participantes con ansiedad escapaban antes.

Es decir, cuando disponen de tiempo para pensar, las personas con ansiedad reaccionan más rápidamente a los estímulos de miedo.

Todo ello, nos reafirma en que el origen de la ansiedad está en el uso disfuncional de la capacidad de pensar que tenemos los humanos. Veámoslo.

El artículo nos confirma cuáles son los centros cerebrales que participan en el circuito de la ansiedad. Los centros y corrientes involucrados en la relación ansiedad y neurociencia son, la CPFvm (corteza prefrontal ventromedial), la amígdala (centro límbico del sistema de las amenazas) y el hipocampo (centro de la memoria).

La amígdala, cómo decíamos más arriba, es la que, posteriormente a su activación, pone en marcha el sistema nervioso autónomo simpático (estrés) para luchar o escapar.

¿Cómo vemos todo esto desde NeuroQuotient? ¿Cómo creemos que funciona la relación estrés, ansiedad y neurociencia?

Nuestra hipótesis es qué, aprendemos, prevemos, planificamos, etc. para poder pensar que tenemos recursos para calmar la amígdala (ver cómo no aumentar el estrés). Para creernos preparados para poder enviar un mensaje de calma desde la CPFvm a las neuronas intercaladas de GABA de la amígdala y evitar que esta se active. Un mensaje diciendo algo cómo ‘estoy preparado para hacer frente a la incertidumbre futura’.

Esta es una habilidad de las personas racionales, muy acostumbradas a utilizar la corteza prefrontal. Una habilidad que muchas veces se nos puede volver en contra.

Se vuelve en contra cuando la preparación es excesiva y en negativo. ‘Cuando imaginamos leones donde nunca los habrá’ o cuándo con nuestro pensamiento ‘convertimos ratones en leones’. Queriendo calmar el miedo, logramos todo lo contrario. Nos generamos ansiedad.  Quedamos casi permanentemente en estado de alerta. Con el sistema del estrés sensibilizado, dispuestos para a atacar o huir.

¿Y qué sucede en las personas con ansiedad cuando aparece una señal de miedo, de verdad o simulada cómo en el experimento, y disponen de tiempo para evaluarla?

Pues que se enciende el circuito CPFvm, memoria, y amígdala. Buscamos en la memoria la estrategia que, supuestamente, tenemos preparada para esta situación, para poder enviar el mensaje de calma a la amígdala.

Sin embargo, al estar, por un lado, el sistema de amenazas y estrés sensibilizado, listo para responder.  Junto, por otro lado, que la parte límbica emocional funciona mucho más rápida que la racional. El resultado es que las personas con ansiedad escapan más rápido, sin encontrar una solución en su memoria.

 

 

¿Bajar el estrés o no aumentar el estrés?

En este artículo nos preguntamos qué opción es mejor: reducir el estrés o no aumentarlo. El estrés, o mejor el distrés (cuando es muy alto y persistente) es un mal del nuestro tiempo. Entendiendo sus bases neurológicas veremos cómo muchas veces lo aumentamos exageradamente con nuestra percepción e interpretación de las situaciones. Entendiendo la neurociencia de la conducta podemos tomar consciencia de que veces nos autolimitamos. NeuroQuotient® nos ayuda a ello.

Con frecuencia queremos disminuir nuestro estrés.

Hace unos días, en la preparación de la sesión de coaching, vimos que una persona nos pedía tratar sobre más ejercicios y técnicas que le ayudaran a reducir el estrés.

Decía algo así: ‘Estoy haciendo deporte y meditación, pero no consigo reducir el estrés a un nivel aceptable. Al contrario, creo que va aumentando’

Está claro que hablamos del distrés, del estrés excesivo, ya casi crónico. El que se manifiesta en una serie de sensaciones corporales desagradables y en dificultad para concentrarnos y descansar.  O nos cuesta dormir o caemos por agotamiento y al cabo de dos o tres horas estamos con los ojos abiertos como platos.

 A menudo la principal fuente de estrés es uno mismo

¿Cómo lo hacemos para aumentar el propio estrés?

A la persona que quería disminuir su estrés, le preguntamos: ¿Cómo lo haces para aumentar el estrés?

Podemos medir la sensación de estrés en una escala del 1 a 10. Consideramos de 1 a 5 adecuado, de 5 a 7 preocupante y de 8 a 10 grave. El 0 no vale, no es un nivel razonable, el día que lo logremos ya no estaremos para nada.

Alguien en una constante sensación de estrés de 8 ó 9, haciendo regularmente ejercicios de afrontamiento, parece claro que tiene que tener una fuente interna.

Es lógico qué en un incendio, en un terremoto, en un ataque terrorista, ante una pérdida, etc. nos sintamos estresados. Pero nuestra persona, ni el presente, ni en el pasado, tenía ninguna situación de este tipo ni nada parecido.

No estaban presentes, lo que se acostumbran a llamar, estresores externos relevantes. Simplemente sucedía, como pasa en muchos casos, que la principal fuente de estrés era interna. Puede que hubiera un disparador externo, pero era más importante la propia percepción.

¿Cuáles son las bases neurológicas del estrés?

El sistema cerebral de las amenazas o del miedo

Para comprenderlo mejor, vamos a ver qué sucede en el cerebro, y en el cuerpo, con el estrés.

El estrés nace en el sistema del miedo o de las amenazas. En los animales preferimos hablar de amenazas y en los humanos de miedo. El miedo es una emoción, el resultado de la interpretación de las situaciones y las sensaciones correspondientes.

Empecemos por los animales y, lo mismo, valdrá para el animal humano.

¿Cuál es el propósito del sistema de las amenazas?

Simplemente, favorecer la supervivencia en base a minimizar el daño y el dolor.

Cuando el animal percibe con sus sentidos una señal que, su memoria de especie, le indica que es una amenaza, puede responder de diferentes maneras:  Atacar (fight), si puede hacerle frente, o huir (flight), si la amenaza percibida le supera.

Dejamos de lado, aquí, una tercera opción: el quedarse quieto, bloqueo (freeze), que ya hemos visto alguna vez anterior más asociada con la depresión en los humanos.

En el centro del sistema de las amenazas están las amígdalas cerebrales. La señal sensorial llega a su zona basolateral y, desde esta, a su zona central que conecta con el sistema nervioso autónomo, activando la rama simpática y frenando la rama parasimpática.

¡El animal está listo para atacar o huir! Tanto vale para una cosa como para la otra. Depende de lo que indique la memoria, las amígdalas son las mismas y lo que viene a continuación, también.

Las vías rápida y lenta del estrés. El sistema nervioso autónomo y el cortisol

La rama simpática, del sistema nervioso autónomo, segrega adrenalina (en la médula de las glándulas adrenales) que pasa a la sangre, aumenta el ritmo cardíaco, aumenta la presión arterial, dilata las pupilas, abre los bronquios, etc. Esta es la vía rápida, inmediata, del estrés. La que facilita el ataque o la huida.

Al cabo de unos 10 minutos empieza a funcionar la vía lenta del estrés. La de los glucorticoides (cortisol en los humanos). El cortisol es segregado en la corteza de las glándulas adrenales. Principalmente sirve para generar energía a partir de las reservas del cuerpo (grasas y proteínas).

La vía lenta, viene a sustituir la falta de actividad de la rama parasimpática, cuya función es favorecer la recuperación de energía con el descanso y la digestión: bajar el ritmo cardíaco, contraer los bronquios, cerrar las pupilas, favorecer la salivación, etc.

Acostumbramos a hablar de la activación simpática y olvidamos la desactivación parasimpática. Pero, síntomas como sequedad en la boca, dificultad para respirar, problemas digestivos, ojos abiertos por la noche, etc., son muy frecuentes, ¿Verdad? Nos llevan a pensar a los humanos en la necesidad de que reduzcamos el estrés.

Por otra parte, la vía lenta tiene pocas oportunidades de actividad en los animales. A los 10 minutos la gacela o ha huido del león, o muy mal para la gacela. Si sólo estuviera herida y escondida, entonces entrarían en acción los glucocorticoides para facilitar su recuperación.

Es importante apuntar que entre la amígdala basolateral y la central hay unas neuronas intercaladas del neurotransmisor GABA que pueden frenar la activación de la amígdala central. En el próximo artículo al tratar de métodos del afrontamiento del estrés hablaremos de ello: ‘Gestión del estrés. Aprende a no aumentar el estrés desde la neurociencia’

¿Y en la parte más humana? ¿Cómo influimos en el sistema del miedo?

Lo visto hasta ahora vale para los humanos. Ya lo hemos ido introduciendo al hablar del sistema nervioso autónomo parasimpático.

La diferencia está en la mayor prevalencia de la corteza prefrontal (CPF). Con la que pensamos y dirigimos la atención. La que nos diferencia del resto de mamíferos.

Gracias a ella los humanos no distinguimos entre lo que percibimos, lo que imaginamos o recordamos. Es decir, las señales que llegan a la amígdala muchas veces tienen procedencia interna o, como mínimo, son interpretadas por la CPF.

Con preocupación, auto exigencia y perfeccionismo (cuando todos los detalles son muy importantes), con la interpretación de las situaciones, podemos poner la atención en peligros exagerados, que sólo están en nuestra mente. Nos auto generamos miedo y ponemos en marcha la ‘huida’. Por otra parte, queriendo lograr resultados muy altos y a corto plazo, vemos obstáculos en el camino y nos ponemos en posición de ‘lucha’ hacía los demás.

Está claro, pues, qué con la atención y el pensamiento podemos activar la amígdala central y el sistema nervioso simpático y frenar el parasimpático.

Además, cuando nos ponemos en ‘huida’ no salimos corriendo. ¿Para qué correr?, no hay ningún león.

Y aparece el estrés.  Taquicardias y pupilas dilatadas, en estado continuo de alerta (sistema simpático muy activo) y sensaciones de ahogo, sequedad en la boca, dificultad para dormir, problemas digestivos (sistema parasimpático frenado).

Cuando el estrés es persistente, de larga duración, aparece la ansiedad. Con la vías rápida y lenta (cortisol) permanentemente en marcha.

Al ponernos en posición lucha, sí que liberamos energía. Por esto el deporte funciona para reducir el estrés.

Algunos humanos con gran tendencia a la ‘lucha’, no acumulan estrés porque lo sacan todo hacia fuera. Estupendo para ellos y peor para las personas cercanas.

Pero no es lo habitual. Al fin y al cabo, las vías cerebrales de lucha y huida son las mismas.

¿Cuál es nuestro caso? ¿Necesitamos reducir el estrés porque tendemos a aumentarlo nosotros mismos?

Imaginamos que estas alturas hay pocas dudas de como se genera el estrés y que, en muchos casos, la principal fuente puede ser interna. Y, que, por lo general, para una buena gestión más que pensar en reducir el estrés, es más eficiente procurar no aumentarlo.

Es importante que destaquemos que no todos los cerebros y cuerpos humanos son igual de sensibles al estrés. En consecuencia, no todo el mundo tiene la misma necesidad de gestionarlo, porque no lo sentimos con la misma intensidad. Hay personas más resilientes que se afectan menos por los estresores externos.

En los que sí lo sentimos de modo intenso, muchas veces se produce un importante error: tratar de gestionarlo con el pensamiento, con la CPF.  Acostumbra a suceder que. estando tan pendientes de las sensaciones físicas, y preocupándonos, el resultado es el contrario del deseado.

Bien, vistas las bases neurológicas del estrés, en el próximo artículo buscaremos ideas para gestionarlo. Para no aumentar o para reducir el estrés.

Aunque el primer paso para el desarrollo es la toma de consciencia. Con la neuro herramienta NeuroQuotient® es fácil detectar el mayor o menor nivel de estrés, la mayor o menor resiliencia, la tendencia a la lucha o a la huida y encontrar caminos, nuevos neurocomportamientos, para gestionar el estrés. Se trata de desarrollar el liderazgo personal o autoliderazgo.

Estrategia para mejorar la autoestima y el estado de ánimo

La mejora de la autoestima y el estado de ánimo es una necesidad bastante frecuente, aunque no siempre reconocida

¿Psicólogos y coaches, os habéis encontrado alguna vez con clientes con la autoestima y el estado de ánimo mejorables?

Los psicólogos/as clínicos, estoy seguro,  contestaréis que por lo menos el 90% de los casos que tratáis presentan esta problemática.

Los coaches, diréis que en un porcentaje mucho menor.  Es lógico. Sin embargo, tener en cuenta que no podemos trabajar en desarrollo del liderazgo, y en el logro de objetivos tangibles, si la persona no tiene un nivel de auto-liderazgo suficiente.

Es verdad que el logro de resultados ayuda a aumentar la autoestima y el estado de ánimo. Pero, al mismo tiempo, los resultados son casi imposibles sin un mínimo de estos ingredientes. ¡Es importante no querer empezar la casa por el tejado! ¡Qué no nos pasen desapercibidos estos casos! ¡Es bueno disponer de una estrategia!

¿Cuándo se da esta necesidad de mejora de la autoestima y el estado de ánimo?

La autoestima y el estado de ánimo bajos son fenómenos que no necesariamente van juntos y, afortunadamente, ambos, pueden tener una duración limitada en el tiempo. Más en el caso del bajo estado de ánimo que puede ser algo pasajero. En cuanto a la poca autoestima acostumbra a ser más duradera e influir en el otro vector.

Sin embargo, vamos a enfocar su mejora del mismo modo. A medida que nos adentremos en el post verás porqué.

Plantearemos una estrategia basada en la comprensión de la neurociencia de la conducta que nos proporciona el modelo y la herramienta neuroquotient.

Antes de entrar en ello es importante recordar que es y cómo fue creada la neuro herramienta.

NeuroQuotient nos habla de las bases cerebrales de la conducta: los neurocomportamientos. Para identificar estas bases cerebrales, que sistemas del cerebro influyen de modo más relevante en la conducta, estudiamos los fundamentos de neurociencia de los sistemas que están involucrados en los trastornos psicológicos más habituales.

En la depresión confluyen la autoestima el estado de ánimo bajos

Supongo que ya estás viendo que en el trastorno donde se juntan la autoestima y el estado de ánimo bajos es la depresión. De hecho, la depresión es uno de los trastornos del estado de ánimo. Y, como, al sentirse deprimido ni apetece nada ni hay energía, es casi imposible pasar a la acción para lograr algo valioso, con lo que la autoestima va desapareciendo.

Así pues, tal como ya hemos visto en algún post anterior, una de las dimensiones limitantes de la neuro herramienta (neurocomportamientos que proporcionan resultados insatisfactorios) nos indica el nivel de la autoestima y el estado de ánimo. En cierto modo nos dice lo lejos, o cerca, que estamos de la depresión.

!Atención! Estamos hablando mucho de depresión, en la mayoría de casos sólo como referencia. Autoestima y estado de ánimo mejorables no implica necesariamente depresión. Sin embargo este trastorno nos servirá para construir y ver clara una estrategia de desarrollo.

Pensando en términos de neurociencia, para plantear una estrategia sobre como incrementar la autoestima y el estado de ánimo, es decir, para alejarnos de la depresión, podríamos proponer buscar el modo de aumentar la serotonina. Es lo más prescrito a nivel farmacológico, ¿verdad?

Sin embargo, en el post anterior veíamos la paradoja de la serotonina: ¡El perfil genético de las personas con mayor tendencia a la depresión tiene recaptadores de serotonina que dejan más serotonina libre!

El camino de mejora no pasa por incrementar la serotonina

Por otra parte, la serotonina es uno de los principales neurotransmisores inhibidores. Aumentándola tal vez lograremos que las personas se sientan tranquilas y relajadas, pero difícilmente que conseguiremos que se enfoquen a la obtención de resultados que ayuden a incrementar su autoestima.

Hay otro modo, de abordar este desarrollo.

Es una de las estrategias de desarrollo de NeuroQuotient que parten de la idea de Einstein de que ‘los problemas hay que solucionarlos a un nivel distinto del que han sido creados’.

Va más por el camino de la dopamina que el de la serotonina. Muchas veces consideradas con un rol opuesto (Bureau, Y-Lan; Dayan, Peter; Opponency Revisited: Competition and Cooperation Between Dopamine and Serotonin)

Los propios síntomas de la depresión nos enseñan un camino de mejora más eficiente

Lo comprenderemos más fácil a partir de otros síntomas y/o neurocomportamientos característicos de la depresión: la anhedonia y la rumiación.

La anhedonia es uno de los síntomas más claros de la depresión mayor. Es la incapacidad para experimentar placer y la pérdida de interés o satisfacción en casi todas las actividades. Se considera una falta de respuesta a los estímulos habitualmente placenteros.

La rumiación, es otro de los neurocomportamientos presentes en la depresión. Consiste en quedarse enganchado en bucles de pensamiento negativo, dando vueltas sobre un mono tema. Con enfoque en negativo sobre uno mismo, muchas veces con auto-culpabilización. ¡Qué mal lo he hecho! Pensado en el problema pasado y no en la solución. Un lamentable modo de minar el estado de ánimo y la autoestima. !Los cerebros con mayor tendencia a rumiar tienen más riesgo de depresión¡

Estos dos síntomas ya nos dan la pista de como enfocar la mejora de la autoestima y el estado de ánimo. Crear nuevos neurocomportamientos, nuevas conexiones cerebrales que con la práctica se vayan fortaleciendo, para:

  • Despertar el sistema de recompensa, la motivación, con el enfoque positivo. Sobre todo en el presente. Y así evitar la anhedonia.
  • Saltar de un pensamiento a otro (también con enfoque positivo). Para romper la tendencia a rumiar.

Esto es lo que hacen las personas con imaginación y creatividad y con enfoque en positivo. Las que viven la vida y nos transmiten entusiasmo, porque lo sienten

Curiosamente estos son los neuro comportamientos más específicos de una de las dimensiones de eficacia (que aportan buenos resultados) identificadas en NeuroQuotient.

El cerebro humano no es capaz de distinguir entre lo que percibe de lo que recuerda o imagina. De este modo, si somos capaces de dirigir nuestra atención (interior y/o exterior) en positivo podremos poner en marcha la dopamina del sistema de recompensa.

Por otro lado, las personas creativas e imaginativas, son capaces de saltar de un pensamiento a otro en positivo. De hecho, esta es una de las bases de la creatividad. Así, también están despertando su sistema de recompensa. Y cuando en su exploración caen en un pensamiento negativo, son capaces de pasar página muy rápidamente.

A partir de ahí puedes desarrollar tus tácticas para cada cliente

Normalmente, para mejorar la autoestima y el estado de ánimo, nos sugieren centrarnos en éxitos pasados y proyectarlos al presente y al futuro. No está mal. Al contrario, está muy bien para casos en que la autoestima y el estado de ánimo no están muy ‘tocadas’. Sin embargo, cuando la tendencia a rumiar es alta, en un momento desaparecen los efectos del enfoque hacia el éxito.

Una estrategia más efectiva pasa por juntar ambos caminos:

  • enfoque positivo en el presente, para poner en marcha el sistema de recompensa y evitar el riesgo de anhedonia,
  • y aprender a saltar de una idea a otra para romper la rumiación.

A partir de ahí puedes imaginar cualquier táctica sencilla para poner práctica con tus clientes. Por ejemplo. Crear un juego a partir de lo que les gusta más y plasmarlo en un tablero, una especie de juego de la oca (sin pozos ni castigos), y, con un dado, saltar de una situación otra.

Y, recordar, que la comprensión teórica no vale. La acción, la práctica (aunque sea en modo simulado) es el único modo de ir fortaleciendo las nuevas conexiones cerebrales. Al mismo tiempo que dejar de utilizar las antiguas es la única manera de que se debiliten.

 

 

 

 

 

Estilos, y el proceso cerebral, de toma de decisiones de compra

Vamos empezar este artículo por el final, listando y definiendo los cuatro estilos de toma de decisiones de compra de los que hablábamos en el post anterior.

La intención es que puedas contestar rápidamente la encuesta que planteamos en alguna de las redes sociales.

Pero tenemos otro propósito. Queremos explicar las diferentes etapas del proceso de toma de decisiones de compra que aparecía en la ilustración del post anterior. Lo encontrarás más adelante.

Cuatro estilos de toma de decisiones de compra. ¿Cuál o cuáles es/son, ahora, el tuyo?

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La Línea del tiempo en PNL (serie neurociencia y PNL – 1)

La Línea del tiempo en PNL podríamos decir qué es el resultado de cómo estructuramos la percepción del tiempo en el cerebro.

¿Cómo nos puede ayudar la línea del tiempo en PNL? ¿Cuál es nuestro tipo de línea del tiempo en PNL? ¿Vale la pena que la modifiquemos?

Serie neurociencia y PNL – Programación Neurolingüística

Hace algún tiempo que tenía mucho interés en que abordáramos la Línea del tiempo en PNL. Es un buen tema para iniciar una serie de artículos relacionando la PNL (la Programación Neurolingüística) con la neurociencia y los fundamentos de la conducta en el cerebro.

La PNL nos habla del software cerebral, de los programas mentales. ¿Nos resultaría interesante conectar este software con el hardware? Es decir, ligar los programas con los sustratos cerebrales; con la neurociencia. De este modo, podríamos entender mejor los fundamentos cerebrales de la conducta.

Esto es algo que puede hacer por nosotros Neuroquotient®. Para ir viéndolo empezaremos, pues, por conectar la línea del tiempo en PNL con el cerebro.

Un modelo dentro de la PNL: la línea del tiempo

Podríamos decir que la Programación Neurolingüística está constituida por una serie de técnicas y modelos para el desarrollo y mejora personal. Técnicas derivadas de modelar a expertos con especial éxito en estos campos.

Uno de estos modelos y/o técnicas es la línea del tiempo en PNL.

De un modo simple, la línea del tiempo en PNL trata de como el cerebro organiza los acontecimientos (pasados, presentes y futuros). Si el cerebro humano puede recordar, percibir e imaginar, de algún modo tiene que organizarse para distinguir una cosa de otra.

Nuestra primera incursión en la PNL en 2001 (justo antes de formarme como Practitioner) fue a través del libro ‘Introducción a la PNL’ de Joseph O’Connor y John Seymour. Hacen referencia a la línea del tiempo en PNL citando el libro ‘Time line Therapy and the Basis of Personallity’ de Tad James y Wyatt Woodsmall.

Un ejercicio para determinar el tipo de nuestra linea del tiempo en PNL

Luego, en la formación de PNL, nos pidieron que realizáramos un ejercicio para ayudarnos a averiguar nuestra línea del tiempo.

El ejercicio consiste en que recordemos e imaginemos una serie de situaciones y luego ver donde quedan situadas nuestras imágenes en el espacio.

Una guía para localizar estas situaciones en nuestra memoria e imaginación puede ser la siguiente:

                    ‘Recuérdate desayunado cuando ibas a la escuela primaria.

                    Luego, recuerda un desayuno durante las pasadas vacaciones

                    Piensa en el desayuno de esta mañana.

                    Imagínate desayunando durante las próximas vacaciones.

                    Finalmente, imagina un desayuno cuando seas muy mayor, después de jubilarte.

                    Es muy probable que para cada situación veas una imagen ¿dónde están situadas estas imágenes?

Antes de continuar, podríamos dedicar un tiempo a hacer este ejercicio. Mejor antes de seguir leyendo, para que no estemos condicionados por las explicaciones que vienen a continuación. Nos será útil para conocer en qué tipo de línea del tiempo en PNL estamos.

Haciendo el ejercicio anterior y después de leer el texto que sigue, podremos contestar la pregunta ¿A qué tipo de línea del tiempo en PNL nos acercamos más?

Los dos tipos de lineas del tiempo más frecuentes ‘a través del tiempo’ y ‘en el tiempo’

Tad James describe dos tipos más corrientes de la línea del tiempo:

‘a través del tiempo’ y ‘en el tiempo’

PNL y la linea del tiempo
Izquierda ‘a través del tiempo’: proyectando y percibiendo pasado presente y futuro al mismo tiempo. Derecha ‘en el tiempo’ el momento (pasado, presente o futuro) en primer plano impide percibir el resto.

En el primer caso (‘a través del tiempo’) las personas percibimos las imágenes formando una parábola más o menos abierta. Con el presente delante, y cerca, de la persona, el pasado a la izquierda y el futuro a la derecha. Pasado y futuro más lejanos cuanto más alejado esté el momento del presente.

En el segundo caso (‘en el tiempo’) el futuro es lo podemos percibir delante y el pasado detrás.

Desde la primera vez que realicé el ejercicio, hemos solicitado a muchas personas de nuestro entorno que lo hicieran. Nos encontramos con dos tipos de percepciones de línea del tiempo en PNL que, podríamos decir, son muy mayoritarias.

Una percepción, ‘a través del tiempo’, exactamente como lo describe Tad James. Imágenes frente a la persona, dispuestas a lo largo de una parábola.

Y otra percepción, cuando las personas sólo podemos ver una imagen al mismo tiempo y delante nuestro. Como si tuviéramos una colección de fotografías y fuésemos viéndolas una a una. La que está a la vista esconde a las demás. No es idéntico a lo que describe Tad James, pero a este tipo de percepción la llamaremos de igual modo, ‘en el tiempo’.

Influencia de la línea del tiempo en la conducta.

¿Los tipos de percepción en cuanto a la línea del tiempo en PNL, influyen en el modo que nos conducimos cada persona?

Podríamos decir, sin temor a equivocarnos, que sí.

Podremos observar que las personas con percepción ‘a través del tiempo’ tienen mayor tendencia a estructurar el pensamiento y a establecer conexiones causales (influencia del pasado, en el presente y el futuro).  Tienen tendencia a planificar y acostumbran a tener, además, una alta motivación por el estudio y aprendizaje. Parece lógico, el aprendizaje ayuda a sentirse preparados para hacer frente a la incertidumbre del futuro.

Por el contrario, las personas con percepción ‘en el tiempo’, tienen mayor enfoque al presente y más facilidad para saltar de una idea a otra, con tendencia al pensamiento lateral. Están más motivadas por las tareas creativas y por la variedad de las mismas. Además, manifiestan sus pensamientos con mayor espontaneidad.

Ahora podemos comprobar si nuestras neuro conductas coinciden con el tipo de línea del tiempo en PNL que hemos identificado con el ejercicio anterior.

Llegados aquí se nos abren muchas preguntas:

¿Cuáles son los fundamentos cerebrales de la línea del tiempo en PNL?

¿Qué tipo es mejor para nosotros? ¿Vale la pena que cambiemos?

¿Cómo podríamos mejorar, si lo consideráramos necesario?

En la siguiente parte podemos ver las posibles respuestas que nos podremos encontrar para avanzar juntos.